Juan León García
“No hay efecto adverso más lamentable y prevenible que el que es derivado de una práctica de bajo valor o de algo que no había que hacer”, advierte la Dra. Rosa María Añel Rodríguez, especialista en medicina familiar y comunitaria en la Unidad Docente Multidisciplinar (UDM) de atención familiar y comunitaria de Bizkaia (Euskadi), que además estima que este tipo de procedimientos contraproducentes para el sistema en su conjunto se cuentan por centenares.
Una radiografía de los senos paranasales en el caso de sinusitis; otra para examinar la columna lumbar cuando el paciente presenta lumbalgia mecánica aguda o prescribir una prueba de PSA como si fuera un cribado para hombres mayores de 50 años son solo algunas de esas prácticas de bajo valor que se expusieron este jueves durante una sesión dentro del XLV Congreso de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) que se celebra en Madrid.
La Dra. Añel, integrante del grupo de trabajo de Seguridad del Paciente de la Semfyc, junto al Dr. Txema Coll Benejam, especialista en medicina familiar y comunitaria en la Unitat de Qualitat i Seguretat del Pacient del Área de Salut de Menorca, IBSalut, desgranaron tanto los retos como las acciones a tomar para desadoptar este tipo de prácticas.
Y la principal para hacer más coste-eficientes las consultas de atención primaria no es otra que la formación de los profesionales al respecto. Algo que quedó patente durante la sesión, ya que el público mostró su interés tanto en el nivel de la asistencia como en conocer cuáles son esas acciones que toman a diario y que no saben identificar como tales.
Si bien es importante desadoptar prácticas de bajo valor, los especialistas apuntan que no se puede realizar este proceso de golpe
Para el Dr. Coll, otra de esas prácticas de bajo valor tiene relación con la prescripción de tratamientos a largo plazo de hipnóticos (como las benzodiacepinas o fármacos Z) para el insomnio en pacientes mayores de 65 años. “Donde precisamente está demostrado que tienen muy poca efectividad para tratar esa afección”, apunta.
Al mismo tiempo incide en la necesidad de poner en marcha sistemas que midan la efectividad de dichas prácticas, “de ahí la importancia de los indicadores”. Una vez se tenga una fotografía exacta de cuáles son las que menos valor aportan, hay que realizar una estrategia de desescalada en el uso clínico real porque, como apunta, “no se pueden desadoptar todas las prácticas de bajo valor al mismo tiempo”. En base a cuatro parámetros, que son la prevalencia, el impacto, los recursos que se destinan y la factibilidad.
Porque, aunque sean acciones rutinarias con consecuencias indeseadas, su retirada “puede generar inconvenientes”, precisa el Dr. Coll. Entre otros, que se infrautilicen otras prácticas o bien que se sustituya esta por otra peor, sin olvidar que prescindir de ellas puede perjudicar la relación médico-paciente o que el paciente se acabe trasladando.
De hecho, existe evidencia y cifras sobre el impacto que las prácticas de bajo valor tienen en el sistema. Ambos doctores, junto a la presidenta electa de Wonca, la Dra. María Pilar Astier-Peña, examinaron el volumen de estas en pediatría. Alcanzan hasta el 25% del total de prácticas, según concluyen. El sobrecoste estimado de una decena de prácticas de bajo valor en un periodo de tres años (2015-2017) alcanzaría los 292 millones de euros.
Dra. Rosa María Añel: “No son solo acciones que repercuten en el gasto, sino también en la seguridad del paciente”
La Dra. Añel completa que, en base a la evidencia recopilada, el impacto real de dichas prácticas en la consulta de atención primaria engloba hasta el 40% de las decisiones clínicas que se toman (un 30%, prácticas inadecuadas y otro 10% que ni siquiera son efectivas, mientras que el 60% restante se consideran prácticas adecuadas).
“No son solo acciones que repercuten en el gasto, sino también en la seguridad del paciente”, alerta. Y es que, recuerda, “ninguna práctica sanitaria está libre de riesgos”.
Por eso, ambos especialistas recalcan la importancia de que el profesional “conozca que está realizando prácticas de bajo valor”. Pero, entre otras acciones, apuestan por emitir recordatorios; empoderar a los equipos interprofesionales y apunta que también tiene un rol en la desadopción la propia gestión.










