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Basilio López: “En oncología radioterápica una sonrisa al paciente vale el doble, porque trabajamos en el sótano del hospital”

Autor del libro ‘Te escucho, te entiendo, te ayudo. Atención al paciente en radioterapia’ y profesional del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital de Fuenlabrada

Basilio-López

..Cristina Cebrián.
Una sonrisa o una mirada cómplice del profesional sanitario al paciente que se somete a un tratamiento oncológico puede hacer que una sala fría y llena de máquinas se convierta en un lugar agradable, donde el trato humano adquiere más valor aún. En iSanidad conversamos sobre esto con Basilio López, autor del libro Te escucho, te entiendo, te ayudo. Atención al paciente en radioterapia; y profesional del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital de Fuenlabrada de Madrid. Para él, es muy importante que los sanitarios entiendan el papel crucial que tienen en el crecimiento personal del paciente: “Muchas veces se sienten bien porque están percibiendo el cariño de los profesionales y se emocionan por ello”.

Además de técnico de radioterapia, López es psicólogo y profesor en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y en el Instituto Santa Gema Galgani de Madrid. Y, en medio de todas sus actividades diarias, ha sacado tiempo para publicar este libro que está disponible en Amazon y que ya va camino de su segunda edición.

Te escucho, te entiendo, te ayudo… ¿Realmente el profesional sanitario es consciente del valor que tienen estas acciones para el paciente y su mejoría?
Yo creo que sí es consciente. De hecho, con este libro estoy validando lo que ya hacemos. Lo que planteo es que captamos muchas señales en la otra persona que indican si me está escuchando, si muestra comprensión y, sobre todo, si va a movilizarse para ayudarme. El hecho de que nosotros como profesionales podamos estar al otro lado en una situación de ayuda nos habilita para, sin ser conscientes muchas veces, cubrir las necesidades de otra persona.

El paciente necesita observar que lo escuchamos, sentir que lo entendemos y percibir señales claras de que vamos a ayudarlo

Basilio-LópezTodo esto lo he resumido en tres fases: “te escucho, te entiendo, te ayudo”. En una ocasión, comprando con mi hija, una señora sufrió una caída delante de nosotros y, mientras yo llamaba a la ambulancia, mi hija realizó estas tres acciones. Vi cómo escuchaba, llamó al hijo de la mujer y, en definitiva, le ayudó. Ahí me di cuenta de que esto lo hacemos de forma natural, pero muchas veces no sabemos que lo hacemos.

El hecho de saber que estas tres acciones son importantes nos ayuda a los sanitarios. Te escucho, te entiendo y te ayudo es un punto de encuentro entre el profesional y el paciente. Ambos se sienten bien porque coinciden justo ahí, cada uno desde su perspectiva. El profesional sabe que tiene que insistir en esto y el paciente recibe lo que necesita. Esto es: observar que los escuchamos, sentir que los entendemos y percibir señales claras de que vamos a ayudarlos.

A través de estudios de calidad sabemos que los pacientes valoran, por un lado, las habilidades técnicas y conocimientos del profesional y, por otro, la parte humana, el cómo me atienden. El paciente necesita profesionales sensibles, que sepan lo que hacen, que sean sociales y competentes. Pero, además, que den señales claras de estar dispuestos a ayudarle.

Nuestro trabajo como técnicos en oncología radioterápica es muy bonito porque acompañamos a los pacientes durante muchos días y sesiones. Aquí el “te escucho, te entiendo, te ayudo” se da continuamente

¿Qué le animó a escribir el libro?
En una ocasión, el psicólogo Daniel Goleman explicó que existen tres niveles de empatía: cognitiva, emocional y compasiva y me di cuenta de que esto encaja perfectamente con “te escucho, te entiendo, te ayudo”. Estos tres niveles de empatía existen porque necesitamos cubrirlos en una situación de ayuda. Si no me escuchan, no me van a entender. Y, si no me entienden, tampoco me van a ayudar. En este sentido, el paciente necesita percibir esto, para no sentirse perdido y frustrado.

¿Cómo aplica estas tres premisas en su trabajo, en el servicio de oncología radioterápica, más allá de la parte técnica?
Nuestro trabajo como técnicos es muy bonito porque acompañamos a los pacientes durante muchos días. En un capítulo del libro que se titula ‘Un lugar privilegiado’ cuento el trabajo que hacemos y cómo los pacientes pasan por distintas fases desde el inicio hasta el final del tratamiento. Percibimos en ellos distintos niveles de ansiedad y, al escucharlos y acompañarlos durante el proceso, observamos cómo baja esa ansiedad a lo largo de los días.

Los acompañamos en muchas sesiones y eso crea una relación muy bonita. De hecho, cuando terminan el tratamiento, siempre se despiden con abrazos y alguna que otra lágrima. Nos gusta mucho nuestro trabajo en radioterapia porque el trato con el paciente es muy frecuente y se da incluso durante meses. Aquí el “te escucho, te entiendo, te ayudo”, se da continuamente.

