Fátima del Reino Iniesta (Vigo, Galicia)
La terapia CAR-T en lupus se ha convertido en una de las principales líneas de investigación en enfermedades autoinmunes sistémicas, especialmente en pacientes refractarios a tratamientos convencionales. Sin embargo, el avance clínico está condicionado por un desafío central: identificar qué perfil de paciente puede beneficiarse realmente de esta estrategia terapéutica.
La Dra. Josefina Cortés, miembro del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, explicó que la comunidad científica está intentando hallar «alguna vía molecular que nos ayude» a seleccionar el perfil de los pacientes con lupus que más se beneficiarán de esta terapia. Así lo expuso durante su ponencia CAR-T en el tratamiento del lupus. Puesta al día, en el 11º Simposio de Enfermedades Autoinmunes Sistémicas de la Sociedad Española de Reumatología (SER).
Necesidades no cubiertas en el tratamiento del lupus
La especialista recordó que el lupus presenta importantes necesidades no cubiertas. Existe un porcentaje relevante de pacientes que no responde a los tratamientos disponibles, entre un 20% y un 30%, y que requieren terapias inmunosupresoras prolongadas. «Al emplear corticoides y utilizar tratamientos de toda la vida, se produce un riesgo de toxicidad y riesgo de infección, lo que se traduce en limitaciones», señaló.
La comunidad científica intenta identificar qué perfil de paciente con lupus puede beneficiarse de la terapia CAR-T
La enfermedad sigue caracterizándose por una actividad inmunológica persistente y por la producción de autoanticuerpos mediada por linfocitos B autoreactivos. Los tratamientos actuales no permiten en muchos casos mantener una remisión sostenida, lo que impulsa la búsqueda de terapias más específicas.
En este contexto, la terapia CAR-T se plantea como una estrategia dirigida que pretende eliminar de forma profunda las células B patológicas y generar un «reseteo inmunológico». Según explicó la Dra. Cortés, el objetivo es actuar con mayor precisión y provocar «menos daño a tejidos circundantes». La mayoría de los desarrollos actuales se dirigen frente al antígeno CD19, presente en los linfocitos B implicados en la enfermedad.
El interés por esta estrategia aumentó tras la primera publicación de su uso en lupus en 2022 en Alemania, un estudio inicial con cinco pacientes con enfermedad de larga evolución, en torno a 15 años desde el diagnóstico. Desde entonces, la investigación ha avanzado de forma significativa y ya existen cohortes más amplias en evaluación clínica.
Resultados clínicos y experiencia acumulada
El equipo del Vall d’Hebron lidera actualmente un estudio con 80 pacientes. Los datos preliminares muestran respuesta positiva entre el 60% y el 70% al año, con reducción consistente de la actividad de la enfermedad y disminución de los autoanticuerpos responsables de los síntomas. Además, se ha observado alta remisión en pacientes refractarios, lo que refuerza el potencial de esta estrategia terapéutica.
Entre un 20% y un 30% de los pacientes con lupus no responde a los tratamientos disponibles y requiere inmunosupresión prolongada
Pese a ello, la terapia CAR-T implica un procedimiento largo y complejo. El proceso comienza con la obtención de células T del propio paciente mediante leucoaféresis, que posteriormente se modifican genéticamente para reconocer dianas específicas y se expanden antes de su reinfusión. Todo el proceso puede prolongarse casi dos meses, lo que supone un desafío en pacientes con enfermedad grave. No obstante, la investigación avanza hacia alternativas como el desarrollo de CAR-T alogénicos, con el objetivo de acortar los tiempos de fabricación.
Seguridad y evolución tecnológica de las CAR-T
Según Cortés, la experiencia acumulada sugiere que la terapia CAR-T se ha mostrado más segura en lupus que en oncología. Además, la tecnología ha evolucionado desde los primeros diseños hasta generaciones más avanzadas con mayor eficacia y capacidad de activación inmunológica.
La terapia CAR-T puede inducir remisiones relevantes en enfermedad refractaria, aunque su fabricación dura casi dos meses
Actualmente existen CAR-T de segunda y tercera generación, con mejoras en señalización celular y potencia terapéutica. La investigación continúa centrada en optimizar la selección de pacientes y comprender mejor los mecanismos de respuesta y recaída. Según la evidencia científica, el potencial de esta estrategia es elevado, pero aún se requieren más datos clínicos y seguimiento a largo plazo.
El avance de la terapia CAR-T en lupus abre una nueva etapa en el tratamiento de esta enfermedad autoinmune compleja, con la expectativa de lograr remisiones más duraderas y terapias más precisas para los pacientes que hoy no responden a las opciones disponibles.










