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Ciencia en España: El 70% de los investigadores que desarrollan tres vacunas frente al Covid-19 en el CSIC son temporales

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..Gema Maldonado.
La precariedad y la temporalidad a la que, en demasiadas ocasiones, se ven sometidos los investigadores en España tienen su reflejo en tres de los grupos de investigación de élite en el país, que trabajan sin descanso en busca de la respuesta que ansía el mundo en este momento: la vacuna del Covid-19, una búsqueda en la que trabajan de manera directa 27 investigadores en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de los que hasta 19 tienen contratos temporales. Los tres proyectos de vacuna están liderados por profesores jubilados que investigan en calidad de ad honorem, es decir, sin recibir retribución económica más allá de su pensión. Por sus capacidades y su vocación, siguen en primera línea de investigación.

Unos 27 investigadores trabajan en el desarrollo de vacunas frente al Covid-19 en el CSIC y 19 tienen contratos temporales

Según Alicia Durán, investigadora del CSIC y representante de CC.OO., a finales de 2018 la temporalidad alcanzaba al 43% de sus trabajadores. No es la única institución de investigación científica aquejada por este mal. Un factor que, junto con el bajo presupuesto y la burocracia “insostenible”, “condenan al sistema de ciencia española no tener relevo”. Es la visión de José Alcamí, científico del Instituto de Salud Carlos III, donde dirige la Unidad de Inmunopatología del Sida del Centro Nacional de Microbiología. Con la pandemia, su equipo se ha lanzado a aplicar sus conocimientos en Covid-19.

Lidera un grupo de más de 20 personas. Solamente cuatro tienen una plaza como investigador del centro. Siete más llevan entre 15 y 20 años trabajando “y aún están con contratos precarios”. Ve como los investigadores más jóvenes optan por irse al extranjero, y algunos de edad media deciden dedicarse a otra cosa. Para el Dr. Alcamí, que muchos de los investigadores que están desarrollando la vacuna del Covid-19 lo hagan “en situación precaria”, con contratos temporales, es “el caso más espectacular, inimaginable en otros países”.

Los tres proyectos de vacuna están liderados por profesores jubilados que investigan en calidad de ad honorem, es decir, sin recibir retribución económica más allá de su pensión

Mariano Esteban y su equipo
Mariano Esteban lleva 50 años trabajando en virología y más de 30 en vacunas. Dirige el desarrollo de la vacuna MVA-Covid19, que ya ha producido con su equipo en el laboratorio de Poxvirus y Vacunas del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. De las 10 personas que integran su laboratorio, entre los que trabajan ahora mismo y los que se incorporan en estos días, solamente él forma parte de la institución como funcionario, ahora, en calidad de ad honorem.

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En su equipo cuenta con tres investigadores postdoctorales que tienen entre 15 y 20 años de experiencia y contratos de los de “si no tienes proyectos, te vas a la calle”, señala el profesor. Entre ellos, se encuentra el investigador Juan García Arriaza, que empezó a investigar en 1997 y trabaja en el CSIC desde el 2006. Son más de 20 años de carrera.

De las 10 personas que integran el laboratorio de Mariano Esteban, que este momento trabaja en la vacuna del Covid-19, solamente él forma parte de la institución como funcionario

Antes de la pandemia, su contrato finalizaba el próximo 31 de diciembre. Ahora, su situación ha cambiado y espera poder consolidar pronto su posición con un nuevo tipo de contrato indefinido “mientras haya financiación”, apunta el Dr. Esteban. Su laboratorio en 2009, antes de los primeros recortes por la crisis, tenía en torno a 20 investigadores. Antes de la crisis de Covid-19 eran siete, afirma, “a pesar de que nuestro laboratorio es de los mejores financiados del CNB”.

Luis Enjuanes, Isabel Sola y sus investigadores
El profesor Luis Enjuanes y la doctora Isabel Sola dirigen un equipo de investigadores que desarrolla otro de los prometedores proyectos de vacuna frente al Covid-19. Mediante ingeniería genética han reconstruido el virus y en ese proceso, generan variantes atenuadas, sin los genes que le confieren virulencia, pero con la parte necesaria para inducir respuesta inmune. Actualmente trabajan 12 personas en el laboratorio. En los próximos meses se incorporarán otras tres personas. De los 12, solamente cuatro tienen un puesto permanente, el Dr. Enjuanes, que trabaja en calidad de ad honorem, la propia Dra. Sola y dos técnicos.

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Foto: César Hernández/CSIC Comunicación

Doce investigadores integran el laboratorio del doctor Enjuanes y la doctora Sola que desarrollan una vacuna frente al Covid-19, ocho de ellos son temporales

En su equipo de investigadores que enlanzan contratos postdoctorales se encuentra Sonia Zúñiga. “Es una investigadora senior”, puntualiza Isabel Sola, “tiene 20 años de experiencia y no es científico titular” a día de hoy. Esperan que pronto cambie su situación a través de la nueva modalidad de contratos indefinidos a la que también se refiere el Dr. Esteban sobre la situación de su compañero García Arriaza. Son contratos que van a aplicarse a través del denominado Proceso de Estabilización, que surge de los acuerdos para mejorar el empleo público entre los sindicatos y la Administración firmados en 2017 y 2018.