Muchas veces los pacientes se sienten bien porque perciben el cariño de los profesionales sanitarios y se emocionan por ello al superar sus expectativas

Por otro lado, nuestro trabajo lo desarrollamos en los sótanos del hospital y, un sitio que puede parecer frío y está lleno de máquinas, en realidad es un lugar donde una sonrisa vale el doble. Es decir, el trato humano tiene todavía mucho más valor, porque el paciente lo necesita. Además, sabemos que en el 85% de los pacientes oncológicos se produce un cierto crecimiento personal. Cuando finaliza el tratamiento, tienen una imagen de sí mismos mejor de la que tenían al empezar, no solo de sí mismos, sino también del mundo que les rodea y del resto de personas. Esto tiene mucho que ver con sus expectativas al empezar el tratamiento y, conforme van pasando los días, se ven mucho más fuertes.

Además, se han podido sentir bien gracias a la sonrisa de un técnico, a una conversación con otro paciente, etc. Se emocionan y eso les hace sentir muy bien. De hecho, se reconcilian con la propia naturaleza humana. Es muy importante que los sanitarios sepan que tienen un papel crucial en el crecimiento personal del paciente. Muchas veces los pacientes se sienten bien porque están percibiendo el cariño de los profesionales y se emocionan por ello. Supera sus expectativas.

Los pacientes entienden que los sanitarios no somos infalibles y muchas veces nos equivocamos. Pero, lo que no nos van a perdonar es que no intentemos ayudarles

¿Qué herramientas o competencias básicas necesitan los profesionales sanitarios para tratar a estos pacientes?
Necesitan tener cierta sensibilidad, además de los conocimientos técnicos. Sin embargo, el hecho de realizar un esfuerzo consciente para ofrecer una buena atención supone un desgaste importante para el profesional. Pero estoy convencido de que, el profesional sanitario que tiene vocación y tiene una imagen clara de qué profesional quiere ser, se siente súper bien. De manera que, en la medida que esto se interioriza, cada vez se necesita invertir menos recursos.

Es probable que su libro llegue, o ya se encuentre, en las bibliotecas de las facultades de Ciencias de la Salud. Desde su experiencia también como docente, ¿cree que se necesita más formación en comunicación y escucha al paciente desde la Universidad?
Tengo muchas dudas sobre la necesidad de crear asignaturas sobre habilidades sociales y comunicación, aunque nunca está de más. En general, el ser humano se comunica relativamente bien y lo que si considero importante es conocer cómo somos. En el libro planteo, a través de diferentes estudios, cómo entender la ambivalencia del comportamiento humano y es importante reflexionar sobre si estamos haciendo las cosas bien. Por eso, la duda debe acompañarnos, de forma positiva, para plantearnos si podemos hacer las cosas un poco mejor.

Por otro lado, los pacientes entienden que los sanitarios no somos infalibles y muchas veces nos equivocamos. Pero, lo que no nos van a perdonar es que no intentemos ayudarles. De hecho, lo peor que puede sentir un paciente es pensar que te estás desentendiendo de él, sentirse abandonado. Esto es devastador para el paciente y hay que tener mucho cuidado con esto. Por eso, las habilidades de comunicación y sociales son muy útiles, pero es muy importante también fijar un objetivo.

En el caso de los oncólogos, que ven situaciones bastante duras, es importante gestionar su impacto emocional. Para ello, ayuda mucho hablar con los compañeros y ser conscientes de que quien realmente lo está pasando mal es el paciente

Imagino que aquello de “llevarse el trabajo a casa” en estos casos no es recomendable, de cara al impacto emocional que puede afectar a los profesionales. ¿Cómo deberían gestionar esas emociones los sanitarios?
En mi caso, como técnico radiólogo, el impacto emocional es menor de lo que parece. De hecho, muchas veces obtenemos un crecimiento personal, porque te sientes bien haciendo tu trabajo. Aunque también vemos situaciones que impactan, una vez que sales del hospital, lo dejas ahí. Nuestra mente está diseñada para reaccionar ante lo que tiene delante.

En el caso de los oncólogos, que ven situaciones bastante duras, es importante gestionar su impacto emocional. Para ello, ayuda mucho hablar con los compañeros y ser conscientes de que quien realmente lo está pasando mal es el paciente. A mi, personalmente, me ayuda mucho hablar con los compañeros, porque son los que me pueden entender mejor.   

¿Le ha resultado fácil sacar tiempo para compaginar su labor diaria en el Hospital de Fuenlabrada con la de escritor?
Sí, al final es una cuestión de organización y de prioridades. Por ejemplo, practico mucho deporte y lo que no hago es ver series o películas. Esto me ha permitido escribir el libro en unos dos meses y medio. Aunque después me di cuenta de que escribir un libro llevaba más de dos meses y medio (risas). Tuve que realizar muchas correcciones, con ayuda de mi mujer y de alguna compañera de trabajo. Al final, he dedicado entre ocho y nueve meses para tener el libro y ahora ya estoy pensando en la segunda edición.

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