F.D.R.
La tercera sesión plenaria del Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO 2026), celebrado en Madrid, ha presentado cuatro ensayos clínicos de fase 3 con resultados relevantes para el tratamiento del osteosarcoma, el cáncer de endometrio y la optimización de la inmunoterapia. Los estudios han mostrado nuevas posibilidades terapéuticas en pacientes con opciones limitadas, aunque también han puesto de manifiesto las dificultades de reducir la intensidad de determinados tratamientos.
Entre los principales resultados destacan la reducción del 67% del riesgo de progresión o muerte con risvutatug rezetecan en osteosarcoma y la disminución del 32% del riesgo de muerte con sacituzumab tirumotecán en cáncer de endometrio. Por su parte, pembrolizumab en monoterapia ha mejorado la supervivencia libre de progresión frente a quimioterapia en pacientes con tumores endometriales con deficiencia de reparación de errores de apareamiento del ADN (dMMR).
En contraste, el ensayo MOIO, que analizaba la posibilidad de espaciar la administración de inhibidores de puntos de control inmunitario, se ha detenido tras detectar un desequilibrio inesperado en supervivencia global y no observar ventajas relevantes en seguridad.
Risvutatug rezetecan reduce un 67% el riesgo de progresión o muerte en pacientes con osteosarcoma recaído o refractario
La Dra. Lu Xie, del Hospital Popular de la Universidad de Pekín, ha presentado los resultados principales del ensayo Artemis-011, desarrollado en 24 centros de China. El estudio ha evaluado risvutatug rezetecan, un conjugado anticuerpo-fármaco dirigido contra B7-H3, frente a gemcitabina y docetaxel en pacientes con osteosarcoma recaído o refractario. El ensayo incluyó a 122 pacientes mayores de 12 años, cuya enfermedad había progresado después de recibir más de dos líneas de tratamiento sistémico. De ellos, 80 fueron tratados con risvutatug rezetecan y 42 con gemcitabina y docetaxel.
Los resultados muestran una mediana de supervivencia libre de progresión de 5,5 meses con risvutatug rezetecan, frente a 1,4 meses con quimioterapia. La diferencia fue estadísticamente significativa (p inferior a 0,0001) y supone una reducción del 67% del riesgo de progresión de la enfermedad o muerte.
Los datos de supervivencia global todavía son inmaduros, aunque muestran una tendencia numérica favorable al tratamiento experimental. En cuanto a la seguridad, los principales acontecimientos adversos fueron hematológicos. También se observaron náuseas y vómitos más intensos en el grupo experimental. Xie concluyó que los resultados apuntan a una opción terapéutica prometedora para pacientes con osteosarcoma recaído o refractario intensamente pretratados.
La Dra. Nathalie Gaspar, encargada de comentar el estudio, destacó su potencial para modificar el abordaje de esta enfermedad. Sin embargo, recordó que los resultados todavía son preliminares y proceden de una población muy pretratada. A su juicio, los siguientes pasos deben centrarse en evaluar el medicamento en líneas más tempranas y estudiar sus posibles combinaciones. La toxicidad hematológica será uno de los principales desafíos para integrar esta estrategia en los tratamientos actuales.
El ensayo MOIO no respalda administrar inhibidores de puntos de control inmunitario cada 12 semanas
La Dra. Gwenaëlle Gravis, oncóloga médica del Institut Paoli-Calmettes de Marsella, ha presentado el primer análisis intermedio del ensayo MOIO, un estudio académico de fase 3 y diseño de no inferioridad. El ensayo evaluó si era posible reducir la frecuencia de administración de inmunoterapia en pacientes con cáncer avanzado o metastásico que habían respondido al tratamiento. El objetivo era determinar si espaciar las administraciones hasta una vez cada 12 semanas permitía mantener la eficacia y reducir la carga terapéutica, la toxicidad y el consumo de recursos sanitarios.
El ensayo aleatorizó a 339 pacientes de 36 centros, que habían alcanzado una respuesta completa o parcial después de seis meses de tratamiento estándar con inhibidores de puntos de control inmunitario. En el primer análisis intermedio se identificó un desequilibrio inesperado en supervivencia global entre los grupos, sin diferencias relevantes en seguridad. Aunque no se alcanzó el umbral de futilidad preespecificado, los investigadores y los órganos de supervisión decidieron detener el ensayo. La Dra. Gravis concluyó que los datos disponibles no respaldan la administración de inmunoterapia cada 12 semanas en pacientes que han respondido al tratamiento. No obstante, precisó que no se había demostrado formalmente ni la inferioridad ni la no inferioridad de esta estrategia.
La Dra. Marina Garassino, comentarista del estudio, valoró la importancia de desarrollar ensayos académicos destinados a optimizar los tratamientos. También advirtió de los riesgos observados con pautas menos frecuentes, especialmente en pacientes con cáncer de pulmón y cáncer urotelial. Además, subrayó que la interrupción temprana del ensayo limita la posibilidad de alcanzar conclusiones definitivas. Sin embargo, consideró que, por el momento, no existen evidencias suficientes para reducir de forma segura la frecuencia de administración de estos tratamientos.