Podrán tener contratos indefinidos que sustituyen a los de obra y servicio actuales. Los indefinidos estarán vigentes hasta que se acabe la financiación que permite su contratación. Cuando eso ocurra, “serán despedidos con indemnización“, señala la investigadora Alicia Durán. No consolidan la situación de los investigadores, pero sí facilitan el acceso a plazas fijas de funcionario o laboral fijo, explica la representante sindical.

No tener una posición consolidada en el Consejo impide poder pedir proyectos de investigación y su correspondiente financiación. “Muchos proyectos exigen que tu vinculación laboral con el centro sea, al menos, la misma duración del proyecto”, explica la Dra. Sola. Esto supone que siempre dependen de investigadores principales o titulares que tengan programas y financiación para poder contratarlos. Bajo este sistema están el resto de miembros del equipo, con contratos predoctorales o postdoctorales a cargo de proyectos con fondos del Ministerio, pero también de la Comisión Europea y de EE.UU.

En los últimos años, investigadores de este y otros laboratorios “han optado por hacer algún máster con el que iniciarse en la industria farmacéutica o en la biotecnología”

La Dra. Sola confía en que su laboratorio podrá financiar todos los contratos durante los dos próximos años. No es fácil tener un grupo competitivo. Necesitan poder renovar contratos y no tener que formar a gente cada poco tiempo. En los últimos años, investigadores de este y otros laboratorios “han optado por hacer algún máster con el que iniciarse en la industria farmacéutica o en la biotecnología”.

Vicente Larraga, único miembro de la institución en su grupo
Dirige a tres personas, a las que se une en breve una cuarta. Solamente él, que trabaja como ad honorem, “un reenganchado jubilado”, dice sonriendo, y uno de sus científicos que tiene plaza como técnico, están en una posición estable. Cuenta con otro doctor, “una persona muy formada que he rescatado del paro”, apunta, un doctorando con contrato a tiempo parcial y la nueva técnica de anatomía patológica, “que también sale del paro“. Larraga reconoce que la mayor parte de su equipo está “en una inestabilidad tremenda“. “Estamos funcionando muy bien, pero desde el punto de vista del sistema, esto no debería ser así”, señala. Pero también recalca el apoyo que ha recibido para su proyecto de vacuna.

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Foto: CSIC

El laboratorio del profesor Larraga lo conforman cinco investigadores que trabajan en la vacuna del Covid-19, tres son temporales

Ha pasado los últimos 25 años haciendo investigación básica sobre la expresión génica diferencial a lo largo del ciclo de un parásito. Eso le ha permitido encontrar genes que son responsables de la infectividad y tener una novedosa vacuna frente a la leishmaniasis. “Si no hubiera ciencia básica, no me podrían haber encargado un proyecto de este calibre, como es la vacuna del Covid-19”, afirma. El Dr. Vicente Larraga lamenta la falta de financiación para este tipo de investigación, algo que tilda de muy grave, ya que mina el tejido básico de la ciencia. Su equipo, en el Centro de Investigaciones Biológicas-Margarita Salas del CSIC, espera empezar esta misma semana con los ensayos de su vacuna frente al Covid-19 en animales.

Tanto el Dr. Larraga como el Dr. Esteban creen que en las últimas décadas la microbiología se ha dejado de lado. Casi se ha considerado “una especialidad de la ciencia que estaba superada”. Pero la pandemia ha puesto de manifiesto todo lo contrario. El abandono de la microbiología, en la que llevan varias décadas trabajando, como el Dr. Enjuanes, unido a la crisis económica, ha hecho que se hayan convocado muy pocas plazas en la especialidad. Vicente Larraga teme “que no haya una generación posterior”. 

Dr. Alcamí: “El cierre de un grupo de investigación de referencia mundial es una tragedia para un país; es como si cerraran un museo importante”

Para el CNB-CSIC, cada año salen pocas plazas y, en particular, en el departamento de Biología Molecular, donde se encuentra el laboratorio de la Dra. Sola. Este año se ha convocado una específica de virología, “ha sido excepcional”, señala, aunque no se debe a la pandemia. Cada vez que se convocan oposiciones, se presentan candidatos con currículums “que les permitirían ser profesores en Harvard”, afirma el Dr. Esteban.

En este sentido, José Alcamí asegura que “la situación de la virología es muy grave en este país”. Más aún cuando grupos como los liderados por los tres investigadores que desarrollan vacunas del Covid-19 “han sido de primer nivel en el mundo, un valor para el país”. Aún lamenta el cierre del grupo del profesor Juan Ortín, “una referencia mundial en gripe” tras su jubilación y la de la Dra. Amelia Nieto en el CNB-CSIC. “Esto, para un país, es una tragedia; es como si cerraran un museo importante”, lamenta Alcamí.

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