Gema Maldonado Cantero (Oviedo)
La enfermedad medible residual en las neoplasias de la sangre es un parámetro que ya ha demostrado su utilidad clínica y que interesa, y mucho, a los hematólogos como herramienta para evaluar si el tratamiento ha sido eficaz, si la respuesta del paciente es completa y para hacer seguimiento de la remisión, si la hay. Pero también se ha convertido en un buen predictor del riesgo de las temidas recaídas y ofrece información que puede ser determinante para decidir cuál será el próximo tratamiento de forma muy personalizada.
Con todas las ventajas que ofrece tener una información así, no es de extrañar la afluencia de público que registró la primera de todas las ponencias del Congreso Nacional de Hematología, Hemoterapia, Trombosis y Hemostasia de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) y la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), que ha acogido Oviedo (Asturias) entre el jueves y el sábado.
La enfermedad medible residual se ha incluido en los últimos años en los protocolos de varias hematopatías malignas como herramienta importante para tomar decisiones terapéuticas
El Dr. José Alberto Orfao, subdirector del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, reconocido internacionalmente por su contribución al desarrollo de técnicas de diagnóstico para leucemia y linfoma, desgranó las últimas novedades y su visión de futuro sobre el que considera “el factor pronóstico independiente de mayor valor”.
Tanto es así, que la enfermedad medible residual se ha ido incluyendo en los últimos años en los protocolos de varias hematopatías malignas como una herramienta importante para tomar decisiones terapéuticas, explicó. En su conferencia, apuntó al creciente valor de su medición en sangre periférica, una metodología mucho menos invasiva que la medición en médula ósea, pero que aún tiene mucho que mejorar.
La medición de este parámetro permite a los hematólogos detectar si sigue habiendo o no células cancerosas que no se pueden ver en las pruebas convencionales. “Hoy sabemos que monitorizar la enfermedad residual tiene una importancia clínica enorme y que nos permite además individualizar el tratamiento”, afirmó el investigador. Las técnicas para medirla que están disponibles “soy muy sensibles” y hay estrategias para “prácticamente todas las hematopatías malignas”, quizá con la excepción de la leucemia mieloblástica aguda, para la que “tenemos que mejorar y refinar las estrategias”, apuntó.
Sobre las distintas metodologías disponibles para monitorizar este parámetro, el catedrático apuesta por verlas como técnicas complementarias y encontrar las ventajas de cada una de ellas”
Son varias las metodologías y técnicas disponibles para monitorizar este valor: desde la citometría convencional a la de nueva generación y las técnicas moleculares que ahora se sirven de las NGS (Secuenciación de Próxima Generación). ¿Cuál es la mejor? El investigador apuesta por “verlas como técnicas complementarias y encontrar las ventajas de cada una de ellas”.
Así, explicó la utilidad de las técnicas fenotípicas para ver de manera rápida el efecto que está teniendo un inhibidor y comprobar si hay presencia del “fenotipo aberrante”. Otra opción son las técnicas basadas en RNA mensajero, que “para el mismo volumen de muestra sería más sensible” que otras, pero solo ofrece información del parámetro enfermedad residual “sin información complementaria sobre la muestra u otros tipos de células”.
Pese a todas las opciones disponibles, el también catedrático de la Universidad apuntó a la necesidad de métodos “todavía más sensibles” para poder hacer una medición en muestras menos invasivas y poder tener información de otros parámetros. Con las nuevas estrategias de inmunoterapia, destacó lo “importante” que sería “poder identificar el mejor target para una terapia de segunda, tercera o siguiente línea” y poder medir parámetros que monitorizan “efectos del tratamiento más allá de la enfermedad residual”.
“Métodos mínimamente invasivos, sobre todo en sangre periférica nos van a permitir monitorizar enfermedad residual más frecuentemente»
“La utilización de métodos mínimamente invasivos, sobre todo en sangre periférica, y técnicas más sensibles, nos van a permitir monitorizar enfermedad residual más frecuentemente y evaluar simultáneamente efectos tóxicos o incluso la concentración y persistencia del fármaco”, explicó. Aunque el investigador situó este escenario aún en el futuro, también habló de algunos casos en los que la medición en sangre ya resulta fiable.
Es el caso de la leucemia linfoblástica T, donde la comparación de la medición en sangre y en médula ósea arroja “un porcentaje de discrepancias entre resultados positivos y negativos en ambas muestras mínimo”. No ocurre lo mismo en las leucemias linfoblásticas de precursores B, donde “más de una cuarta parte de los casos positivos en médula ósea son negativos en sangre”.
El profesor concluyó que el estudio en sangre “quizá pueda sustituir en algunas enfermedades” el estudio de médula ósea
El profesor concluyó que el estudio en sangre “quizá pueda sustituir en algunas enfermedades” el estudio de médula ósea, con la ventaja de poder hacer la medición más frecuentemente. Además, cree que habrá enfermedades en la que el estudio en sangre “pueda proporcionar información pronóstica esencial”. Consideró que, si se aumenta la sensibilidad en sangre para detectar más casos positivos, estos estudios para casos con enfermedad residual indetectable “permitirán predecir el grupo que se acerca a la curación”.








