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Dr. Larraga: “Pretendemos producir nuestra vacuna en España y tener dosis para la población de riesgo en un año y pico”

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..Gema Maldonado.
El Dr. Vicente Larraga y su equipo del Centro de Investigaciones Biológicas-Margarita Salas del CSIC confían en poder vacunar frente al Covid-19 a ancianos en residencias, a sus cuidadores y al personal sanitario en algo más de un año con la vacuna que están desarrollando y que quieren producir en España. Hace tres meses, cuando trabajaban en la última fase de una vacuna frente a la leishmaniosis, todo su equipo de investigación tuvo que marcharse a casa con el decreto de alarma.

Fueron compañeros de la Agencia Española del Medicamento los que le llamaron para proponerle hacer una vacuna igual para el SARS-CoV-2. “Ese vehículo tuyo a lo mejor podría ser útil para el Covid-19, ¿por qué no te lo piensas?”. Un tipo de protección denominada vacuna de ADN recombinante que prácticamente no se ha probado en humanos, aunque sí se utiliza en animales.

Confía en poder vacunar a ancianos en residencias, a sus cuidadores y al personal sanitario en algo más de un año con su vacuna, que quiere producir en España

Con un acuerdo bajo el brazo con la farmacéutica española Zendal, gran parte del proceso industrial que requiere toda vacuna lo tienen hecho en España, aunque el Dr. Larraga trata de plantearse las cosas de manera “realista y profesional”. Por eso, duda que sea posible contar con miles de millones de dosis de cualquiera de las vacunas frente al Covid-19 en desarrollo y afirma que el año que viene no habrá vacunas para todos.

Ya en 2011, el Dr. Larraga y un grupo de investigadores españoles de prestigio alertaron de la “necesidad y la responsabilidad” de la sociedad occidental de hacer frente a las enfermedades infecciosas ligadas a la pobreza. Y hablaban de los virus que causan infecciones respiratorias. “No es que lo viéramos venir, sabíamos que existía ese peligro”. Pero, nueve años después, la sociedad occidental “ha fallado en todo, fundamentalmente en la presunción”, afirma.

¿Cómo es la vacuna en la que está trabajando su grupo de investigación?
Afortunadamente tenemos la secuencia completa del virus, así que tomamos la secuencia correspondiente a las proteínas que nos interesan y las introducimos en una molécula circular de ADN que nosotros sintetizamos. Introducimos el gen del antígeno correspondiente, en este caso la proteína S, que es la que utiliza el SARS-CoV-2 para engancharse y penetrar en la célula a través del receptor ACE2, pero también usamos fragmentos, subunidades y otras proteínas del virus.

“Introducimos el gen del antígeno correspondiente en una molécula de ADN que es el vehículo de la vacuna”

En esta molécula, que es el vehículo de la vacuna, ponemos las señales suficientes como para que penetre en la célula, llegue al núcleo y este capte el gen que introducimos y produzca el antígeno que nosotros queremos. La vacuna es absolutamente artificial, todo eso lo hacemos con una máquina y el nombre genérico que reciben este tipo de vacunas es de tercera generación de ADN.

Estas vacunas pretenden que el sistema inmune de la persona reconozca las proteínas del virus fabricadas por sus propias células de una forma mucho más eficiente que si inyectáramos la proteína purificada. Las percibe como foráneas y las guarda en su memoria. De forma que en el momento que entra el virus reconoce a la proteína y bloquea su capacidad de infección.

“Hay que probar que las proteínas inducen una respuesta inmune humoral y celular. Y eso es lo que vamos a hacer en julio y agosto en el modelo animal”

Estamos probando ocho genes diferentes en ensayos in vitro con células de riñón. Vemos si esos genes son bien aceptados y se propone el fragmento de la proteína que nosotros queremos. En un par de semanas empezaremos los experimentos de respuesta inmune en el modelo animal. Hay que probar que estas proteínas o fragmentos de proteínas inducen esa reacción, tanto la inmunidad humoral como la celular. Y eso es lo que vamos a hacer en julio y agosto.

