El viaje al origen de la leucemia linfoblástica aguda en el Niño Jesús

El hospital pediátrico madrileño se embarca en tres proyectos de investigación que buscan conocer qué sucede desde que un niño tiene predisposición genética hasta que desarrolla la enfermedad, y una de sus aproximaciones no es habitual: la mecanómica

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Fotos: Hospital Niño Jesús de Madrid

Gema Maldonado Cantero
Al menos un 5% de bebés nace con predisposición a desarrollar leucemia linfoblástica aguda. Un porcentaje no desdeñable del que, por suerte, solo el 1% termina desarrollando la enfermedad. ¿Por qué tienen esa predisposición? ¿Por qué unos desarrollan este cáncer hematológico y otros no? ¿Cuáles son esos momentos clave y esos factores que hacen que la médula empiece a generar una cantidad anómala de linfoblastos que no maduran? Por el momento no hay respuesta a estas preguntas. Solo hay avances en los tratamientos para tratar de curar a los niños y adolescentes que padecen esta leucemia. Pero el objetivo es reducir a cero ese 1% de niños que termina con un diagnóstico, prevenir la enfermedad.

Y para conseguirlo, un grupo de investigadores de diversas disciplinas lleva una década trabajando en torno al Hospital Universitario Niño Jesús de Madrid, en un viaje hacia el origen de la leucemia, a los momentos y circunstancias por las que una célula sana se vuelve leucémica. Lo hacen desde una perspectiva diferente, que aúna la biología, a través de la epigenética, y la física. Y de la mano de esta última, usan un concepto muy nuevo: la mecanómica. Una disciplina dentro de las ciencias ómicas que ofrece una aproximación distinta, centrada en la aplicación de la mecánica a la determinación de fuerzas en células y moléculas. Porque el desarrollo de la leucemia no solo implica la activación de oncogenes que marquen el inicio de la enfermedad. También hay mecanismos físicos y mecánicos que son determinantes.

Investigadores de diversas disciplinas llevan una década trabajando en torno al Hospital Niño Jesús, en un viaje hacia el origen de la leucemia y una de sus armas es la mecanómica

«Esas células tienen que desarrollarse y discurrir por caminos de enfermedad en un entorno muy confinado y complejo en cuanto a cantidad y número de otras células, como es la médula ósea. Hay gran cantidad de señales de carácter físico que van a condicionar el desarrollo de la enfermedad y la apariencia clínica que tendrá», explicaba este martes en el Hospital Niño Jesús el director de la Unidad de Biofísica Traslacional del Instituto de Investigación Sanitaria Hospital 12 de Octubre, Francisco Monroy. Junto al Dr. Manuel Ramírez Orellana, jefe de la Unidad de Terapia Avanzada del Hospital Niño Jesús de Madrid, han comenzado un nuevo proyecto financiado por la Fundación BBVA, en el que tratan de descifrar el código epimecánico de la leucemia linfoblástica aguda.

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Los niños que nacen con predisposición a la enfermedad «están en una especie de filo de la navaja», pero hay que saber las razones por las que algunos terminan de desarrollar la leucemia. «La comprensión física del proceso es la que podría ayudar a entender cómo la inmensa mayoría de organismos, mediante sus mecanismos de regulación biológica, son capaces de reconducir la situación para que no aparezca la enfermedad», añade Monroy.

En el desarrollo de la leucemia linfoblástica aguda hay mecanismos físicos y mecánicos que son determinantes

Ambos investigadores están convencidos de que ese conocimiento les permitiría hallar la manera evitar la aparición de la enfermedad o «conducirla» por camino de menor gravedad. No parten de cero. Gracias a sus investigaciones han conseguido elaborar un «mapa de características mecánicas de la leucemia» a partir del análisis de 50 pacientes con leucemia linfoblástica aguda que han pasado en los últimos años por el Niño Jesús. En este mapa han identificado lo que llaman las «marcas mecánicas definitorias» de las posibilidades de curación, de los riesgos de recaída y de los casos que acaban en fallecimiento. Con todo lo aprendido buscan dar un nuevo paso: hacer estudios prospectivos más amplios con pacientes que vayan viniendo y para conseguirlo, necesitan financiación.

