Nieves Sebastián Mongares
La baja disponibilidad energética, las alteraciones en el ciclo menstrual y la disminución de la salud ósea forman parte del denominado síndrome de la tríada de la atleta femenina, también conocido como tríada de la mujer deportista. “Para que la mujer tenga el 100% de sus funciones, incluidas las reproductivas y la síntesis de hormonas, se necesita, al menos, entre un 15 y un 20% de grasa corporal; existen procesos o enfermedades que implican un descenso de la grasa corporal por debajo de esos niveles de seguridad”, explica la Dra. Iris De Luna, especialista en Endocrinología en Viacare y en el Hospital Viamed Fuensanta.
Así, ante la presencia de un déficit energético, que es lo que caracteriza esta condición, según la Dra. De Luna, “el cuerpo va recortando las funciones que no son imprescindibles para el mantenimiento de la vida”. Y, aquí, especifica, “lo primero que se pierde es la ovulación porque la persona no tiene suficiente reserva energética como para llevar un embarazo adelante”.
La clave de que se dé este fenómeno es, como precisa la Dra. De Luna, que la regulación hormonal se realiza mediante el eje de la hipófisis y los ovarios. “Cuando la hipófisis detecta que no hay suficiente reserva energética para llevar a cabo una gestación de forma saludable, puede bloquear la ovulación”, desarrolla. Esto puede derivar, como menciona la especialista en que “si este déficit es intenso, al final se pierde la menstruación en lo que denominamos amenorrea de origen hipotalámico”.
Ante un déficit energético el organismo recorta las funciones que no son imprescindibles, afectando en primera instancia en mujeres a la ovulación
No obstante, la doctora especifica que los rasgos asociados al síndrome de la atleta femenina no afectan únicamente a mujeres que realicen actividad física de alta intensidad, sino que puede ser común a otras condiciones como trastornos de la conducta alimentaria o pacientes oncológicas que presentan desnutrición, donde también se da este déficit energético. “En definitiva, ocurre cuando la grasa corporal es muy baja y es independiente de cuál sea la causa”, concreta.
Por ello, ante una bajada de peso, pausas o irregularidades en el ciclo menstrual superiores a tres meses, o si se percibe una relación inadecuada con la comida, deben comenzar las sospechas. También, para la Dra. De Luna es clave “aumentar la conciencia de las mujeres sobre su salud, haciendo revisiones de forma periódica y entendiendo que las necesidades nutricionales de una mujer deportista son distintas de aquellas que no realizan esta actividad”.
Implicaciones a otros niveles
Cabe destacar que las implicaciones de esta condición trascienden al ciclo menstrual. “Todo descenso de las hormonas femeninas implica una situación clínica equivalente a la menopausia; con lo cual, tenemos mucho más riesgo de osteopenia u osteoporosis, de fracturas óseas, lesiones y también a nivel cardiovascular, porque los estrógenos protegen frente al depósito de la placa de aterosclerosis en las arterias y tienen ciertos beneficios cardioprotectores”, explica la Dra. De Luna.
Asimismo, como apunta la endocrinóloga “los estrógenos tienen un beneficio a nivel mental, de bienestar y de salud, así como en la prevención de síndromes depresivos y en la mejora de la concentración”. “Cuando se establece una menopausia de forma brusca, si hay cambios en el estado de ánimo, irritabilidad y alteración del sueño, se va perdiendo bienestar”, agrega.
Sintomatología asociada
Bajo el punto de vista de la doctora, esta condición puede no detectarse si no se profundiza sobre aspectos que podrían dar pistas sobre la misma. “No se suele preguntar acerca de los hábitos alimentarios y el consumo energético de las pacientes, porque, si llega una mujer joven a consulta que a priori come de forma saludable y realiza ejercicio, la primera sospecha no es que tenga un déficit de energía”.
Y es que, el primer signo de alarma por el que las mujeres que padecen el síndrome de la atleta femenina suelen acudir a consulta es la irregularidad menstrual. “Si el ciclo habitualmente es de 28 días y hay una variación de dos o tres días, no suele alarmar; el problema es cuando falta alguno de los ciclos y puede haber un intervalo de 40 o 50 días hasta que aparezca la menstruación”.
Una de las dificultades para diagnosticar el síndrome de la atleta femenina es que las irregularidades menstruales pueden atribuirse a otros motivos como el estrés
Muchas veces, expresa la Dra. De Luna, “se atribuye al estrés”. Y, efectivamente, puntualiza, “es estrés, pero metabólico; estrés que estamos ejerciendo sobre el cuerpo”. “El problema es que un intervalo amenorreico nos puede pasar a todos en alguna situación de estrés, como en época de exámenes o ante algún acontecimiento vital”, plantea la experta, aclarando que “cuando se mantiene durante más de seis meses, es cuando las mujeres suelen consultar”.
Por ello, resalta que en ocasiones estas irregularidades menstruales tienden a atribuirse a otros motivos y esta es la principal causa de las demoras diagnósticas.
