La brecha de innovación y resultados en las patologías oncohematológicas: “las neoplasias mieloides van muchos pasos por detrás”

Las neoplasias linfoides, uno de los grandes grupos de cánceres de la sangre, viven un momento de “revolución” con mejores resultados en supervivencia, que aún no se están consiguiendo en la patología mieloide

Mesa de expertos hematología 17.10 (12) neoplasias mieloides y linfoides
De Izda. a Drcha.: José Soto (Sedisa), Raúl Córdoba (SEHH), Elena Andradas (C. de Madrid) y Rafael Marcos-Gragera (HematoRedecan)

Gema Maldonado Cantero
Fotos: Ana Fernández Agüero
Si preguntamos a los hematólogos que tratan neoplasias de la sangre si ha habido últimamente avances diagnósticos y terapéuticos llamativos en oncohematología, la respuesta es un sí rotundo. No es fruto de una sensación, como nada de lo que hacen los facultativos; es evidencia científica, la que se expone en congresos internacionales y nacionales que muestra que cada vez más pacientes logran curarse o aumentar su supervivencia. Pero en todo este avance, hay un grupo de enfermedades que sigue siendo la espina clavada en la oncohematología: el de las neoplasias de tipo mieloide.

«Las neoplasias linfoides están viviendo un escenario de bonanza, como muchísima investigación, datos y fármacos innovadores que están revolucionando el tratamiento y la vida de nuestros pacientes. Pero la patología mieloide va no un paso atrás, sino muchos pasos por detrás«, admite el Dr. Raúl Córdoba, hematólogo, investigador y tesorero de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia.

La diferencia en términos de supervivencia a cinco años entre neoplasias linfoides y mieloides es llamativa y supera los 18 puntos porcentuales

De cada uno de los dos grandes grupos en los que la especialidad divide los cánceres de la sangre, se diagnosticarán en 2026 en España 19.756 casos de tipo linfoide y menos de la mitad, concretamente 7.953 de origen mieloide, según estimaciones del último informe Las cifras del cáncer sanguíneo en España, elaborado por la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan) y la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia.

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La diferencia en términos de supervivencia a cinco años entre un grupo y otro en las estimaciones del informe anterior, el de 2025, es abrumadora: 18,4 puntos porcentuales. La supervivencia en las neoplasias linfoides alcanzaba el 67,9%, mientras en las mieloides era del 49,5%.

Mesa de expertos hematologia 17.10.22 neoplasias linfoides y mieloides

El informe de este año ofrece datos de supervivencia neta a cinco años de los subtipos más frecuentes de cánceres sanguíneos, donde se ven cifras más altas en linfomas de Hodgkin y en neoplasias linfoides de células B madurativas, que superan el 80%, frente síndromes mielodisplásicos o leucemias mieloides agudas. La supervivencia de estas últimas ronda el 28%.

La medicina de precisión está consiguiendo que los especialistas aprendan a identificar marcadores clave, como ya empieza a ocurrir en la leucemia mieloide aguda, una de las más agresivas

«Vemos que en las patologías linfáticas agudas es donde más ha aumentado la supervivencia, que es también donde ha avanzado más el progreso en la terapéutica», apunta el Dr. Rafael Marcos-Gragera, coordinador de HematoRedecan. También hay algún incremento en la supervivencia de los pacientes con leucemia mieloide aguda (2,2%), pero «tenemos los síndromes mielodisplásicos, en los que observamos un descenso», advierte.

¿Por qué estas diferencias? El Dr. Córdoba dio varios motivos y puso en contexto los datos disponibles durante la reciente mesa de expertos sobre El cáncer hematológico en cifras: construyendo futuro en Hematología, organizada por iSanidad con el apoyo de GSK, Quirón Salud, Uniteco y Asion (Asociación Infantil Oncológica de Madrid).

La patología linfoide está viviendo una «enorme transformación» en parte por los biomarcadores «que podemos identificar de forma sencilla» sobre los que dirigir terapias. Los tratamientos también pueden ser más agresivos para eliminar estos cánceres porque «tenemos un sistema de soporte que dar al paciente que le permita vivir tras destruir el sistema linfoide y eliminar la neoplasia», explica.

