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Dra. Anna García-Altés (AES): “No se trata de hacer recortes: se debe optimizar el gasto en sanidad”

..J.P.R.
La crisis energética y de suministros y los problemas derivados de la guerra en Ucrania afectan también a un sistema sanitario muy tensionado aún por la crisis financiera de 2008 y por la pandemia de Covid-19. La presidenta de la Asociación de Economía de la Salud (AES), la Dra. Ana García-Altés, subraya la necesidad de invertir en medidas de eficiencia energética en los hospitales tanto públicos como privados. “Se debe urgir a medidas generalizadas en el SNS como centrales de compras agregadas de todos los centros y desde luego urgir a alianzas entre gobiernos autonómicos”, destaca la Dra. García-Altés.

Gas, electricidad, suministros… ¿Todo el sistema de salud se va a ver afectado?, ¿lo van a sufrir tanto los hospitales públicos y privados como la industria sanitaria (infraestructuras, medicamentos o tecnología)?
Desde luego todos los centros tanto públicos como privados, sufren en su gasto, en sus “facturas”, el aumento del precio del consumo energético. Pensemos que los hospitales por definición son centros “de producción” que funcionan 24/365, sin parar. Se debe seguir invirtiendo en medidas de eficiencia energética, disminuyendo todo lo posible su impacto ambiental pero en el corto plazo, el coste ha aumentado como para cualquier sector y para cualquier persona. Se incluye también los productos sanitarios, fármacos y equipo tecnológicos, a los que se les puede unir esta crisis de materiales, por lo que su precio aumenta y, su mantenimiento, también.

«Desde luego todos los centros tanto públicos como privados, sufren en su gasto, en sus “facturas”, el aumento del precio del consumo energético»

Se debe urgir a medidas generalizadas en el SNS como centrales de compras agregadas de todos los centros y desde luego urgir a alianzas entre gobiernos autonómicos y consejerías para ampliar y mejorar este factor, así como valorar un coste anual de mantenimiento y fórmulas de financiación que resulten asequibles para el sistema de salud en su conjunto.

¿Se está explicando bien si el problema es aumentar los ingresos (o presupuestos) o disminuir los costes?, ¿disminuir los costes es hacer recortes?
Se pueden aumentar los ingresos pero de una forma ordenada, organizada, con la mejor visión social posible a largo plazo y, no tanto, políticamente cortoplacista. Para los determinantes de salud marcados desde Canadá en los años 70 por Lalonde recordemos que el sistema sanitario puede mejorar la salud, la calidad de vida, la esperanza de vida en un máximo de un 25% por ciento (el resto depende de la biología y genética de cada uno, del medio ambiente donde vivimos de cómo es nuestro estilo de vida y, especialmente, de las condiciones sociales en las que vivimos). Es preferible insistir en que debemos hacer más políticas públicas orientadas a la mejora de los condicionantes sociales antes que en el sistema sanitario. Pero estamos inmersos en una espiral histórica de “más sistema sanitario y más gasto”.

«Se pueden aumentar los ingresos pero de una forma ordenada, organizada, con la mejor visión social posible a largo plazo y, no tanto, políticamente cortoplacista»

Con ello, no se trata de hacer “recortes”: se debe optimizar el gasto en sanidad, es decir, profundizar de forma ágil en aquellas prácticas sin valor y en medidas que supongan una mejora del gasto para el conjunto de un sistema de salud regional o mejor, a nivel del SNS (por ej. como se hace con las compras de vacunas).

Debemos recordar que la economía de la salud investiga el uso óptimo de los recursos para la atención de la enfermedad y la promoción de la salud, así como para estimar la eficiencia de la organización de las políticas y los servicios de salud, realizando sugerencias de mejoras para esta organización, basadas en la mejor evidencia y experiencia posibles. La economía de la salud trata de responder a dónde se crea salud (qué organizaciones, qué sistemas, qué unidades, son las mejores generando un buen nivel de salud de la ciudadanía a la que cuidan y tratan), qué inversiones y estrategias producen las mayores ganancias de salud (maximizando su rendimiento) y cuáles son las que ayudan a reducir las desigualdades de salud.

