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La excepcionalidad de las pequeñas cosas

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..María Vargas. Directora de Relaciones Institucionales de iSanidad.
La sala de espera de un Servicio de Oncología en un hospital de España. Unas 40 personas se encuentran sentadas en sus respectivas sillas, removiéndose cada cierto tiempo, inquietas, esperando a que una voz diga su nombre y apellidos para pasar. La mayoría de las cabezas se encuentran mirando hacia abajo, atentas al móvil que tienen entre las manos.

Sin embargo, una de ellas tiene una posición casi forzada hacia arriba: el móvil está recargando la batería en un enchufe que, curiosamente, el hospital dispone no cerca del suelo, sino más bien cerca del techo y que, además, queda alejado de su asiento. Esta circunstancia obliga al dueño del dispositivo a destacar de entre los demás pacientes, por su postura erguida y poco relajada.

Pasados unos minutos, el jefe de Servicio de Oncología sale de su despacho llevando entre sus manos una regleta y camina con determinación a una posición concreta de la sala. “Toma, para que tus riñones sufran lo menos posible en la espera”, le indica al paciente de la cabeza erguida

Según he salido del ascensor, este hombre me ha llamado la atención; no excesivamente, he de reconocer, pero lo suficiente como para que haya mantenido mi vista un poco más en él. La dependencia tecnológica y la falta de adecuación de las baterías de los móviles, he reflexionado rápidamente.

Reconozco al jefe de servicio de Oncología. Va de un lado a otro de la sala de espera, con prisas, mirando su carpeta y hablando con las secretarias. Pasados unos minutos, sale de su despacho llevando entre sus manos una regleta y camina con determinación a una posición concreta de la sala. “Toma, para que tus riñones sufran lo menos posible en la espera”, le indica al paciente de la cabeza erguida.

Un profesional de la medicina, jefe de servicio, en un martes con una interminable lista de pacientes, que ha tenido la capacidad de darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor y poner “remedio” a una pequeñísima circunstancia

Empatía y humanidad son las únicas palabras que se me han ocurrido cuando he presenciado esta situación. Un profesional de la medicina, jefe de servicio, en un martes con una interminable lista de pacientes, que ha tenido la capacidad de darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor y poner “remedio” a una pequeñísima circunstancia.

¿Qué reflexión podemos llevarnos de esta pequeña acción? A lo mejor no solo se trate de grandísimos gestos, igualmente valiosos por sus implicaciones, sino que la diferencia también debe recaer sobre la excepcionalidad de las pequeñas cosas.

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