Sacituzumab tirumotecán reduce un 32% el riesgo de muerte en cáncer de endometrio avanzado o recurrente
La Dra. Domenica Lorusso ha presentado los resultados del ensayo TroFuse-005/ENGOT-en23/GOG-3095, que evaluó sacituzumab tirumotecán frente a quimioterapia en pacientes con cáncer de endometrio avanzado o recurrente previamente tratadas con platino e inmunoterapia.
El conjugado anticuerpo-fármaco dirigido contra TROP2 consiguió reducir un 41% el riesgo de progresión de la enfermedad o muerte y un 32% el riesgo de muerte, en comparación con la quimioterapia utilizada como tratamiento de control. Además, la tasa de respuesta prácticamente se duplicó, pasando del 17% al 35%, y la mediana de duración de la respuesta se situó alrededor de un año en las pacientes tratadas con sacituzumab tirumotecán.
Lorusso recordó que las pacientes cuya enfermedad progresa después de recibir quimioterapia basada en platino e inmunoterapia presentan un pronóstico desfavorable. Los datos históricos muestran una supervivencia global inferior a un año y tasas de respuesta a tratamientos posteriores inferiores al 15%.
En relación con la seguridad, se identificaron acontecimientos adversos hematológicos, mucositis, toxicidad ocular y reacciones de hipersensibilidad, entre otros. Tras ajustar por la exposición al tratamiento, la estomatitis y la toxicidad ocular continuaron siendo más frecuentes con sacituzumab tirumotecán.
La investigadora destacó que se trata del primer ensayo aleatorizado en cáncer de endometrio que comunica un beneficio frente al tratamiento estándar con un conjugado anticuerpo-fármaco dirigido contra TROP2. Lorusso defendió que estos resultados pueden situar a sacituzumab tirumotecán como una nueva referencia terapéutica en este contexto clínico.
Por su parte, la Dra. Joyce F. Liu destacó la importancia del estudio para validar la actividad prometedora observada con los conjugados anticuerpo-fármaco en investigaciones de fases iniciales. Liu recordó que TroFuse-005 es el primero de seis ensayos aleatorizados de fase 3 que investigan estos tratamientos en cáncer de endometrio recurrente. A su juicio, los resultados de los estudios restantes serán fundamentales para seleccionar los medicamentos según sus perfiles de eficacia y toxicidad.
Pembrolizumab en monoterapia reduce un 43% el riesgo de progresión o muerte frente a quimioterapia en cáncer de endometrio con dMMR
El Dr. Brian M. Slomovitz ha presentado los resultados del ensayo Keynote-C93/GOG-3064/ENGOT-en15. Este estudio de fase 3 evaluó pembrolizumab en monoterapia frente a carboplatino y paclitaxel como tratamiento de primera línea en pacientes con cáncer de endometrio avanzado o recurrente y dMMR.
El estudio incluyó 299 pacientes y mostró una mejoría estadísticamente significativa de la supervivencia libre de progresión con pembrolizumab, con una razón de riesgos (HR) de 0,57. Esto representa una reducción del 43% del riesgo de progresión o muerte frente a la quimioterapia. También se observó una mayor duración de la respuesta. La mediana no se había alcanzado con pembrolizumab, mientras que fue de diez meses en el grupo de quimioterapia. Asimismo, la tasa de respuesta completa fue del 33,8% con pembrolizumab, frente al 26,2% con quimioterapia.
En supervivencia global se observó una tendencia favorable a pembrolizumab (HR de 0,77), aunque la diferencia no alcanzó significación estadística. Los investigadores destacaron que aproximadamente el 85% de las pacientes del grupo de quimioterapia que presentaron progresión confirmada recibieron posteriormente inmunoterapia. Los resultados también mostraron un perfil de toxicidad favorable, sin nuevas señales de seguridad, y una mejor calidad de vida, con una diferencia de siete puntos a favor de pembrolizumab.
Slomovitz reconoció, no obstante, una limitación importante: el tratamiento de referencia actual combina quimioterapia e inmunoterapia, mientras que el ensayo utilizó quimioterapia sola como comparador. A pesar de ello, consideró que pembrolizumab en monoterapia puede constituir una alternativa para determinadas pacientes que prefieran evitar la quimioterapia.
El Dr. Christian Marth, encargado de comentar los resultados, destacó la menor toxicidad del régimen sin quimioterapia, incluida la ausencia de alopecia y polineuropatía, así como las mejoras observadas en el funcionamiento cognitivo y social. Sin embargo, recordó que la combinación de quimioterapia y pembrolizumab presenta una mayor actividad antitumoral. En este sentido, estimó que la monoterapia podría asociarse con un 10% más de progresiones a los dos años frente a la quimioinmunoterapia, una comparación que no fue evaluada directamente en Keynote-C93.
Marth también apuntó a la necesidad de identificar a las pacientes con resistencia temprana. Según explicó, aproximadamente el 20% presenta resistencia o refractariedad a pembrolizumab durante los tres primeros meses. Frente a este grupo, las pacientes que responden pueden experimentar un control prolongado de la enfermedad sin necesidad de añadir quimioterapia. Por ello, el especialista destacó la importancia de identificar qué pacientes pueden beneficiarse de la monoterapia y cuáles necesitan intensificar el tratamiento.










