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El coronavirus evidencia que a España le falta cultura científica

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..Juan Pablo Ramírez. Director de iSanidad.
Dos encuestas publicadas esta última semana han puesto de manifiesto las dudas de la población española sobre la vacuna contra el coronavirus. La primera elaborada por la consultora Ipsos que muestra que solo un 13% de los españoles estaría dispuesto a inmunizarse contra el coronavirus en el momento en que se apruebe la vacuna. La segunda resulta un poco más optimista. El estudio de 40dB para El País señala que solo un 24% se vacunaría de forma inmediata. Ambas conclusiones son tristes y evidencian la falta de cultura científica en España.

La mayoría de los españoles prefiere esperar para observar si se producen efectos adversos. Según Ipsos, un 64% de los españoles se vacunaría una vez pasado un tiempo. Con estos datos somos el segundo país de la Unión Europea con menos predisposición a vacunarse contra el coronavirus. Solo por debajo de nosotros se encuentra Francia, con un 55%. Por delante se halla Italia, con un 65%. Es decir nos encontramos entre los dos países europeos donde el colectivo antivacunas ha calado con mayor fuerza.

Dos encuestas de Ipsos y de El País muestran la baja disposición de los españoles a vacunarse contra el coronavirus y ponen de manifiesto la escasa cultura científica en España

Sorprende esta reacción de la sociedad en un país con tan buenas coberturas en vacunación infantil. Precisamente, Francia e Italia han tenido que obligar por ley a vacunar a los niños. España sin necesidad de recurrir a ninguna imposición legal alcanza cotas anuales de en torno el 95%.

Esta desconfianza hacia la vacuna que podría proteger contra un coronavirus que ha provocado la muerte de más de 40.000 en España y más de 1,3 millones en todo el mundo impone la necesidad de realizar una mejor divulgación de la ciencia. Existen varios factores que podrían explicar este miedo a la vacuna. El primero es que la investigación nunca ha sido una prioridad en España. Lo vemos en el gasto en I+D+i que realizan sector público y privado. Nos encontramos muy lejos del 2% de la media europea y más alejados del 3% que presenta la mayoría de economías avanzadas.

Otro problema está en los colegios y centros educativos. Nos encontramos precisamente en un momento marcado por la tramitación de la reforma educativa, la polémica Ley Celaá. Se está perdiendo una oportunidad para cambiar el abordaje de la ciencia en las aulas. A esto se añade la mala imagen que tiene la industria farmacéutica en parte de la sociedad española. Muchas veces este descrédito ha sido proyectado desde la clase política de una manera partidista e injusta.

Esta desconfianza hacia la vacuna que podría proteger contra un coronavirus que ha provocado la muerte de más de 40.000 en España y más de 1,3 millones en todo el mundo impone la necesidad de realizar una mejor divulgación de la ciencia

Otra de las razones podría ser un fracaso de la comunicación científica. Los medios de comunicación no hemos sabido enganchar a un sector importante de la población, que pasan las páginas de los periódicos o cambian de canal en cuanto observan cualquier atisbo de información científica. La gente no ha entendido el esfuerzo de la industria farmacéutica para lanzar una vacuna en apenas un año. Este proceso supone periodos de más de 10 años. Esto le genera inseguridad a la población. No ha comprendido su capacidad para adaptarse a una situación de emergencia. En los últimos años, ha surgido la figura del divulgador científico que está llamado a convertirse en un referente para la sociedad. Todos estos factores ponen en evidencia la necesidad de crear una estrategia para colocar la ciencia y al investigador en el lugar que merece en nuestra sociedad.

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