Redacción
La Dra. Cristina Villar, neuropediatra y miembro del Grupo de Trabajo de Ictus Pediátrico de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (Senep) ha reclamado implantar el código ictus pediátrico (CIP) en todas las comunidades autónomas. Los datos de una encuesta realizada entre agosto de 2025 y mayo de este año a neuropediatras de hospitales públicos de referencia de las 17 comunidades autónomas mostraron que Galicia, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Canarias todavía quedan pendientes de implantarlo, mientras que «Andalucía está a punto de aprobar el código ictus», ha matizado la neuropediatra.
A su vez, ha recordado que «los niños también sufren ictus, aunque su causa difiere a la de los adultos«, puesto que «en los menores, no es por obesidad, por colesterol alto o por hipertensión, sino fruto de arteriopatías congénitas o adquiridas, de cardiopatías, o en relación con una infección».
En el caso de un ictus pediátrico, ha señalado que «el diagnóstico y el tratamiento han de realizarse antes de 24 horas, tal y como recogen las últimas recomendaciones internacionales». Por ello, la Dra. Villar ha alertado de que solo 10 comunidades autónomas han implantado el código ictus pediátrico, lo que «genera desigualdades en la atención a estos menores según el lugar en el que vivan».
Más del 60 % de los menores que sobreviven a un ictus presentan secuelas neurológicas a largo plazo
La neuropediatra ha subrayado la importancia de extender este protocolo, ya que se trata de «un protocolo determinante a la hora de afrontar un fenómeno con una incidencia estimada de 1,3 a 13 casos por cada 100.000 niños al año, que representa una de las 10 principales causas de muerte en la infancia y que asocia secuelas neurológicas en el largo plazo en más del 60% de los supervivientes».
Ha señalado que «el pronóstico funcional de estos niños depende críticamente de la instauración inmediata de tratamientos de reperfusión», una intervención que, según ha advertido, todavía no se aplica en muchas comunidades autónomas, pese a estar contemplada en los protocolos del código ictus.
A su vez, ha explicado que este protocolo «establece un sistema de alerta clínica y asistencial coordinado y de urgencia« que, ante la sospecha de un ictus por parte de un facultativo, activa los recursos de transporte, diagnóstico radiológico y tratamiento urgente para minimizar las secuelas a corto, medio y largo plazo.
Cataluña es la única comunidad con un neuropediatra localizado las 24 horas para coordinar la atención
La existencia del protocolo «es el primer paso necesario para un buen diagnóstico y tratamiento de estos casos», ha señalado. Además, ha explicado que «sin su instauración, estos pacientes verán retrasado su diagnóstico y, para cuando éste se consiga, es posible que ya no se esté en tiempo para tratar a los menores».
Por ello, ha destacado que «no es justo que esto cambie porque no vivas en una ciudad con un hospital de referencia de ictus o que en el año 2026 no se pueda realizar una resonancia magnética urgente a un niño con una alteración neurológica aguda».
A su vez, ha resaltado que la implantación del código requiere «medios suficientes para desarrollarlo eficientemente», entre ellos «profesionales suficientes y formados de guardia para su manejo, sistemas de transporte disponibles, medios técnicos eficaces para el diagnóstico (idealmente resonancia magnética cerebral) y tratamiento hiperagudo».
La fibrinólisis intravenosa está protocolizada en 15 comunidades y la trombectomía mecánica, en 14
Los neuropediatras encuestados coinciden en que las principales barreras para implantar y mantener el código ictus pediátrico son la falta de recursos técnicos y humanos, la dispersión geográfica y la necesidad de establecer protocolos claros y homogéneos en todo el territorio.
Por último, y tras señalar que en Madrid, Navarra, Cantabria y La Rioja, el paciente tiene acceso en menos de una hora a un centro con resonancia magnética y a capacidad terapéutica avanzada las 24 horas, la Dra. Villar ha destacado la falta de neurorrehabilitación financiada para estos pacientes en muchas comunidades, lo que es «otra piedra angular del tratamiento los primeros 6-12 meses tras el ictus».
La especialista de la Senep ha querido reivindicar también la figura del neuropediatra que cuenta con «la experiencia desde pediatría, que ayuda en la exploración del niño y a conocer los diagnósticos diferenciales pediátricos más importantes, como la formación en patología vascular del sistema nervioso, para la toma de decisiones junto al radiólogo y al resto de especialistas implicados».









