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Dra. Elisa Verdú: «Veo en España el ejercicio de la medicina totalmente deshumanizado»

Dra. María Elisa Verdú, en el Hospital Carmelo, donde atienden a enfermos de sida, tuberculosis y crónicos
Foto: Hospital Carmelo

..Gema Maldonado.
María Elisa Verdú lleva 46 años ejerciendo la medicina en África, casi 12 años en Ruanda y el resto de su vida profesional en Mozambique. Desde que acabó la especialidad en medicina interna en el Hospital la Fe de Valencia, ha hecho prácticamente de todo en sus destinos: desde cirugías a obstetricia, pasando por el seguimiento de pacientes crónicos y la atención a pacientes con enfermedades infecciosas.

Cuenta que para ella «tiene mucho más sentido estar en África que en España peleando por puestos de responsabilidad». ¿Por qué? «Soy médico e hija de la Caridad de San Vicente de Paul, nosotras hacemos voto de pobreza», cuenta por teléfono durante una reciente visita a España. Este martes, fecha en la que se publica esta entrevista, la Dra. Verdú ya ha regresado al centro sanitario que dirige, el Hospital Carmelo, en la ciudad de Chokwe, situada en la provincia de Gaza, al sur de Mozambique y muy cerca de Sudáfrica.

Para la Dra. Verdú «tiene mucho más sentido estar en África que en España peleando por puestos de responsabilidad»

Allí, después de conseguir que les cedieran el edificio, un antiguo convento de Carmelitas Descalzas, y tras años de mejoras, se dedica desde 1995 a atender pacientes con Sida y tuberculosis. Desde hace unos pocos años, también es un hospital para personas con enfermedades crónicas.

Aunque se han integrado en la red del servicio nacional de hospitales y tienen un acuerdo con el Ministerio de Sanidad, el Gobierno mozambiqueño solamente financia el 10% del presupuesto que necesita para cubrir todas sus necesidades. Diferentes donantes y proyectos mantienen la asistencia diaria de este hospital, que cuenta con 130 camas, un laboratorio de biología molecular y un centro para niños con diabéticos. «Les aseguramos el tratamiento hasta que son autónomos para seguirlo en casa», explica.

«Con el Covid-19 todo se ha desmoronado, pero antes teníamos 9.000 pacientes con sida en seguimiento»

La pandemia de Covid-19 ha trastocado los centenares de consultas diarias que mantenía el hospital para el seguimiento de unos 9.000 pacientes de sida. Sobre cómo es ejercer la medicina en ese enclave marcado por las altas tasas de sida y tuberculosis y sobre las necesidades del hospital y de sus nuevas habitaciones para enfermedades infecciosas, hablamos con la Dra. Verdú.

Dra. María Elisa Verdú

¿Qué incidencia tiene el sida y la tuberculosis en la comunidad en la que trabaja?Muchísima. En sida hemos llegado casi al 50%. Ahora ha bajado. Además, un 80% tenían tuberculosis asociada. También hemos tenido hasta el 10% de niños con sida, lo pasamos mal hasta que hubo formulaciones infantiles para tratar a estos niños. Ahora la tasa se ha reducido a la mitad porque controlamos muy bien a las mujeres. Con el Covid-19 todo se ha desmoronado, pero antes teníamos 9.000 pacientes con sida en seguimiento y entre 1.500 y 1.900 pacientes con tuberculosis. Los enfermos crónicos en seguimiento eran unos 3.000. Antes de la pandemia había entre 300 y 400 consultas diarias.

«Teníamos que mandar a los pacientes a Maputo, a cuatro horas de distancia, para hacerse una PCR porque aquí lo único que teníamos era test de anticuerpos. Mucha gente se moría en el camino»

¿Cómo ha cambiado la pandemia el seguimiento de estos pacientes?
Con los confinamientos había mucha gente que no podía venir y de 300 o 400 consultas diarias pasamos a unas cincuenta. En vez de venir una vez cada mes, venían de forma más especiada o no venían cuando les tocaba, con lo cual era complicado seguir los tratamientos de sida. Y estas personas no pueden estar sin su tratamiento. Algunos de los que iban a Sudáfrica se quedaron allí confinados y sin tratamiento.

