Paula Baena
La revascularización en el ictus aterotrombótico representa una estrategia crítica para mejorar la evolución clínica inmediata del paciente y reducir significativamente el riesgo de recurrencias. Así lo explica la Dra. Marta Guillán Rodríguez, especialista del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, en la plataforma Doryos.
La especialista comienza distinguiendo con claridad los dos momentos clave en el abordaje del ictus aterotrombótico: la fase aguda y la fase subaguda o de secuelas. Mientras que el objetivo inmediato es lograr una reperfusión eficaz, la siguiente etapa se centra en prevenir nuevos episodios, lo que requiere una evaluación etiológica detallada y una intervención específica sobre la causa subyacente. “La clave de esta primera fase de revascularización es reperfundir, no solo recanalizar, y para eso solo existe el tiempo. No solo hacerlo bien, sino ser rápido”, explica, destacando la urgencia como factor pronóstico decisivo.
El abordaje puede incluir fibrinólisis intravenosa, trombectomía mecánica o ambas técnicas combinadas: “Lo ideal es que puedan combinarse ambas técnicas en casos de ictus grave”
En la fase aguda, la identificación rápida del vaso afectado es esencial. Para ello, los neurólogos deben interpretar de forma integrada la clínica, la neuroimagen y la valoración del tejido cerebral potencialmente recuperable. La Dra. Guillán subraya que el abordaje puede incluir fibrinólisis intravenosa, trombectomía mecánica o ambas técnicas combinadas. “Lo ideal es que puedan combinarse ambas técnicas en casos de ictus grave, porque las dos son posibles de realizar”, afirma. Este enfoque combinado ha demostrado ofrecer mejores resultados funcionales en determinados perfiles de pacientes, especialmente si se actúa dentro de la ventana terapéutica adecuada.
Aunque la mayor parte de la evidencia clínica se centra en las oclusiones proximales del territorio anterior, los avances tecnológicos están permitiendo extender las indicaciones. “Cada vez se puede aplicar la trombectomía mecánica en más arterias, porque el desarrollo de los stents es muy rápido”, indica, haciendo referencia a la evolución constante de los dispositivos y catéteres para navegación intracraneal.
Una vez que el paciente ha superado la fase aguda y se estabiliza clínicamente, se inicia la verdadera prevención secundaria. En este punto, según la especialista, no basta con resolver el evento isquémico inmediato. “No se trata solo de dar el alta tras haber tratado el ictus, porque eso no resuelve la causa”, advierte. En muchos casos, el ictus aterotrombótico es consecuencia de una aterosclerosis extensa y silente que ha progresado durante años. “Estamos ante una manifestación de una aterosclerosis muy avanzada que ya ha dado un ictus”, señala.
La identificación de estenosis extracraneales, fundamental
La identificación de estenosis extracraneales, especialmente en el territorio carotídeo, es fundamental. Las técnicas de imagen utilizadas durante la fase aguda, como la angio-TC, o estudios complementarios como el doppler cervical, permiten valorar la severidad de las placas ateromatosas. “Si existe una estenosis grave a nivel de la carótida, responsable del ictus, el objetivo será eliminar esa placa de ateroma”, explica. Las opciones terapéuticas incluyen la endarterectomía carotídea o, en determinados casos, el uso de stents mediante angioplastia. La decisión debe individualizarse en función de la localización, morfología de la lesión y condiciones clínicas del paciente.
Además, la Dra. Guillán también hace hincapié en la necesidad de modificar factores de riesgo vascular y reforzar los hábitos de vida saludable desde el primer momento, ya que el riesgo de recurrencia tras un ictus puede ser alarmantemente alto en ausencia de intervención. “Si no se interviene, la recurrencia puede alcanzar el 40 % en tan solo 10 días”, advierte. Por ello, el seguimiento especializado, el tratamiento antiagregante o anticoagulante según el perfil del paciente, y el control estricto de la hipertensión, dislipemia, diabetes y tabaquismo, son esenciales para evitar nuevos episodios.
Así, la Dra. Guillán concluye recordando que el ictus no debe abordarse como un evento aislado, sino como una consecuencia de una enfermedad vascular crónica mal controlada. “Cuando hablamos de revascularización, probablemente ya hemos fallado en aspectos fundamentales como los hábitos saludables y la prevención real de la aterosclerosis”, sentencia, subrayando la necesidad de un enfoque global e interdisciplinar en la prevención secundaria.
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