Las vacunas de ADN recombinante son bastante nuevas. ¿Qué experiencia hay en su uso en humanos?
En humanos hay muy poca experiencia, pero en animales se utiliza desde hace años. De hecho, nosotros hemos desarrollado una vacuna frente a la leishmaniosis exactamente igual, pero con los genes de la Leishmania. Sabemos que hay algunas pruebas en humanos con este tipo de vacunas que aparecen citadas en un guía sobre las vacunas de ADN en humanos que tiene previsto aprobar la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero seríamos de los primeros en probar la vacuna de ADN recombinante en humanos.

“Seríamos de los primeros en probar la vacuna de ADN recombinante en humanos”

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¿Qué ventajas e inconvenientes tienen con respecto a otro tipo de vacunas?
Todavía no sabemos la duración de la inmunidad en humanos. Pero hemos hecho muchas pruebas en perros, que al fin y al cabo es un mamífero superior, y tenemos muy claro que durante un año hay una gran inmunización. Hasta dos años, funciona y al tercero habría que reinmunizar. Por eso, lo normal es que la inmunidad que produzca esta vacuna sea por lo menos de un año.

Por otra parte, el ADN es una molécula enormemente resistente y la vacuna no necesita cadena de frío. En el momento en el que se produce una dosis, puede estar a temperatura ambiente sin perder sus características dos años. Esto la hace más fácil de trasladar y almacenar. Es especialmente bueno cuando hay que inmunizar a personas en países en vías de desarrollo, en zonas sin electricidad.

“Tenemos muy claro que durante un año hay una gran inmunización. Hasta dos años, funciona y al tercero habría que reinmunizar”

El inconveniente que puede tener yo creo que es mental. Cuando los humanos oímos, sobre todo los occidentales, ADN recombinante, parece que va a ser algo que va a hacernos algún tipo de alteración o modificación. Pero no es así, hace su trabajo y nada más.

Y si funciona, ¿con qué apoyos han de contar para pasar a la parte industrial?
Bueno, nuestra vacuna tiene una ventaja: ya se ha desarrollado industrialmente en España para la leishmaniosis. Esa parte la tenemos ya hecha y nos da una ventaja de, al menos, tres o cuatro meses, ya que el escalado industrial no es un proceso trivial. Una vez que tienes el desarrollo de la vacuna hay que hacer una patente que se licencia a la fábrica. En cualquier desarrollo de vacuna, una vez que se terminan los ensayos, tiene que haber un acuerdo con una farmacéutica.

“Nuestra vacuna tiene una ventaja: ya se ha desarrollado industrialmente para la leishmaniosis. Nuestra idea y la de Grupo Zendal es fabricar la vacuna en España”

Nosotros, afortunadamente, tenemos un acuerdo desde hace muchos años con Grupo Zendal, la única empresa autorizada por la UE para fabricar vacunas en España. Son expertos en vacunas animales y tienen su propia división para desarrollar vacunas de uso humano. Nuestra idea y la de ellos es fabricar la vacuna en España.

¿Cree que son realistas las previsiones de producir en pocos meses 1.000 millones de dosis de vacunas?
El número de dosis de las vacunas de todas las enfermedades que todas las farmacéuticas producen anualmente en el mundo son 5.000 millones. Que una sola farmacéutica pueda hacer 1.000 millones de dosis en un plazo de seis o siete meses, parece difícil. Supone incrementar un 20% la producción del conjunto de dosis que producen anualmente todas las empresas.

Hay que plantearse las cosas de una forma realista y profesional. En nuestro caso pretendemos desarrollar una vacuna aquí en España, que se produzca aquí en España, aunque luego se llegue a acuerdos con otras multinacionales para la distribución general de la vacuna. Queremos que dentro de un año y pico tengamos dosis suficientes para vacunar a nuestra población de riesgo: nuestros ancianos en residencias, nuestros cuidadores de las residencias y el personal sanitario. Eso es perfectamente factible. Una vez que hayamos hecho eso, vamos a vacunar a la población general e intentar ayudar a las poblaciones de otros países.

