Luis de Haro. Director general de iSanidad
Mejorar el presente y el futuro de la sanidad española es una necesidad que tiene solución, no requiere de milagros ni de tecnología alienígena. Lo que sí parece escasear es la voluntad política y la capacidad de dejar los egos en la puerta. El Proyecto Venturi, liderado por Antonio Burgueño, tras cinco años de análisis profundo, ha publicado un libro-memoria al respecto. No solo identifica los problemas del Sistema Nacional de Salud, sino que ofrece soluciones concretas. Son soluciones que no se improvisan en una rueda de prensa ni tomando un café con los afines. Para hacer este documento ha sido necesario un trabajo fuerte de estudio, análisis y puesta en común.
La sanidad española tiene problemas y también tiene solución, pero falta que alguien se atreva a aplicarlas sin mirar primero si le beneficia políticamente
El documento recoge informes, artículos y propuestas que abordan hasta diez ámbitos clave: listas de espera, atención primaria, eficiencia quirúrgica, interconsultas, equidad territorial… Vamos, que no se han dejado ni una esquina por barrer. Y lo mejor: no se trata de diagnósticos abstractos, sino de estrategias aplicables. El problema es que aplicarlas implica arriesgar y decidir, es decir, implica asumir responsabilidades, que es donde el sistema suele tropezar.
Uno de los focos del informe es la atención primaria. Se propone rediseñar su papel como regulador del sistema, ajustando agendas, competencias y tiempos clínicos. Suena lógico porque lo es, además de viable. ¿Se hará? Bueno, eso ya depende de cuánto ego haya en la sala de reuniones. Porque en gestión sanitaria la lógica y desempeño no siempre ganan y la solución a la sanidad española pasa por las personas.
Aplicar las propuestas implica arriesgar y decidir, y asumir responsabilidades es el escalón donde el sistema suelen tropezar los gestores
Las listas de espera también reciben su dosis de análisis. Según los expertos del Proyecto Venturi, el problema no está en la lista en sí, sino en cómo se gestionan las entradas y salidas. Aumentar la actividad quirúrgica sin equilibrar los flujos es como intentar vaciar una bañera con el grifo abierto. Pero claro, los números venden. Y si algo vende, ¿para qué cambiarlo?
El estudio no se limita a señalar lo que funciona y lo que no, propone rediseñar procesos, gobernar flujos y repensar la estructura del sistema. Es decir, hacer lo que se supone que deberían hacer quienes toman decisiones. Pero eso exige algo más que informes: exige voluntad. Y, por qué no decirlo, exige ganas.








