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Dr. Santiago Moreno: «Los no vacunados son los primeros en los que debemos evitar la progresión del Covid-19»

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..Gema Maldonado.
Los datos de seguimiento epidemiológico desde la llegada de las vacunas frente al Covid-19 muestran que la progresión de la enfermedad hacia las formas más graves y las muertes se ceba con las personas que no han recibido las vacunas contra el SARS-CoV-2, por tanto, son «los primeros en los que debemos intentar evitar la progresión del Covid-19. Hay quien diría que no es justo: pero es la realidad y nuestra obligación«, ha dicho el Dr. Santiago Moreno, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

En un encuentro online organizado por MSD, el experto ha explicado las últimas novedades sobre el tratamiento del Covid-19 presentadas en el Congreso Europeo de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas, celebrado en Lisboa del 23 al 26 de abril. El pasado mes de enero Ministerio de Sanidad la tasa de ingresos por cada 100.000 habitantes, así como la de UCI y las muertes eran mayor en todas las franjas de edad entre las personas no vacunadas. La diferencia crecía especialmente en los mayores de 60 años y era muy significativa en los mayores de 80 años.

Se ha podido ver que la tasa de hospitalización, UCI y muertes por la progresión del Covid-19 es mucho mayor en no vacunados

Esto convierte a las personas no vacunadas en el primer grupo al que asignar los tratamientos cuando la enfermedad tiene sintomatología de leve a moderada con el fin de evitar una mayor gravedad, ingreso y muerte. El segundo grupo más afectado, aunque presenta una mortalidad «muy baja», son los mayores de 80 años que sí se han vacunado. Por tanto, «es el grupo subsidiario que debe recibir la medicación».

Por último, y según reflejan los estudios, los mayores de 65 años con comorbilidades y las personas inmunodeprimidas, es otro de los grupos que se ha comprobado que más riesgo tienen de acabar ingresados en cuidados intensivos por Covid-19. Para ellos, también deben ir los antivirales y anticuerpos monoclonales disponibles. La falta de disponibilidad de los fármacos disponibles, cuyo acceso aún es restringido, obliga a limitar su en función de una serie de criterios quién pude recibirlos. Estos tres grupos son los que establece la Comunidad de Madrid, el Ministerio de Sanidad y los organismos internacionales.

La variante Ómicon se hizo resistente «a todos los anticuerpos monoclonales, menos a sotrovimab». Pero la subvariante B.A.2 «parece que también es resistente a sotrovimab»

Los criterios de selección del fármaco son «su eficacia clínica según sus resultados en ensayos, que la cepa circulante del virus sea sensible al medicamento a utilizar, las características del fármaco (a quién se indica, la comodidad de administración y la potencial interacción con otros fármacos) y la disponibilidad del medicamento», ha explicado el Dr. Moreno.

Ómicron es la variante dominante, causa el 100% de los contagios. Por tanto, atendiendo a su eficacia y a la variante del virus, se reducen las opciones, ya que «esta variante se hizo resistente a todos los anticuerpos monoclonales disponibles, menos a sotrovimab». Sin embargo, la subvariante de Ómicron B.A.2 «parece que también es resistente a sotrovimab, se está estudiando», ha señalado el infectólogo.

Esto ocurre por el momento con los anticuerpos monoclonales, pero no con los antivirales. «Los tres antivirales de molécula pequeña disponibles sería activos frente a todas las variantes», ha dicho. Son el inhibidor de proteasa CL3 nirmatrelvir + ritonavir, comercializado por Pfizer como Paxlovid, el análogo a ribonucleósidos Molnupiravir, de MSD, y el inhibidor de la polimerasa remedesivir, comercializado por Gilead como Veklury.

«Los tres antivirales de molécula pequeña disponibles sería activos frente a todas las variantes»: Paxlovid, Molnupiravir y Veklury

En el reciente congreso de Lisboa se han presentado resultados del estudio Move-Out, donde molnupiravir «ha demostrado que reduce más rápidamente la carga viral en los pacientes en comparación con el placebo, desde el día tres de tratamiento ya no hay virus replicativo, por lo que deja rápidamente al individuo como no infectivo», ha señalado el Dr. Moreno. Además, «reduce de manera importante la pérdida de olfato y el cansancio, síntomas específicos asociados al Covid-19″. En pacientes inmunodeprimidos «hay una diferencia muy importante en la tasa de hospitalización, que se reduce mucho, en comparación con el placebo», ha añadido.

Todo esto, pese a que «las nuevas variantes han puesto límite a los anticuerpos monoclonales, mantenemos los antivirales activos. Esperemos que no aparezca una variante que sea resistente a tratamientos y vacunas«, ha expuesto el experto. Y es que la inmunización proporcionada por las vacunas, la proporcionada por la propia infección y los nuevos antivirales son para el Dr. Moreno factores clave en la situación epidemiológica actual. Pero recuerda que diferentes estudios indican que las vacunas «pierden efectividad a los seis meses». Por eso, desde su punto de vista, «ahora mismo está claro que los inmunodeprimidos y los mayores necesitan una cuarta dosis».

«Ahora mismo está claro que los inmunodeprimidos y los mayores necesitan una cuarta dosis»

¿Y la población general? «Imagino que se está viendo cómo evoluciona la situación estos meses para evaluar la necesidad de una cuarta dosis». Pronostica que la política de vacunación dependerá de lo que ocurra de aquí al próximo otoño-invierno. Si se convierte en un virus estacional, se verá «si nos vacunan cada año». Si no es estacional «la vacunación quizá tiene que ir en función del tiempo que tarde en desaparecer la inmunización», concluyó.

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