Redacción
Se estima que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) afecta aproximadamente al 3%-5% de los adultos. Sin embargo, una proporción importante no ha recibido un diagnóstico. Esta es una de las conclusiones de la jornada ‘TDAH en la edad adulta: comprender, tratar y resolver dudas’, recientemente celebrada en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, con la colaboración de la Asociación Madrileña de Adultos con TDAH (AMATDAH).
La identificación del TDAH con la infancia y con problemas evidentes de conducta ha contribuido a que otros perfiles del trastorno pasen inadvertidos. En ocasiones, las dificultades solo se reconocen cuando aumentan las exigencias personales o profesionales y las estrategias de compensación dejan de ser suficientes. “Que una persona llegue a la edad adulta sin un diagnóstico de TDAH no significa que sus dificultades hayan comenzado en ese momento. En ocasiones lleva toda una vida conviviendo con ellas y buscando formas de compensarlas”, explica el Dr. Pablo Agüero Rabes, especialista del Servicio de Neurología del hospital madrileño.
El TDAH afecta aproximadamente al 3%-5% de los adultos, aunque muchos casos siguen sin diagnosticar
La diferencia respecto a las distracciones ocasionales está en la persistencia de las dificultades y en su repercusión significativa sobre la vida cotidiana. Los problemas para gestionar el tiempo, cumplir plazos, terminar tareas u organizar responsabilidades pueden afectar al trabajo, a las relaciones personales y a la autoestima. Además, en los adultos la hiperactividad puede manifestarse como una inquietud interna.
El rendimiento académico o profesional tampoco permite descartar por sí solo el trastorno. “Que alguien funcione bien no significa necesariamente que hacerlo no le esté suponiendo un esfuerzo desproporcionado”, advierte el Dr. Pablo Agüero, quien recuerda que algunas personas desarrollan estrategias muy eficaces para compensar sus dificultades. Para establecer el diagnóstico resulta esencial reconstruir una trayectoria que se remonte a etapas tempranas de la vida y valorar otras posibles explicaciones. No se trata de atribuir al TDAH cualquier problema de concentración, sino de comprender qué le ocurre a cada paciente.
Falta de diagnóstico en personas mayores
En palabras del Dr. Agüero, “durante mucho tiempo el TDAH se ha estudiado fundamentalmente en niños y adultos jóvenes. Sin embargo, también existen personas de 60, 70 u 80 años con TDAH nunca diagnosticado”. Conocer cómo han funcionado a lo largo de su vida y observar la evolución de los síntomas ayuda a orientar esa valoración.
En el caso de las personas mayores, es especialmente importante distinguir las manifestaciones de un TDAH de larga evolución de problemas cognitivos adquiridos. Con los años, pueden hacerse más visibles dificultades que antes se compensaban, pero cualquier cambio nuevo requiere una valoración cuidadosa. El abordaje puede combinar tratamientos farmacológicos, estimulantes o no estimulantes, con intervenciones psicológicas, psicoeducación y estrategias de organización y adaptación del entorno. Un diagnóstico adecuado y un tratamiento individualizado pueden mejorar el funcionamiento cotidiano, el bienestar y la calidad de vida, incluso cuando el reconocimiento llega a una edad avanzada.







