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Agitar las neuronas en beneficio de la inversión sanitaria

..María Vargas. Directora de Relaciones Institucionales de iSanidad
Invertere. La palabra latina de invertir compuesta por el prefijo in (hacia adentro) y el verbo vertere (verter, depositar). Un concepto muy presente durante el discurso que María Luisa Carcedo, ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, ha ofrecido en el desayuno de Nueva Economía Fórum, principalmente centrado en la defensa de la justicia social para combatir las desigualdades sociales.

“Verter hacia adentro” en España en materia de Sanidad ha sido muchas veces equiparado con gastar (del latín vastare, que significa devastar o arruinar), como si aplicar medidas de inversión sanitarias fuera equiparable a derrochar dinero. Esta confusión de conceptos suceden cuando se intentan objetivar extremadamente las realidades: se pierde el sentido de la esencia en sí misma, los nombres y apellidos pasan a ser números, y la frivolidad se instaura en las manos decisorias. Gran consejo escuchado en diversas voces instan la fórmula del “no implicarse” pero, ¿cómo no se pueden involucrar cuando se habla de personas y, especialmente, de personas enfermas o de investigadores ansiosos de verdad científica?

“Verter hacia adentro” en España en materia de Sanidad ha sido muchas veces equiparado con gastar (del latín vastare, que significa devastar o arruinar), como si aplicar medidas de inversión sanitarias fuera equiparable a derrochar dinero

El objetivo no es hacer un uso desmedido y descontrolado de los recursos, donde no exista el límite y se aplauda el “todo vale”. Desde luego, priorizar es de sabios. Pero lo que tiene menos sentido es que personas enfermas, con limitación de recursos, o los investigadores que quieren llevar a cabo un estudio para un bien común, sean vistos como un “mero gasto”, sin mirar a largo plazo los beneficios que una adecuada inversión pueden contraer.

De la misma manera, otros muchos profesionales sanitarios, gestores políticos, laboratorios farmacéuticos, sociedades científicas y asociaciones de pacientes han motivado la inversión sanitaria de calidad en España. Un empuje, una valentía y una apuesta que hace que hoy nos encontremos donde estamos: como uno de los mejores sistemas nacionales de salud del mundo. Pero, ¿alguna vez nos hemos preguntado cómo sería nuestro país, lo que todavía más despuntaría, si verdaderamente se invirtiera en todo aquello que merece ser invertido?

¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo sería nuestro país, lo que todavía más despuntaría, si verdaderamente se invirtiera en todo aquello que merece ser invertido?

Según dijo don Santiago Ramón y Cajal, “es preciso sacudir enérgicamente el bosque de las neuronas cerebrales adormecidas; es menester hacerlas vibrar con la emoción de lo nuevo e infundirles nobles y elevadas inquietudes.” Es por ello que debemos agitar bien estas células para que las dendritas acojan el concepto invertir como un colmado “verter hacia dentro”, como la forma en la que nuestro país repunte no para ocupar lugares en las estadísticas, sino para democratizar todavía más un derecho y un deber fundamental de cualquier persona.

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