J. L. G.
La administración de los Estados Unidos (EEUU) cortó desde este martes los fondos destinados a decenas de investigaciones en marcha para entender por qué hay ciudadanos que dudan de las vacunas y, a su vez, tratar de encontrar vías para aumentar la aceptación hacia estas.
“Es la política de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) el no priorizar las actividades de investigación que se centren en aportar mayor conocimiento científico en por qué los individuos dudan sobre si ser vacunados y/o explorar vías para mejorar el interés y compromiso hacia las vacunas… Por lo tanto, la ayuda se termina”, se puede leer en un correo electrónico remitido a nivel interno y del que se ha hecho eco The Washington Post.
Bajo el título “Rescisiones obligatorias – 3/10/25”, la agencia remitió este email a sus empleados, en el que adjuntaba un nuevo listado de subvenciones a interrumpir de forma inmediata (“deben terminar, hoy”, recoge este medio, del correo al que ha tenido acceso). La razón es que estas investigaciones ya no están “alineadas a las prioridades de financiación de los NIH” asociadas a las dudas o la aceptación acerca de las vacunas.
En la actualidad, eran hasta 40 estudios los que estaban indagando sobre este fenómeno que preocupa a los científicos. No parece que lo haga con el actual secretario de Salud del Gobierno de Donald Trump, Robert Kennedy Jr., quien ha expresado públicamente su postura antivacunas. Entre otras afirmaciones, antes de ocupar su puesto como máximo dirigente de la salud de los EEUU, se dedicó a difundir desinformaciones sobre el vínculo entre vacunas y autismo.
Desde la dirección de los NIH se indica que estas investigaciones ya no están “alineadas a las prioridades de financiación”
Si bien, el periódico de Washington concreta que no tiene constancia de que la orden de cerrar el grifo económico a los estudios sobre vacunas venga “directa o indirectamente” de Kennedy, la semana pasada los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), recibieron una petición de la administración Trump para impulsar un estudio que averigüe una posible conexión entre vacunas y autismo. Todo ello a pesar de que varias investigaciones demostraron que no la hay.
Según detalla la revista científica Science, que pertenece a la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS), 14 de estas ayudas las daba el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas y englobaban patologías como mpox, el VPH, el virus, la varicela o la Covid-19. Una de ellas se centraba en la hipotética vacuna frente a la gonorrea, de la que también se trataba de conocer la aceptación que tendría entre pacientes y profesionales sanitarios, aunque a día de hoy no esté ninguna vacuna comercializada.
En el listado al que han tenido acceso algunos medios, también están las ayudas del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano, el de Salud Mental, y el de Ciencias Médicas Generales. Todas estas instituciones tenían en marcha, de una u otra manera, estudios financiados en los que las dudas hacia las vacunas eran una variable de otras muchas dentro de un modelo hipotético. Otras subvenciones no se han cortado del todo, sino solo parcialmente, como por ejemplo una que investiga el VIH en adolescentes. En este caso, se han cancelado subproyectos en el aspecto de las dudas que generan las vacunas entre la población, el hecho en cuestión al que va dirigida esta circular.
En cambio, desde la administración Trump se ha preguntado a los CDC sobre la posibilidad de impulsar un estudio que explique si hay alguna relación entre vacunas y autismo
Pero además, esta revista científica apunta a que el pasado 6 de marzo el actual director de los NIH, Matthew J. Memoli, solicitó información sobre las inversiones de la institución en la investigación de vacunas de ARNm, incluidas las subvenciones y contratos ya concedidos o en previsión.
Asimismo, la dirección también busca conocer las colaboraciones entre el instituto de salud gubernamental y los programas de investigación con los socios internacionales como ONG, entidades investigadoras u otros gobiernos. Y se detalla que han de aportar información a todos los niveles: datos compartidos, si es para asistencia técnica o formativa, o si participan en grupos de trabajo o asesores.
Los centros adscritos a los NIH tienen que responder, como tarde, para la próxima semana. Es decir, antes de este 21 de marzo.








