Diagnóstico y tratamiento del cáncer de endometrio, una neoplasia genital más frecuente en los países occidentales

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..Victoria Guillén.
El cáncer de endometrio se trata de una neoplasia genital femenina que resulta más frecuente en los países occidentales. Cada año se detectan 14 nuevos casos por 100.000 habitantes. Concretamente, en España se registraron 6.800 nuevos casos de cáncer de endometrio y 1.000 en Madrid. Así, los Servicios de Obstetricia y Ginecología detectan 15-20 nuevos casos anuales. Además, menos del 10% de los casos detectados son de origen hereditario. En este sentido, el Dr. Ricardo Sáinz de la Cuesta Abbad, jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Universitario Quirónsalud, ha explicado en Doryos, una plataforma digital de conocimiento médico hecha por y para médicos, el diagnóstico y tratamiento del cáncer de endometrio.

Menos del 10% de los casos de cáncer de endometrio detectados son de origen hereditario

Uno de los principales factores que aumentan el riesgo de padecer este tipo de cáncer es el exceso de estrógeno producido por la obesidad. Según el Dr. Sáinz de la Cuesta, para realizar un diagnóstico correcto es importante realizar diferentes pruebas diagnósticas. Entre ellas, la anamnesis y exploración pélvica, citología, ecografía, biopsia del endometrio y, por último, una resonancia magnética del abdomen y pelvis.

«El tratamiento principal de cáncer de endometrio será una histerectomía con una doble anexectomía y una biopsia selectiva de ganglio centinelas pélvicos bilaterales, preferentemente por vía mínimamente invasiva. Si no se identifica uno de los ganglios se deberá completar la linfadenectomía pélvica de ese lado», ha señalado el Dr. Sáinz de la Cuesta. Asimismo, ha añadido que «es importante realizar una valoración linfática pélvica desde el punto de vista del pronóstico de la paciente y de su tratamiento adyuvante. Asimismo, las linfadenectomías paraaórticas no son necesarias porque la afectación paraaórtica, sin afectación pélvica, ocurre en menos de un 3% de los casos. Su realización sistemática no ha demostrado que mejore la supervivencia de estas pacientes».

Según el Dr. Sainz de la Cuesta, es importante realizar una valoración linfática desde el punto de vista del pronóstico y del tratamiento adyuvante de la paciente

El estudio molecular busca mutaciones en los genes de reparación por falta de coincidencia del ADN (mismatch-repair): MLH1, MSH2, MSH3 yPMS2. «Este estudio debe realizarse a todas las mujeres mayores de 50 años buscando aquellas pacientes portadoras del Síndrome de Lynch de herencia autosómico dominante», ha apuntado.

Así, no precisan de tratamiento adyuvante aquellas mujeres con tumores endometrioides, grado 1 y 2, con invasión menor del 50% del miometrio y supervivencia de un 97%. «Estos tumores con 50% de invasión miometrial y/o afectación linfovascular los tratamos con braquiterapia vaginal postoperatoria. Los endometrioides, grado 3 y de células claras con irradiación pélvica total; y los serosos y carcinosarcomas con carboplatino/paclitaxel y branquiterapia vaginal. Finalmente, los pacientes con afectación ganglionar las tratamos con 6 ciclos de carboplatino/paclitaxel +/- radioterapia, en función de otros factores de riesgo», ha manifestado el especialista.

Las recidivas únicas en colostomía tras cirugía primaria suelen tratarse con irradiación pélvica total. Respecto a las recidivas a distancia de tumores, grado 1 y 2 con receptores hormonales positivos, el Dr. Sáinz de la Cuesta ha declarado que «se tratan con progestágenos tamoxifeno o letrozol (inhibidores de aromatasas)». En segunda o tercera línea también se puede utilizar letrozol y everolimus (inmunosupresor). Por otra parte, «las recidivas de los carcinomas de alto grado se tratan con carboplatino/paclitaxel. Añadimos trastuzumab en tumores con sobre exposición», ha apuntado el Dr. Sáinz de la Cuesta.

Las mujeres con tumores endometrioides, grado 1 y 2, con invasión menor del 50% del miometrio y supervivencia de un 97%, no precisan tratamiento adyuvante

Finalmente, el seguimiento se realiza dependiendo del tumor. En este sentido, los tumores de bajo riesgo se supervisan casa seis meses los tres primeros años. En tumores de alto riesgo el seguimiento se lleva a cabo cada tres o cuatro meses los dos primeros años y cada seis hasta los cinco años.  Así, en este tipo de tumores es clave la sintomatología o los signos de sospecha que pueda presentar la paciente.

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