En Sudán del Sur el hambre sigue haciendo estragos. Este es un hambre provocado por el hombre, por un conflicto que además de matar a decenas de miles de personas y expulsar a millones de sus hogares, está obstaculizando la entrega de ayuda humanitaria. Los índices de desnutrición se han disparado por encima de los niveles de emergencia, e innumerables personas están muriendo de hambre.

La situación es desesperante, pero a pesar de todas las dificultades, cientos de miles de sur sudaneses se levantan cada mañana en una lucha titánica por sobrevivir. Es el caso del Dr David, que trabajó para el gobierno en Juba hasta que cansado de escuchar los testimonios de la guerra a distancia, decidió dejarlo todo y acercarse a ella. Al contrario de muchos, él no fue para luchar, sino para salvar vidas. “Trabajé como voluntario durante ocho meses en las zonas más afectadas por el conflicto. La situación requería la ayuda de todos y yo aporté lo que sabía”, explica al ser preguntado por la experiencia.


Nyankir llegó en brazos de su madre y acompañada por su padre tras ocho horas caminando bajo un sol abrasador. Los enfermeros llamaron al doctor, sonaron las alarmas: Nyankir, de un año, sufría deshidratación severa. Un soplo de aire le podía costar la vida. “Urge hidratarle”, dice el doctor mientras se mueve rápido a su alrededor dando indicaciones al equipo. La niña esta arropada por los esqueléticos brazos de su madre, mientras el padre, sentado a su derecha en la cama, observa la situación angustiado, sin saber bien qué hacer o qué decir.
El enfermero le coloca una vía y un líquido empieza a fluir por sus venas. Apenas se queja, solo emite un lloro lento, casi inaudible, mientras sus ojos se cierran y se abren con dificultad

En Sudán del Sur se sigue muriendo un bebé cada diez nacidos vivos, una madre de cada cincuenta no sobrevive al parto, y el 85% de la salud pública está a cargo de organizaciones internacionales
David, con su metro noventa de altura, tiene los pies bien plantados en el suelo y asegura que acabar con el hambre en Sudán del Sur no es una utopía: “Pero para ello no solo debe terminar la guerra, sino que también hay que fortalecer las instituciones públicas y al personal sanitario para que sea el gobierno quien lidere el cambio”. Un territorio, un pueblo, una bandera y un ejército no parecen suficientes, ni siquiera cuando están asentados sobre un colchón de petróleo. Se sigue muriendo un bebé cada diez nacidos vivos y una madre de cada cincuenta no sobrevive al parto, y el 85% de la salud pública está a cargo de organizaciones internacionales.
..Texto y fotos: Lys Arango