Esto no ocurre tanto con las de origen mieloide. Es cierto que no todo es negativo, la medicina de precisión está consiguiendo que los especialistas aprendan a identificar marcadores clave, como ya empieza a ocurrir en la leucemia mieloide aguda, una de las más agresivas. Pero, en general, en las neoplasias mieloides «es muy difícil» identificar un biomarcador para una terapia dirigida con la que poder tratar y «todo lo que se está investigando afecta a la producción de todo lo mieloide y de la sangre, sin lo que le paciente no puede sobrevivir», explica el hematólogo.

Dr. Raúl Córdoba: «La mortalidad de las neoplasias mieloides sometidas a trasplante alogénico está alrededor del 30-40% y esto es algo inasumible»

Por ello, muchas veces el objetivo de curación en estas patologías pasa por un trasplante de progenitores hematopoyéticos, que tampoco se puede ofrecer a personas de edad avanzada. «La mortalidad de las neoplasias mieloides sometidas a trasplante alogénico está alrededor del 30-40% y esto es algo inasumible», añade. Pero el trasplante alogénico es la «única estrategia que tenemos es repoblar esa médula ósea para poder producir todo el sistema hematopoyético».

La oportunidad de las CAR-T

Las terapias CAR-T ya han conseguido cambiar el curso de la enfermedad en pacientes con distintos tipos de neoplasias hematológicas. En el caso de la linfoides, las CAR-T «nos han venido a revolucionar, a curar pacientes», destaca el Dr. Córdoba, ofreciendo en segunda línea «oportunidad de curación a pacientes que estaban condenados a morir por el linfoma». El especialista cree que lo «racional» sería mover las CAR-T de segundas y terceras líneas en la actualidad a la primera opción de tratamiento.

 «El objetivo de algún cáncer hematológico desde el principio es la curación, no es la cronificación», por lo tanto, ofrecer este tratamiento en primera línea «debe ser una aspiración nacional para poder curar». Ya hoy se están curando pacientes que han sido refractarios a la quimioterapia con CAR-T en segunda línea, «tenemos curación por encima del 50%» de estos casos con un seguimiento a cinco años. Incluso, en tercera línea, «en pacientes que han pasado por quimioterapia y trasplante y después han recaído, estamos ofreciendo curación a entre el 35-40% de esos casos, cuando el 100% estaba destinado a morir», explica el hematólogo.

Los datos de supervivencia que se están consiguiendo con las CAR-T aún no se ven reflejados en los informes de cifras sobre neoplasias hematológicas

En el caso de las neoplasias mieloides han comenzado a llegar algunas innovaciones que pueden empezar a marcar la diferencia. Desde la terapia CAR-T para mieloma múltiple hasta anticuerpos monoclonales anticuerpos biespecíficos y conjugados.

Los datos de supervivencia que se están consiguiendo con las CAR-T aún no se ven reflejados en las gráficas que ofrece el informe El Cáncer hematológico en Cifras, que recoge información hasta 2017, antes de que estas terapias irrumpieran en el arsenal terapéutico disponible en el Sistema Nacional de Salud. «vamos teniendo datos de los ensayos clínicos, pero no dejan de ser pacientes seleccionados. Los resultados poblacionales dan información de toda esa población, participen o no en ensayos. Estos sistemas de información van lentos, pero tenemos datos de calidad», explica el Dr. Marcos-Gragera.

Estos registros no están presentes en todas las comunidades autónomas. Madrid sí cuenta con ellos en el ámbito oncohematológico. Son registros que «desde el punto de vista de salud pública son absolutamente necesarios y estratégicos», defiende en su intervención la directora general de Salud Pública madrileña, Elena Andradas. «Son la herramienta básica para poder planificar necesidades de recursos y la forma de trabajar, para promover la investigación y la evaluación de programas de prevención y de nuevas terapias».

Por su parte, José Soto, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), destaca no solo la importancia de estos registros actualizados, sino de contar con registros de codificación clínica, “cuya información, si es buena, favorecer la posibilidad de aplicar estrategias de inteligencia artificial para su análisis”.

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