Fátima del Reino Iniesta
El desgaste dental, tradicionalmente asociado a la edad, es hoy una afección común en pacientes cada vez más jóvenes. Esta fue una de las advertencias clave del Dr. Ernest Mallat Callís durante su intervención en el Congreso Internacional conjunto de la Sociedad Española de Disfunción Craneomandibular y Dolor Orofacial (Sedcydo), la Sociedad Española de Gerodontología (Seger) y la Sociedad Española de Medicina Oral (SEMO), celebrado este viernes en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
Según el Dr. Mallat, «no es normal que una persona de 20 años desgaste los dientes», y, sin embargo, cada vez se observan más casos de jóvenes con coronas clínicas cortas, cúspides invertidas y facetas de desgaste en incisivos inferiores. El ponente, especialista en prótesis y vocal de la Sociedad Española de Prótesis Estomatológica y Estética (Sepes), defendió que la base de cualquier tratamiento restaurador exitoso debe partir de un diagnóstico etiológico riguroso.
«Si no identificamos la causa del desgaste, nuestras restauraciones no durarán», advirtió el Dr. Mallat
Mallat estructuró su ponencia abordando los tipos de desgaste dentario más comunes, diferenciando entre erosión química, atrición funcional, parafuncional y disfuncional, además de tratar también la abrasión y las afracciones. A lo largo de su exposición, ilustró cada entidad con casos clínicos documentados y enfatizó la importancia de distinguir correctamente entre estos para evitar tratamientos erróneos.
Erosión química: la más frecuente
La erosión química, tanto de origen endógeno (como el reflujo gastroesofágico) como exógeno (bebidas carbonatadas), es la forma más habitual de desgaste. «La afectación palatina de los dientes anteriores es patognomónica de reflujo ácido», explicó el Dr. Mallat, recordando que la cerámica o el composite sin soporte palatino es inviable clínicamente.
En muchos casos, los pacientes ya han abandonado el hábito o tratado el reflujo, pero el daño estructural persiste. «El hecho de que el composite quede más alto que la dentina es un indicador de erosión», dijo durante su ponencia. Además, añadió que la evaluación retrospectiva de hábitos es fundamental.
«Cada milímetro de sobremordida requiere un milímetro de resalte para evitar atriciones funcionales»
Atrición funcional: un diagnóstico infravalorado
Uno de los puntos más novedosos de su intervención fue el análisis de la atrición funcional causada por la envolvente de función constreñida, un fenómeno donde los dientes inferiores chocan con los superiores antes de alcanzar máxima intercuspidación.
«Cada milímetro de sobremordida necesita un milímetro de resalte para evitar atriciones funcionales«, puntualizó. También, explicó que un resalte insuficiente genera planos inclinados que acaban desgastando los incisivos. Este tipo de desgaste, frecuente en pacientes sin síntomas, puede pasar desapercibido si no se evalúa adecuadamente la dinámica funcional anterior.
Parafunción y disfunción: cómo diferenciarlas
En contraste, la atrición parafuncional (bruxismo) se caracteriza por desgastes horizontales generalizados. «La dentina y el esmalte aparecen al mismo nivel», apuntó. En estos casos, la férula oclusal es siempre necesaria.
«La dentina esclerótica es un mal sustrato adhesivo. Hay que eliminarla antes de aplicar el sistema adhesivo»
Más difícil de detectar es la atrición disfuncional, generada por contactos prematuros que fuerzan patrones masticatorios anómalos. Aquí, el Dr. Mallat recomendó seguir un esquema diagnóstico secuencial: primero descartar erosión química, luego atrición funcional y parafuncional, y, si todas fallan, considerar disfunción.
Afracciones y abrasión: cuándo obturar
En cuanto a las lesiones por fricción cervical (afracciones), explicó que se relacionan con contactos oclusales inapropiados, sobre todo vertiente contra vertiente. “Eso genera microtorsiones constantes en la estructura dental”, indicó. En estos casos, la solución no es solo restaurar, sino eliminar contactos traumáticos mediante ajuste oclusal.
“Cuando la lesión tiene más de un milímetro, hipersensibilidad o valor estético negativo, debe restaurarse. Pero si no hay estructura de soporte palatino, esa restauración fracasará”, enfatizó.
En un caso clínico ilustrativo, mostró cómo un desgaste localizado en incisivos inferiores no respondía a ninguna de las causas habituales. Tras descartar todas las opciones, detectó una prematuridad oclusal posterior que forzaba un patrón de masticación alterado. El tratamiento no fue colocar carillas, sino reajustar la oclusión, eliminar la prematuridad y después reconstruir. “Nunca tratéis sin diagnosticar. Porque si no elimináis la causa, el problema volverá, y más rápido de lo que pensáis”, concluyó Mallat.