Con ello lo que mostramos desde AES es que el verdadero coste de la atención sanitario no es dinero, ni los recursos que el dinero mide: son los beneficios sanitarios (recuperación funcional, aumento de la esperanza de vida, de la calidad de vida, paliación de síntomas, cuidados…) que pueden conseguirse si el “gasto sanitario” se utiliza realmente en la mejor alternativa posible. Esto es el coste de oportunidad: qué alternativa reduce mejor la incertidumbre y qué beneficio se obtiene en cantidad y calidad de vida con determinada acción. Siempre, teniendo en cuenta las utilidades más relevantes para la ciudadanía, para el usuario, para el paciente.

«La economía de la salud investiga el uso óptimo de los recursos para la atención de la enfermedad y la promoción de la salud, así como para estimar la eficiencia de la organización de las políticas y los servicios de salud»

Y a ello podemos añadir la ética profesional de cada talento que trabaja en el sector sanitario, a la hora de tomar la mejor decisión de cara a cada paciente, decisiones tanto diagnósticas como terapéuticas o de cuidados, que sean relevantes para la salud individual y colectiva y, compartidas con cada paciente.

La llegada del Covid, ¿ha supuesto un cambio en el problema económico del sistema de salud o simplemente ha desenmascarado los problemas económicos que estaban soterrados?
El impacto de la pandemia ha hecho más visibles problemas acuciantes para nuestro modelo de “sistema nacional de salud” como los problemas de coordinación, la problemática de la atención primaria, de las dificultades organizativas especialmente en este tipo de situaciones o la falta de una mejor financiación en políticas de salud pública y de evaluación de políticas públicas.

¿Se puede seguir trabajando para que las compañías se involucren en los programas “a éxito” de la recuperación de los pacientes? (cobrar solo en caso de que los pacientes se recuperen).
Por “compañías” podemos entender para esta cuestión, la industria farmacéutica y de productos sanitarios y, de tecnología sanitaria. En estos casos ya tenemos experiencia en la contratación con algunos productos farmacéuticos, de “resultados en los pacientes”. Es factible contratar o comprar al menos en un porcentaje interesante, 25-50%, un variable en el precio que se genere según resultados en pacientes en plazos de 5-10 años. Como un medio “bonus-malus” teniendo en cuenta también esa pérdida de resultados positivos o, generación de resultados negativos (por ej. valores predictivos o, generación de eventos secundarios).

El impacto de la pandemia ha hecho más visibles problemas acuciantes para nuestro modelo de “sistema nacional de salud”

¿Hay suficiente garantía jurídica en España como para que las grandes compañías del sector sanitario estén dispuestas a invertir?, ¿se dan las condiciones políticas, económicas y sociales?
Vivimos en una democracia y en una Unión Europea, plural, con sus problemáticas porque hay sectores o áreas de ciudadanía que plantean mejoras según su visión. Pero se trata precisamente de mejorar desde la polémica constructiva. En nuestro caso podemos decir que tenemos la doble seguridad de un marco jurídico autonómico y estatal y, otro, europeo, lo que debe suponer una garantía de seguridad jurídica para cualquier inversor. En estos momentos la situación puede seguir considerándose privilegiada y debe seguir siéndolo en los años venideros.

¿El final de la guerra de Ucrania será un alivio para los precios o hace falta algo más?
Esperamos la mejor solución desde el cese de hostilidades que en todo momento es unilateral. Desde aquí y dando solución como se está haciendo desde el inicio, a la problemática sanitaria que muestra una crisis de refugiados como ésta, claramente debe recuperar el nivel de precios.

El sistema sanitario debería ser de forma natural, sociosanitario para apoyar al social

¿Está el sistema preparado para asumir los costes del aumento de la esperanza de vida y la cronicidad?, ¿hay que hacer un cambio de mentalidad?
Seguramente todavía no. El sistema sanitario debería ser de forma natural, sociosanitario para apoyar al social. Debemos solicitar porque también como ciudadanía estamos implicadas, implicados, que las políticas sociales y sociosanitarias se desarrollen para el largo plazo. También debemos tener en cuenta, el sistema de pensiones o la adaptación al cambio climático. Es todo uno, con una evolución más rápida de lo que pensamos, por lo que esa adaptación de nuestra mentalidad colectiva debe realizarse en el muy corto plazo. ¿Quién no quiere para sus descendientes un sistema sanitario como el que nosotros, a pesar de las quejas y las problemáticas existentes, tenemos actualmente?

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