Cuando teníamos sospecha de que podían tener Covid-19 los teníamos que mandar a Maputo, a cuatro horas de distancia, para hacerse una PCR porque aquí lo único que teníamos era test de anticuerpos. Mucha gente se moría en el camino o cuando te llegaban los resultados de la PCR, 15 días después, algunos habían muerto. Por todo esto tememos que pueda haber un brote de sida y de tuberculosis. Ahora es cuando vamos a ver las consecuencias de todo esto.

Dra. Verdú: «Tememos que pueda haber un brote de sida y de tuberculosis. Ahora es cuando vamos a ver las consecuencias de la pandemia»

Y el Covid-19, ¿está golpeando fuerte en Mozambique?
La pandemia fue muy mal a principios de este año porque hay mucha gente que va a trabajar a Sudáfrica, donde había muchos contagios y donde se detectó la variante sudafricana.  Entre diciembre y febrero mucha gente falleció por falta de oxígeno. Ese fue el gran problema aquí, la falta de medicación y oxígeno. Por otro lado, el confinamiento es imposible. Se vive más al aire libre y el 80% del trabajo es informal, muchas familias dependen de comprar y vender cosas en la calle.

Ahora el número de contagios ha bajado y han aumentado algo las vacunas. Hacia el 10% de la población está vacunada, pero el aumento de dosis administradas depende mucho de su disponibilidad, porque el Ministerio de Sanidad no las está comprando, dependemos de las que pone a nuestra disposición China, de donde son las vacunas que tenemos puestas.

«Necesitamos camas, un aparato de tensión, concentradores de oxígeno para transformar el aire del ambiente y así no utilizar tantas botellas de oxígeno»

En nuestra comunidad de religiosas casi todas pasamos la infección entre febrero y marzo. Yo tuve el Covid-19 grave. En esos meses decidimos hacer unas habitaciones para tratar enfermos de sida y de Covid-19, al mismo tiempo, servirían para tratar en pacientes que debían ser aislados, como enfermos con meningitis o con tuberculosis muy resistentes que son muy contagiosas. Manos Unidas nos ayudó en la construcción y ahora necesitamos ayudas para equipamientos de pequeñas cosas.

parte del equipo de sanitarias del Hospital Carmelo

¿Qué cosas les hacen falta?
Necesitamos camas, un aparato de tensión, concentradores de oxígeno para transformar el aire del ambiente y así no utilizar tantas botellas de oxígeno. También queremos hacer una farmacia porque no tenemos medicamentos. Hay que irse hasta Maputo, a cuatro horas, para encontrar medicamentos como la furosemida. Ya tenemos la acreditación del Ministerio y ahora nos falta edificarla. Hay muchas brechas abiertas y vamos luchando para completar las necesidades que tiene la gente a nuestro alrededor.

«Es una pena que en España habléis de la tercera dosis y allí no hay vacunas. ¡Hay cosas tan injustas!»

¿Cómo es ese choque de ver que allí no hay vacunas y aquí estamos aumentando la población con tercera dosis puesta?
Es una pena que en España habléis de la tercera dosis y allí no hay vacunas. ¡Hay cosas tan injustas!. Solamente por haber nacido aquí tenemos derecho a todo y nacer en otros sitios significa no tener derecho a nada. En España no se habla de África, ninguna televisión lo hace. No se conoce la realidad de otros países y solamente se va a África para aprovechar los recursos que hay allí.

Durante su especialidad en España, ejerció la medicina aquí. ¿Cómo es el día a día del ejercicio de la medicina en España y en Mozambique?
Bueno, aquella época de la especialidad creo que estaba un poco mejor, pero ahora veo el ejercicio de la medicina totalmente deshumanizado. La medicina se ha troceado en muchas especialidades y el médico no ve al enfermo en su totalidad como persona. Ahora, con el Covid-19, está siendo aún más difícil el contacto.

Dra. Verdú: «En Mozambique hacemos una medicina muy cerca de la gente, tenemos que pensar mucho, ya que no tenemos recursos. Es una vida mucho más plena»

En cambio en Mozambique hacemos una medicina muy cerca de la gente, tenemos que pensar mucho, ya que no tenemos recursos, y esto estimula más el contacto humano y el intento de soluciones de otro tipo, te obliga a desenvolver el ingenio y con poco se salva a mucha gente. Creo que como médico, como persona e hija de la Caridad, tendría que pagar por estar en Mozambique, es una vida mucho más plena.

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