Dos de cada tres pacientes con hiperkalemia carecen de diagnóstico y tratamiento específico tras el primer episodio

El análisis Iberik+, promovido por la Sociedad Española de Nefrología (SEN) y financiado por AstraZeneca, estima una prevalencia del 1,15% entre los adultos atendidos en la población sanitaria estudiada

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Redacción
En España, dos de cada tres pacientes que presentan un primer episodio de hiperkalemia no tienen registrado un diagnóstico ni un tratamiento específico, según el estudio Iberik+, que ha analizado la prevalencia y el impacto de la hiperkalemia en España. La investigación, promovida por la Sociedad Española de Nefrología (SEN) y financiada por AstraZeneca, también recoge una prevalencia del 1,15% entre los adultos atendidos en la población sanitaria analizada.

Esta enfermedad, también denominada hiperpotasemia, consiste en una concentración de potasio en sangre superior a 5 mmol/L. Este trastorno puede asociarse a complicaciones graves, como debilidad muscular, parálisis y arritmias, que pueden poner en riesgo la vida de los pacientes. La diabetes, la insuficiencia cardíaca y la enfermedad renal crónica se encuentran entre las patologías que aumentan el riesgo de desarrollarla.

El estudio Iberik+ examinó datos de 608.514 adultos, de los que 7.006 presentaron esta patología. Sus objetivos fueron estudiar tanto los episodios diagnosticados como los no detectados, además de describir las características clínicas de los pacientes, el manejo de la enfermedad, el uso de recursos sanitarios y los costes asociados en la práctica clínica española.

La falta de diagnóstico no se limitó a los pacientes con elevaciones altas de potasio. Entre las personas con hiperkalemia no detectada, el 58,7% presentaba una elevación leve, el 35,8% moderada y el 5,4% grave. En conjunto, aproximadamente la mitad de los casos identificados en el estudio fueron moderados o graves.

Los pacientes con un diagnóstico previo de esta patología eran de mayor edad y acumulaban más enfermedades concomitantes, entre ellas enfermedad vascular ateroesclerótica, hipertensión, diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica e insuficiencia cardiaca.

El 35,8% de los pacientes con hiperkalemia no detectada presentaba elevaciones moderadas del potasio y el 5,4%, graves

Por el contrario, los pacientes sin un diagnóstico registrado eran más jóvenes y presentaban con menor frecuencia enfermedad cardiovascular aterosclerótica, con un 20% de los casos frente al 24,1% de quienes sí tenían diagnóstico, y enfermedad renal crónica, con un 10,8% frente al 42,4%, respectivamente.

En este sentido, el Dr. José Luis Górriz, jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Clínico Universitario de Valencia e investigador principal del estudio, ha señalado que esta patología «puede permanecer oculta incluso cuando alcanza niveles clínicamente relevantes, lo que pone de manifiesto la importancia de reconocer y hacer un seguimiento adecuado de las elevaciones del potasio en la práctica clínica».

Hospitalizaciones y costes sanitarios elevados

Durante el seguimiento, uno de cada siete pacientes con hiperkalemia falleció, principalmente debido a complicaciones cardiovasculares. La tasa anual de hospitalización fue del 21,5%. Entre quienes no tenían un diagnóstico previo, la mortalidad fue del 10,9% y la tasa anual de hospitalización del 15,6%, pese a que inicialmente presentaban menos comorbilidades y mejores resultados que los pacientes diagnosticados.

En el estudio, la mortalidad fue del 10,9% y la tasa anual de hospitalización del 15,6% para los pacientes que no tenían un diagnóstico previo

En este contexto, la enfermedad renal crónica requiere especial atención porque a medida que disminuye la función renal, también se reduce la capacidad de eliminar potasio, lo que provoca que la hiperkalemia se vuelva más frecuente en las fases más frecuentes de la enfermedad. Según el Dr. Górriz, la falta de detección puede retrasar las medidas correctoras y aumentar el riesgo de acontecimientos adversos.

El estudio también cuantificó el uso de recursos sanitarios y los costes asociados a esta patología. El coste anual total estimado fue de 5.879 euros por paciente e incluyó consultas ambulatorias, hospitalizaciones, medicamentos, costes indirectos y terapias de reemplazo renal, como diálisis o trasplante. Los costes fueron elevados tanto en ambos grupos de pacientes, aunque resultaron superiores en aquellos con un diagnóstico previo.

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