De Granada a Barakaldo: cómo se vivió la emergencia en los servicios de medicina nuclear

El apagón obligó a suspender pruebas, priorizar pacientes y reorganizar la actividad en los servicios de medicina nuclear

Dres-Diego-Becerra-Iratxe-Martínez-SEMNIM

J.L. / J.P.R.
La oscuridad sorprendió a hospitales, colegios, comercios y viviendas. Para algunos servicios médicos, el corte de luz no solo fue un problema: supuso reprogramaciones urgentes, decisiones rápidas y adaptación total. “Al principio pensamos que era algo local, solo en nuestro servicio”, relata sobre el apagón el Dr. Diego Becerra, jefe del Servicio de Medicina Nuclear del Hospital Universitario Clínico San Cecilio de Granada y presidente de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (Semnim). “Nos mantuvimos tranquilos, con los pacientes dentro de los equipos, esperando que volviera la luz”. Al salir a comprobar, entendieron que la situación era más grave. “Vimos que el apagón era general. Sacamos a los pacientes de los equipos y suspendimos toda la actividad”, explica el Dr. Becerra. Las comunicaciones estaban cortadas, no podían contactar con los pacientes programados para la tarde ni con los de primera hora del día siguiente.

El apagón obligó a priorizar. “No teníamos pacientes en tratamiento ese día, por suerte”, dice. En hospitales donde sí había tratamientos en curso, las decisiones fueron inmediatas. En el Hospital Universitario Cruces de Barakaldo (Vizcaya), la jefa del Servicio de Medicina Nuclear y secretaria de Semnim, la Dra. Iratxe Fernández,  señala que “se activó el Plan de Contingencia, con órdenes claras de apagar ordenadores, parar lo no urgente y seguir solo con los casos prioritarios o los pacientes con tratamientos ya inyectados”.

«Las áreas críticas mantuvieron la energía, nosotros no teníamos pacientes en tratamiento”, explica el Dr. Diego Becerra

En Granada, mientras los grupos electrógenos alimentaban temporalmente algunas zonas del hospital, llegó la orden: reservar energía para las áreas críticas como UCI, quirófano y urgencias. El Servicio de Medicina Nuclear, sin pacientes urgentes en ese momento, quedó sin suministro. “Nos quedamos a oscuras y cerramos”, dice Becerra.

La reorganización de las pruebas pendientes fue inmediata. “Lo más difícil está siendo reubicar a los pacientes, porque las agendas ya estaban saturadas”, cuenta. Aun así, destaca la eficiencia con la que se recuperó la actividad. “Hoy estamos totalmente operativos. Toda la historia clínica es digital, y los equipos de mantenimiento e informática han trabajado toda la noche”.

En el País Vasco, la recuperación fue más rápida. “Fuimos afortunados”, dice la Dra. Fernández. “La electricidad volvió pronto y, aunque hubo inestabilidad en las telecomunicaciones, el hospital actuó con orden. Desde la dirección médica y de enfermería se enviaron partes detallados y se trabajó coordinadamente”.

“El hospital activó el Plan de Contingencia con órdenes claras. Se priorizó lo urgente y a los pacientes con tratamientos inyectados. No hubo incidencias mayores”, señala la Dra. Iratxe Fernández

El suministro de radiofármacos —esenciales para el diagnóstico y tratamiento nuclear— también resistió. “Nos sorprendió que llegaran a la hora habitual”, afirma Becerra. “Vienen desde Sevilla, y evidentemente han debido tener generadores funcionando en el ciclotrón”. Así también ha ocurrido en el Hospital de Cruces donde ha habido normalidad en la recepción de radiofármacos.

La jornada siguiente al apagón arrancó con normalidad aparente. A las 7:30, el Dr. Becerra encontró ya a varios pacientes esperando en la sala. “Todo el mundo llegó muy temprano. Supongo que por previsión, por no saber si habría problemas en el tráfico o en el hospital”.

Hoy, los servicios de medicina nuclear de ambos hospitales ya están operativos. Pero el apagón dejó una lección clara: en situaciones de crisis, lo técnico es importante, pero lo humano, más. Comunicación, coordinación y profesionalismo evitaron que un corte de energía se convirtiera en una emergencia médica.

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