“Queremos que dentro de un año y pico tengamos dosis suficientes para vacunar a nuestra población de riesgo. Después, a la población general e intentar ayudar a otros países”

¿Qué debería hacer la comunidad internacional para que la vacuna pudiera ir llegando a todos? 
Estamos hablando de la población mundial y no toda va a tener acceso a las dosis que se produzca a principios de año. Lo normal es que se empiece a proteger a la población para el invierno de 2021-22. También dependerá de las políticas de cada país y de las farmacéuticas que serán propietarias de las vacunas. No olvidemos que las propietarias serán las empresas, no los laboratorios que las han desarrollado.

Yo supongo que Moderna querrá vender el máximo número posible de vacunas y su mercado natural es EE.UU. En el caso de las vacunas chinas, se centrarán en su propio mercado y, probablemente, puedan intentar hacer política con los países de África. Querrán aumentar su prestigio allí y probablemente sean muy generosos con estos países.

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“Dependerá de las políticas de cada país y de las farmacéuticas que serán propietarias de las vacunas. En una situación de histeria como esta, francamente, no sé lo que va a pasar”

Con otras vacunas, lo normal es hacer acuerdos. Los países occidentales tienen capacidad para comprar las dosis y los países en desarrollo no la tienen. Se producen las dosis para esos países a menor precio y normalmente no las pagan esos estados, sino las organizaciones internacionales de vacunación y de ayuda. Pero en una situación de estrés como esta, de histeria diría, francamente, no sé lo que va a pasar.

En 2011 usted coordinó a un grupo de investigadores en el libro La lucha frente a las enfermedades de la pobreza. En esa obra ya alertaban de la necesidad de una lucha conjunta ante ciertas enfermedades infecciosas que podrían llegar. ¿En qué han fallado las sociedades occidentales en los últimos años?
Han fallado en todo, fundamentalmente en presunción. La sociedad occidental creía que era inmune a este tipo de infecciones, porque había fe en que nuestros medicamentos serían capaces de controlar cualquier infección. Y hemos bajado la guardia en cosas elementales: en no tener una atención primaria y un sistema de salud pública que nos permita detectar este tipo de cosas.

Le voy a poner un ejemplo: Finlandia, que es verdad que es un país pequeño y es más fácil poder controlar estas cosas. Pero desde hace 70 años hay un organismo que se ocupa de prever las catástrofes y tienen planes organizados para todo, incluido una catástrofe sanitaria de este estilo: qué es lo que hay que hacer, qué hospitales hay que movilizar, qué universidades hay que movilizar para hacer los diagnósticos, todo está previsto. Pusieron en marcha el plan y bloquearon la infección. Esto no existe en el resto de los países europeos y en EE.UU. menos todavía.

“Las sociedades occidentales han fallado en todo, fundamentalmente en presunción.Creían que era inmune a este tipo de infecciones”

En ese libro de 2011 ya dedican un capítulo a los virus emergentes y, entre ellos, al SARS.
Las personas que estábamos en este trabajo no es que lo viéramos venir, sabíamos que existía ese peligro. Desgraciadamente la sociedad occidental estaba demasiado confiada en sí misma, en que podría controlar todo lo que llegara y no es así, como se ha demostrado. Las enfermedades nos llegan, y más en este mundo tan globalizado por el transporte.

“Las personas que estábamos en este trabajo no es que lo viéramos venir, sabíamos que existía ese peligro”

Imagínese que la famosa gripe española tardó prácticamente nueve años en extenderse. Según indican los estudios de genética, surgió en los alrededores de Shangai en 1910. El primer brote importante, que afectó al ejército americano que iba a venir a Europa por la 1ª Guerra Mundial, no fue hasta 1910. Ahora, el SARS-CoV-2, ¿Cuánto ha tardado en llegar?

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