Redacción
La gerente del Hospital Universitario del Sureste, Paloma Casado, explica el desarrollo del Bosque Mágico del Sureste que acaban de inaugurar. Hospitales Mágicos es un proyecto de humanización pediátrica que combina creatividad, tecnología y participación escolar para reducir la ansiedad infantil y mejorar la experiencia de pacientes y familias.
El Bosque Mágico del Sureste es un proyecto de humanización pediátrica desarrollado en el Hospital Universitario del Sureste. Forma parte de la iniciativa Hospitales Mágicos, impulsada por la Fundación Uniteco junto con Suite of Art. En la inauguración Paloma Casado como se transforman los espacios pediátricos en entornos más amables y menos estresantes para los niños
¿Qué supone para la Gerencia del Hospital del Sureste dar este paso adelante en Pediatría?
Supone avanzar hacia una humanización integrada en la asistencia, que tenga en cuenta las necesidades, expectativas y emociones de los pacientes. Cuando atendemos a un niño, no podemos separar lo clínico de lo emocional. El miedo, la incertidumbre o no entender qué va a ocurrir forman parte de su experiencia.
Paloma Casado: «Cuando atendemos a un niño, no podemos separar lo clínico de lo emocional»
Con el Bosque Mágico del Sureste hemos querido transformar espacios, recorridos y determinadas pruebas en experiencias más comprensibles y amables. Porque una asistencia excelente no consiste solo en curar, sino también en cuidar y acompañar a los pacientes y sus familias en momentos de especial vulnerabilidad.
¿Cómo valora la colaboración con Fundación Uniteco?
La valoro de manera extraordinariamente positiva, sobre todo por su capacidad de escuchar y trabajar conjuntamente con el hospital. Fundación Uniteco no nos ha planteado un proyecto cerrado que pudiera implantarse igual en cualquier centro. Ha habido un trabajo compartido para adaptarlo a nuestras instalaciones, a nuestros profesionales, a nuestros niños y niñas, y al territorio al que pertenecemos.
Creo que eso es lo verdaderamente valioso de las alianzas: que cada parte aporte lo que mejor sabe hacer. El hospital aporta el conocimiento asistencial y de nuestros pacientes; la Fundación, junto con Suite of Art, aporta creatividad, tecnología y una mirada diferente. Cuando esas capacidades se suman alrededor de una necesidad real del paciente es cuando una colaboración genera verdadero valor.
La participación de colegios y escolares de la zona
Para nosotros tiene un significado especial porque el hospital no es una isla: pertenece a un territorio que le caracteriza. Atendemos a 21 municipios del área Sureste de la Comunidad de Madrid, muchos de ellos situados en un entorno rural, con paisajes y una fauna muy representativos.
Los propios niños de la zona han creado a Rita, la cigüeña; Suri, el conejo, y Neo, el mochuelo
Queríamos que esa identidad se reflejara en las paredes del hospital. Por eso, los propios niños de la zona participaron en la creación de los personajes. Los dibujos de los escolares del CEIP Antonio Machado, de Arganda del Rey, y del CEIP José Hierro, de Rivas-Vaciamadrid, inspiraron a Rita, la cigüeña; Suri, el conejo, y Neo, el mochuelo.
Cuando un niño entra y reconoce a estas mascotas, encuentra algo que también ha sido creado por otros niños de su entorno. Así conseguimos acercar el hospital a la comunidad y favorecer que las familias se relacionen con él más allá de la enfermedad.
¿Cómo puede reducir la ansiedad infantil?
El miedo de un niño muchas veces nace de no saber qué va a ocurrir. Un adulto entiende qué es una analítica, una radiografía o una cura, pero para un niño pueden ser palabras, espacios e instrumentos completamente desconocidos.
Con este proyecto cambiamos el lenguaje a través de personajes, historias, dibujos y juegos. El Bosque Mágico del Sureste cuenta con una historia propia: el hospital se levanta sobre un antiguo bosque mágico donde tres guardianes acompañan a los niños. Rita transmite energía y superación; Neo ayuda a comprender lo que sucede y explica las pruebas, y Suri representa el cuidado y la escucha.
