Luis de Haro. Director general de iSanidad
Durante años, la Agencia Estatal de Salud Pública ha sido un mito administrativo que todo el mundo echaba en falta. Pero ahora, por arte de decreto y necesidad evidente, se nos presenta como la solución a casi todo: pandemias, desigualdades, descoordinación interterritorial y, con suerte, hasta el insomnio de los epidemiólogos.
La misión de la recién aprobada Agencia de Salud Pública tiene como objetivo la vigilancia y evaluación, algo parecido a un par de prismáticos sanitarios
La Agencia nace con vocación de vigía de los riesgos sanitarios y de los determinantes sociales de la salud. Parece que será una especie de Sherlock Holmes institucional con lupa epidemiológica y sensibilidad social. Eso sí, nace sin casa, sin presupuesto, sin consenso, sin director… nace a modo de hermano pobre que va a necesitar el cariño de todos para poder llevar a cabo sus labores. Su misión de momento parece que será vigilar, algo muy lejano a ser operativa. La aspiración a mantener una coordinación real entre comunidades autónomas va a ser como querer que todos los instrumentos de una orquesta desafinada toquen al mismo compás. La Agencia tratará de ser ese director de orquesta, aunque por ahora tendrá que buscar su batuta y su partitura.
También lleva en su ADN asumir la perspectiva One Health, ese enfoque brillante que une humanos, animales y medioambiente en una sola narrativa sanitaria. Maravilloso en teoría, como una cena de Navidad bien organizada. Ahora necesita que todos aporten su grano de arena para que funcione. De momento Farmaindustria, Sespas, SEMPSPGS y Seimc ya han valorado positivamente su aprobación. No obstante, advierten que deberá ser independiente para tener sentido, una opción difícil al día de hoy.
Este organismo deberá ser independiente para tener sentido, una opción difícil si se pone en manos de los grupos políticos
El nuevo organismo podrá ser un faro en la oscuridad sanitaria si logra tres cosas: independencia operativa real, capacidad efectiva de coordinación y un compromiso firme con la transparencia y el conocimiento compartido. De lo contrario, será otra sigla decorativa que engrose el currículum de la burocracia española. Nadie quiere que pase a ser una agencia para lucir en el organigrama institucional. Los médicos tienen en sus manos convertirla en una verdadera herramienta de transformación sanitaria. Porque sin ciencia, sin criterio clínico y sin implicación profesional, no hay agencia que valga.










