“Aquellas heridas con desarrollo y evolución crónicas pueden tener un impacto relevante a nivel económico y psicosocial”

Dr. Juan Francisco Luis Sorroche, miembro del grupo de trabajo Cirugía Menor y Piel de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc)

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Juan León García
El manejo de las heridas y quemaduras ocupa una parte importante de la clínica de los especialistas de medicina familiar y comunitaria. Cuando el perfil del paciente es crónico, “constituye un importante problema de salud que afecta a la calidad de vida de la persona y de su familia, tanto a nivel físico como psicosocial, además de tener repercusiones socioeconómicas”, apunta el Dr. Juan Francisco Luis Sorroche, miembro del grupo de trabajo Cirugía Menor y Piel de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc).

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Por este motivo, recalca que dicho manejo “debe ser individualizado” teniendo en cuenta las comorbilidades que pueda presentar el paciente, entre ellas diabetes, insuficiencia venosa o desnutrición, “a la hora de adecuar tanto su enforque terapéutico como su seguimiento”. El especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud La Luz (Málaga), autor de un documento como parte del ciclo APDay 2026, hace énfasis en apostar por un enfoque multidisciplinar desde atención primaria y hospitalaria “que incida sobre el manejo de heridas agudas y crónicas”.

Aunque pueda parecer a priori extraño, usted indica que la atención al paciente con heridas cutáneas “constituye un importante problema de salud”. ¿Qué se considera una herida cutánea y por qué no se deberían infravalorar? ¿A qué consecuencias a nivel psicosocial y socioeconómico hace referencia?
Una herida se define, de forma genérica, como una pérdida de la continuidad de los tejidos corporales, generalmente la piel, que puede ser causada por un traumatismo, un procedimiento médico o una enfermedad, pudiendo clasificarse atendiendo a diversos criterios (temporalidad, profundidad, naturaleza de la lesión o grado de contaminación) y tratándose desde un espectro multidisciplinar e individualizado.

“La insuficiencia venosa crónica, condicionada por el inadecuado funcionamiento valvular, constituye el origen de las úlceras vasculares venosas”

Aquellas con un desarrollo y evolución crónicas pueden tener un impacto relevante tanto desde un punto de vista económico (condicionado por el coste directo que conlleva el manejo terapéutico de estas heridas, así como por el consumo de recursos logísticos por parte del personal de enfermería) como psicosocial (induce el desarrollo de trastornos ansioso-depresivos y favorece el aislamiento social, ahondando en un empeoramiento en la calidad de vida percibida por el paciente y condicionando, además, cargas en el contexto familiar por la necesidad, en muchos casos, de una mayor implicación por parte de los cuidadores al gestionar cuidados complejos de forma prolongada).

¿A qué obedece que las lesiones por presión, los traumatismos y las úlceras vasculares venosas sean los tipos de herida más prevalentes? ¿Hay alguna estrategia de prevención en este sentido?
De forma genérica puede definirse esa prevalencia de este perfil lesional en el paciente crónico como consecuencia de determinados factores tanto demográficos como clínicos, siendo fundamental incidir en su prevención para disminuir el impacto económico, físico y psicoemocional, como ya vimos previamente, que estas generan.

En las lesiones por presión, la inmovilidad prolongada, condicionada por el envejecimiento poblacional y, con ello, el incremento de la fragilidad articular y musculoesquelética, favorece el aumento de presión sobre las prominencias óseas, la posterior limitación del flujo sanguíneo a dicho nivel y los fenómenos isquémico-necróticos sobre el tejido afectado; podemos prevenir su desarrollo mediante la aplicación de cambios posturales frecuentes (cada 2 horas) y con el empleo de superficies especiales (colchones antiescaras, taloneras…).

“La población anciana, condicionada por causas como la polifarmacia o la fragilidad osteoarticular, está más predispuesta a caídas y accidentes domésticos, lo que ahonda en el desarrollo de heridas postraumáticas”

La insuficiencia venosa crónica, condicionada por el inadecuado funcionamiento valvular, constituye el origen de las úlceras vasculares venosas, viéndose favorecidas en su génesis por el sedentarismo y la obesidad que en muchos casos acompañan a los pacientes con edades avanzadas; el uso de terapias compresivas (medias o vendajes), el evitar periodos prolongados de pie o sentado, así como el control de peso, ejercicio regular y elevación de las piernas al descansar se han valorado como medidas relevantes para limitar su desarrollo y progresión.

