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Nuestra clase política, entre la mala educación y el sálvese quien pueda

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..Juan Pablo Ramírez. Director de iSanidad.
La semana concluye con la dimisión del jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Miguel Ángel Villarroya, que saltó los protocolos para vacunase del coronavirus. Al comienzo de la crisis del coronavirus, vimos a menudo en televisión al general Villarroya, acompañando a Fernando Simón en las ruedas de prensa para explicar la labor diaria del Ejército. Más le hubiera valido tomar ejemplo de sus hombres.

El general Villarroya se marcha “con la conciencia tranquila”. No le preocupa que haya profesionales sanitarios en primera línea que no han recibido la vacuna. Tampoco le importa que pueda retrasarse la segunda dosis de ancianos y profesionales de residencias después de que Pfizer y BioNTech anunciara una reducción de su capacidad de producción. Él va primero.

Son en definitiva personas que han venido a servirse de la política en lugar de servir a la sociedad. No cabe mayor egoísmo y falta de educación en nuestra clase política

El caso del ex Jemad no es único. Este fin de semana hemos sabido también que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha cesado al oficial de enlace entre la Guardia Civil y el Estado Mayor. Son los últimos casos de una amplia lista de cargos públicos que se han saltado los protocolos. A los militares se han sumado consejeros autonómicos, alcaldes y concejales de todo signo político. Son en definitiva personas que han venido a servirse de la política en lugar de servir a la sociedad. No cabe mayor egoísmo y mayor falta de educación en nuestra clase política.

Y mientras el ministro de Sanidad, Salvador Illa, encara su última semana al frente del Ministerio de Sanidad. Después de un años se marcha en el momento más inoportuno. La tercera ola ha llegado a cifras impensables, con las comunidades autónomas pidiendo medidas más contundentes, un plan de vacunación a medio hacer y que no termina de arrancar… En su etapa al frente de Sanidad no ha mostrado el carácter dialogante que esperábamos ni con las autonomías ni con las sociedades científicas. Illa deja la sensación de que ha utilizado el Ministerio durante la mayor crisis sanitaria en 100 años como trampolín a la Generalitat.

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