Patricia Durán Carrasco
Una buena identificación de los desgarros perineales de origen obstétrico permite un tratamiento precoz de los mismos, disminuyendo las secuelas que producen en las pacientes. Es la conclusión que la Dra. María Cuaresma González, médico especialista en Ginecología y Obstetricia del Centro Médico Quirónsalud Valdebebas, hace en una de las píldoras formativas de la plataforma Doryos.
La lesión de la musculatura del suelo pélvico, incluyendo el músculo elevador del ano o el esfínter anal se puede asociar a un parto vaginal, generalmente con mayor frecuencia en el parto instrumental que en el parto eutócico. Los factores de riesgo que se asocian a este tipo de daño van desde la obesidad a la nuliparidad, el peso del feto elevado; distocia de hombros; episiotomía media; parto instrumentado con fórceps; o período de expulsivo prolongado.
La especialista recalca que el principal problema de este tipo de lesiones son las secuelas que dejan, como es el caso de la incontinencia anal. La Dra. Cuaresma considera que existe una relación directa entre la gravedad del desgarro del esfínter y la gravedad en la incontinencia posterior. En base a esto, un buen diagnóstico de la lesión es importante para atajar las posibles secuelas.
La doctora asegura que se han registrado pacientes que tienen incontinencias posparto sin tener lesiones en el esfínter registrado en el parto. Esto puede ocurrir por dos causas. Según detalla, debido a “un infradiagnóstico, tanto de lesiones del esfinter anal como del elevador del ano, posiblemente por la falta de toma de tiempo suficiente después del parto para la exploración del canal”, o a consecuencia de la lesión del nervio pudendo.
El parto vaginal es una de las causas más frecuentes de lesión perineal
Según la Dra. Cuaresma, es necesario conocer el grado de desgarro para realizar un tratamiento adecuado de las lesiones perineales. La lesión se clasifica en cuatros grados, siendo el primer grado las lesiones de piel perineal, mientras que el segundo corresponde a las lesiones de músculos del periné sin afectar al esfínter anal. En el caso del tercer grado, la afectación del esfínter determina el tipo de daño, basándose en si la lesión del esfínter anal externo es menor del 50% del grosor, si es igual o mayor del 50% del grosor, o si la lesión afecta al esfínter externo e internos. Por último, el cuarto grado es la lesión del esfínter anal más la mucosa rectal.
En base a estas pautas, la identificación tanto del tipo como del grado de la lesión es fundamental para proceder a una correcta reparación del daño y evitar las posibles secuelas asociadas. La Dr. Cuaresma aconseja que la identificación de la lesión se realice mediante el tacto rectal, ya que existen tipos de lesiones que no se pueden identificar sin llevar a cabo este proceso. Ante una situación de desgarro, es necesario aplicar una “buena reparación, de lo contrario podrían surgir problemas, como el dolor perineal crónico, la dispareunia y la incontinencia urinaria y fecal”, explica la Dra. Cuaresma. La práctica quirúrgica más habitual en obstetricia es la reparación del periné.
Las lesiones se clasifican por grados con el fin de seleccionar el tratamiento más adecuado al tipo de daño
Para poder tratar este tipo de lesiones, la Dra. Cuaresma recalca la idea de contar con un espacio que disponga de una buena preparación del campo de trabajo e iluminación para poder identificar y tratar las lesiones perineales con más facilidad. De cara al paciente, se requiere una analgesia adecuada para que la paciente no padezca dolor, de lo contrario no se podrá identificar la lesión ni suturarla. En el momento de la sutura, es esencial disponer del material adecuado, que garantizará una buena recuperación del paciente.
Doryos
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