El Bosque Mágico del Sureste cuenta con una historia propia: el hospital se levanta sobre un antiguo bosque mágico donde tres guardianes acompañan a los niños
El recorrido del cuento reproduce el recorrido real del paciente. De esta manera, las radiografías, ecografías, analíticas, escáneres, curas o intervenciones se presentan desde la curiosidad y el conocimiento, no desde el miedo. No pretendemos banalizar la enfermedad, sino ofrecer a los profesionales nuevas herramientas para que los niños se sientan más seguros y acompañados.
Tecnología: QR, realidad aumentada y realidad virtual
La tecnología solo tiene sentido si mejora la experiencia asistencial. En este caso, su propósito es muy concreto: transformar la incertidumbre en conocimiento y el miedo en curiosidad.
El proyecto incorpora códigos QR interactivos y gafas de realidad virtual con inteligencia artificial. Es la primera vez que un proyecto de Hospitales Mágicos incorpora esta tecnología a sus gafas, lo que supone un avance muy significativo. Por primera vez, los niños pueden ponerse las gafas y mantener una conversación con las mascotas del Bosque Mágico, hacerles preguntas e interactuar con ellas.
El objeto de la tecnología del Bosque Mágico es mejorar la experiencia asistencial
Esto abre nuevas posibilidades para explicar de forma adaptada a su edad qué les va a suceder, distraerles durante determinadas pruebas o tratamientos y acompañarles en situaciones de ansiedad. También facilita la labor de los profesionales en momentos especialmente difíciles. No se trata solo de incorporar tecnología, sino de poner la innovación al servicio de las personas y de una relación más humana entre profesionales y pacientes.
¿Qué valor estratégico tienen estas alianzas?
Tienen un enorme valor porque la innovación sanitaria ya no puede concebirse sin la colaboración de los distintos agentes implicados. En el Hospital Universitario del Sureste trabajamos con fundaciones, asociaciones, universidades, empresas, colegios y, por supuesto, pacientes y familias. Cada uno aporta capacidades y perspectivas diferentes que ayudan a construir soluciones con valor.
Para un hospital público, estas alianzas permiten incorporar conocimiento, creatividad y nuevas herramientas, manteniendo siempre el objetivo que nos define: mejorar la atención que prestamos a nuestra población.
En Pediatría, ese impacto es especialmente evidente. Si conseguimos que un niño llegue con menos miedo, comprenda mejor lo que le sucede y viva de una manera menos traumática una prueba o un ingreso, estamos mejorando su experiencia y, con ello, nuestra actuación asistencial.
¿Qué otras actividades ayudan a “curar, cuidar y acompañar”?
En un hospital hay muchas actuaciones que no aparecen en una prueba diagnóstica ni en una historia clínica, pero que pueden cambiar por completo la experiencia de una persona: acompañar en momentos difíciles, facilitar la presencia de la familia, adaptar la comunicación a pacientes especialmente vulnerables, cuidar los espacios, mejorar la intimidad o, simplemente, saber escuchar.
Estamos trabajando precisamente en esa dirección: hacer un hospital cada vez más accesible, comprensible, amable y conectado con las necesidades emocionales de nuestros pacientes y sus familias
El trato humano en el hospital, como la escucha, la compañía y la empatía, transforma profundamente la experiencia del paciente
Con el impulso de nuestra Comisión de Humanización y Calidad, venimos desarrollando programas orientados a las personas. Estas iniciativas se enmarcan, además, en las líneas del Plan de Humanización de la Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid, que promueve una atención centrada en la persona, la humanización de los espacios y entornos asistenciales, la accesibilidad y la mejora de la experiencia del paciente. El Bosque Mágico del Sureste contribuye a avanzar en estos objetivos, especialmente en el ámbito de la atención a la infancia, mediante una propuesta que integra la innovación, la participación y el acompañamiento emocional.
Yo suelo resumirlo de una manera muy sencilla: queremos ser excelentes tratando la enfermedad, pero, ante todo, ser excelentes cuidando y acompañando a la persona que la está viviendo.
Al final, probablemente un niño no recuerde dentro de unos años el nombre de la prueba que le hicieron, pero sí puede recordar cómo le hicimos sentir mientras estaba en nuestro hospital. Y eso también forma parte de nuestra responsabilidad.








