Luis de Haro. Director general de iSanidad.
El nuevo Estatuto Marco para el personal médico en España parece más una novela por entregas que una reforma laboral, y de momento. Como toda buena historia interminable, este Estatuto Marco exige paciencia, una virtud que escasea en los pasillos de los hospitales. Paciencia para ver si se aprueba, paciencia para entenderlo, y paciencia para que no se desmonte todo si cambia el reparto ministerial.
Este Estatuto Marco exige paciencia y mucha negociación, unas virtudes que escasean en los pasillos de los hospitales y en el Ministerio
El texto actual no es precisamente una obra maestra. No incluye la jubilación anticipada, ni la jornada de 35 horas, ni medidas reales de conciliación. Las guardias siguen siendo obligatorias y no cuentan para la jubilación. Y por si fuera poco, propone una jornada de 48 horas semanales más 150 extra al año, todo esto sin descanso garantizado. ¿Quién dijo burnout?
Pero antes de encender las antorchas, conviene respirar hondo porque esto no está ni cerca de terminar. El Ministerio de Sanidad, en lugar de negociar con otros ministerios implicados, parece que ha preferido mirar hacia otro lado. Alegan que no tienen competencias. Y mientras tanto, los médicos mantienen su paciencia para ver si alguien les escucha para la redacción de este nuevo Estatuto Marco.
Esto no está ni cerca de terminar
La clasificación profesional tampoco mejora. Los médicos siguen sin estar en el grupo que les corresponde por formación ni por responsabilidad, de hecho, no hay incentivos, no hay reconocimiento, y sí, hay bastante frustración. Los sindicatos lo han dicho claro: el texto es parcial, insuficiente y no responde a las necesidades reales del personal sanitario. Si algo queda claro, es que el Estatuto Marco necesita más que retoques y paciencia, necesita diálogo, visión y compromiso. Y mientras eso llega, los médicos tendrán que seguir esperando. La sanidad no se reforma con prisas ni con parches, se reforma con firmeza y con respeto.
Y aquí entra otro factor que exige aún más paciencia: la política. Si Mónica García deja de ser ministra —algo nada improbable en un gobierno tan inestable que tenemos— todo este proceso podría quedar en el limbo. No hay garantías de continuidad ni señales de que esto vaya a acabar como está. Y eso, aunque suene pesimista, también es una oportunidad.