Este proyecto no parte de la nada. Como suele ocurrir en investigación biomédica, camina sobre investigaciones científicas anteriores. Uno de sus orígenes son los hallazgos del laboratorio del Dr. Isidro Sánchez García y su el grupo de investigación en el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca. En 2015 demostró por primera vez que, además de la predisposición de estos niños, también hace falta una «situación de estrés inmunológico» para dar alas a la enfermedad. «Hemos querido entender qué sucede desde que tienen la predisposición genética hasta que desarrollan la enfermedad», explica el Dr. Sánchez García, «y estamos cada vez más cerca de poder conseguirlo».

Dr. Isidro Sánchez: «Hemos querido entender qué sucede desde que tienen la predisposición genética hasta que desarrollan la enfermedad. Y estamos cada vez más cerca de poder conseguirlo»

En su laboratorio trabaja con un modelo animal que recoge fielmente las características de predisposición que presenta ese 5% de niños y las características de la enfermedad. Una predisposición «que no sabemos por qué ocurre», pero que si está ahí «es porque protege de algo y su efecto indeseado es el mayor riesgo de leucemia». De esta forma demostró la necesidad de una situación de estrés inmunológico para desarrollar la enfermedad.

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Pero hay que seguir investigando. Y en esto está el Dr. Sánchez García, junto con el jefe de la Unidad de Terapia Avanzada del Hospital Niño Jesús de Madrid, en un segundo proyecto de investigación financiado por La Caixa. Buscan estudiar con precisión qué fases se completan en estos modelos animales hasta generar una leucemia y qué papel tienen tanto las células como el ambiente en el que viven. Pero también quieren ir más allá y llevar la investigación a niños.

El gran objetivo de los tres investigadores es conseguir llevar todo el conocimiento acumulado a un gran estudio en niños que «no se ha hecho nunca hasta ahora»

«La epidemiología no ha podido investigar el factor ambiental desencadenante de manera definitoria», explica el Dr. Sánchez García, «hay que hacer estudios individuales, ver a qué factores ambientales está cada uno expuesto todo el tiempo para ver el desencadenante y, después, introducir intervenciones preventivas«. Los expertos forman parte del programa europeo Transcan sobre investigación traslacional en epigenético del cáncer. Esperan identificar y atacar clones aberrantes de las células que tienen mayor riesgo de transformarse en leucémicas.

El gran objetivo de los tres investigadores es conseguir llevar todo el conocimiento acumulado a un gran estudio en niños y adolescentes. «No se ha hecho nunca hasta ahora», apunta el Dr. Manuel Ramírez Orellana. Se trata de identificar una cohorte de recién nacidos con predisposición y seguirlos durante años con muestras primarias, con el análisis de sus ambientes, etc. Quieren ver quiénes van a desarrollar la leucemia frente a los que no.

Dr. Ramírez Orellana: «Si llegamos a entender cómo surge la enfermedad, estaremos en condiciones de diseñar qué hacer para que no surja. Llevamos años persiguiendo esa idea»

El estudio, tendría un seguimiento de al menos seis años, el periodo en el que mayoritariamente se desarrollan estas leucemias, y debe tener carácter internacional. En el caso de España, la cifra de niños con predisposición en seguimiento sería de unos 2.000. «Si llegamos a entender cómo surge la enfermedad, estaremos en condiciones de diseñar qué hacer para que no surja. Llevamos años persiguiendo esa idea«, afirma el Dr. Ramírez Orellana, que se muestra convencido en que «ahora hay que dar un paso adelante».

No es casualidad que sea el Hospital Niño Jesús el hospital involucrado en estos tres proyectos de investigación. «Somos el que más leucemias diagnostica y ve, y el que más trasplantes de médula hace de toda España», apunta el Dr. Julio Zarco, director gerente del centro. De los 300 casos de leucemia linfoblástica aguda que se diagnostican anualmente en España, el hospital pediátrico madrileño trata entre 20 y 25 y recibe muestras de hasta 100 niños de otros centros.

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