Por último, la población anciana, condicionada por diversas causas como la polifarmacia o la fragilidad osteoarticular, está más predispuesta a las caídas y a los accidentes domésticos, lo que ahonda en el desarrollo de heridas postraumáticas; es por ello, que la adecuación del entorno, mediante el empleo de herramientas de apoyo y la eliminación de obstáculos, como muebles o alfombras, así como el uso de protecciones y también de protectores sobre áreas frágiles o sensibles a nivel cutáneo puede limitar los accidentes y heridas traumáticas.

Respecto a las quemaduras, ¿por qué reducir el uso de corticoides tópicos y a qué casos ceñirlo?
El uso de corticoides tópicos no está indicado en el manejo inicial de las quemaduras ya que entre sus efectos secundarios figura la mala cicatrización de las heridas, la atrofia cutánea y el aumento de riesgo de infección. Se podría valorar su empleo en quemaduras solares y en aquellas superficiales de localización facial, siempre que se empleen por periodos cortos de tiempo (48 horas).

“El uso de corticoides tópicos no está indicado en el manejo inicial de las quemaduras; entre sus efectos secundarios figura la mala cicatrización de las heridas, la atrofia cutánea y el aumento de riesgo de infección”

¿Qué aspectos en el abordaje de heridas o quemaduras se suelen pasar en alto en las consultas de atención primaria? ¿Qué particularidades hay que tener en cuenta en determinados perfiles de pacientes (diabéticos, hemofílicos…)?
Los limitados recursos personales, la sobrecarga asistencial y la necesidad, con ello, de recortar el tiempo de consulta, inciden negativamente sobre la forma de manejar al paciente crónico desde atención primaria. Algunos de los aspectos que pueden verse algo más descuidados en algunos contextos clínicos incluyen el estado nutricional y el estilo de vida del paciente, la valoración y tratamiento de la piel perilesional y el manejo del dolor, tanto durante como entre curas.

Con respecto a ciertos grupos poblacionales con particularidades, como los que se citan en el enunciado de la pregunta, cada uno de ellos precisa un manejo especifico, ahondando aún más en la individualización de la terapéutica sobre su patología; en pacientes diabéticos, consecuencia de la evolución de la enfermedad y la aparición de neuropatía, resulta vital la inspección diaria por parte del paciente y cuidadores con el objetivo de evitar el desarrollo de heridas y quemaduras que tiendan a cronificar y complicarse por no ser percibidas, no pudiendo brindarles el tratamiento adecuado en tiempo y forma.

“Los limitados recursos personales, la sobrecarga asistencial y la necesidad, con ello, de recortar el tiempo de consulta, inciden negativamente sobre la forma de manejar al paciente crónico desde atención primaria”

Asimismo, aquellos afectos de hemofilia o con tratamientos anticoagulantes se deben manejar de forma cautelosa tanto en el desbridamiento de heridas agudas o lesiones por presión, como en la evaluación y seguimiento de heridas postraumáticas, tanto por el desarrollo de sangrado de difícil manejo como por la presencia de hematomas; el inmunodeprimido, en ocasiones, puede no desarrollar los signos o síntomas clásicos de infección tanto locales como sistémicos, por lo que debemos estar alerta ante fenómenos atípicos como la detención del proceso de cicatrización o el aumento del exudado.

Cuando el paciente presenta heridas crónicas, ¿cómo debe ser la coordinación entre los ámbitos de primaria y hospitalaria para su correcto manejo?
Si bien muchas heridas crónicas pueden tratarse eficazmente en atención primaria, la identificación temprana de aquellas más complejas o que no responden al manejo inicial y su posterior derivación al segundo nivel puede incidir en una mejora significativa de los resultados del paciente, disminuyendo el riesgo de complicaciones y, con ello, optimizando la utilización de recursos.


Conforme a la política de transparencia de la semFYC, APDay cuenta con el patrocinio no condicionado de: Astellas, Eucerin, Ferrer, Italfarmaco, Lilly, MSD, Nutricia, Organon, Pfizer, Salvat y Zambon.

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