Dificultades diagnósticas
La especialista explica que es esencial contar con especialistas como los endocrinólogos especializados en nutrición “porque el manejo médico es equivalente a lo que hacemos en los trastornos de la conducta alimentaria”. “En ginecología puede pasar inadvertido porque hacen la exploración ginecológica, ven que no hay ninguna patología en el ovario, como un quiste o que no haya ningún problema a nivel uterino”, valora la Dra. De Luna.
Esta dificultad diagnóstica se acentúa en niñas premenárquicas, porque se tiende a pensar que la menstruación puede aparecer más tarde, mientras que puede estar asociada a las exigencias físicas de un determinado deporte. También, porque como explica la doctora, “aunque se haga una revisión ginecológica, no hay ninguna lesión orgánica; es un tema químico y hormonal”. En estos casos, la experta refiere que es “cuando haces análisis y ves que las hormonas que deberían estar aumentando no lo están, revisas la edad ósea o incluso haces una densitometría y ves que tienen una densidad ósea menor de la que les correspondería por edad”.
Perfiles relacionados
En cuanto a los perfiles en que puede darse esta condición, la Dra. De Luna indica que “dependen tanto de la intensidad como del tipo de deporte”. Como apunta la experta, hay disciplinas como pueden ser la escalada, atletismo, ciclismo o gimnasia rítmica, donde “la baja grasa corporal y la alta masa muscular pueden facilitar cierta ventaja deportiva”. Aun así, recalca que “cualquier deportista que realice un entrenamiento superior a su consumo de energía puede padecer este síndrome”.
Ante la pregunta de si, con el auge de disciplinas de alta intensidad en las que hay competiciones, como el caso de Hyrox o Crossfit se ha producido un aumento de estos casos, la doctora pone el foco en otro posible problema asociado. “Lo que hemos visto es trastornos de la conducta alimentaria escondidos bajo una ortorexia, es decir, una obsesión patológica por comer de forma limpia, de forma pura”. La especialista especifica que, aunque “en principio puede parecer saludable y razonable, llevado a su extremo esconde una mala relación con la comida”.
Otro escenario, en palabras de la doctora, es “que tenemos muchos pacientes que están practicando deporte de una forma semiprofesional, pero que no tienen un asesoramiento nutricional acorde con el tipo de deporte que están haciendo”. En este sentido considera que de la misma manera que para una maratón hay que realizar revisiones cardiológicas o acudir a un fisioterapeuta, “aquellos deportes que son más exigentes van a requerir un asesoramiento nutricional individual”.
Manejo multidisciplinar
La sintomatología asociada al síndrome de la atleta femenina es amplia, por lo que requiere de un manejo multidisciplinar desde el diagnóstico hasta el tratamiento y seguimiento.
Así, la Dra. De Luna explica que primeramente se realiza “un análisis hormonal completo para confirmar que no haya otra causa que esté enmascarando la situación”. Siguiendo este hilo alude a la importancia del diagnóstico diferencial ya que una pérdida severa de peso podría estar relacionada con diabetes tipo 1 o con hipertiroidismo.
Una vez efectuado el diagnóstico, comienza el manejo. “Cuando confirmas que hay un patrón hormonal compatible, se trabaja tanto con una dietista como con una psicóloga”, afirma. Asimismo, desarrolla que “se hace un estudio de composición corporal para ver la grasa corporal y una encuesta de 24 horas para saber exactamente qué está consumiendo la paciente y su gasto energético”.
Si se detecta desequilibrio entre gasto y consumo energético y una vez identificadas las consecuencias a nivel físico, el primer paso es trabajar con la paciente para que mejore su conciencia acerca de sus necesidades energéticas diarias. “Esto revierte en un importante bienestar para ella y, además, en muchas ocasiones, ese síndrome y esos síntomas asociados de cansancio, fatiga e incluso bajo rendimiento deportivo mejoran al aumentar la ingesta de energía”.
El manejo de esta condición radica en seguir unas pautas de nutrición y ejercicio que permitan recuperar los niveles hormonales y restituir las funciones perdidas
Por ello, destaca la Dra. De Luna, “el tratamiento no consiste en sustituir las hormonas, sino en facilitar que, mejorando la composición corporal, el cuerpo vuelva a fabricar las hormonas que necesita”. Para ello, la intervención radica en modular la intensidad del ejercicio -no pausarlo- realizando un plan nutricional acorde al ejercicio que se esté realizando. Luego, en algún caso determinado, expone la doctora, se puede valorar sumar a esto un tratamiento hormonal. “Pero lo ideal es mejorar la composición corporal, porque estamos en una situación clínica equivalente a una menopausia inducida por un exceso de ejercicio sin un ajuste nutricional acorde”, determina la doctora.
Además, en este punto, la especialista transmite un mensaje de tranquilidad, ya que con unas intervenciones adecuadas, se puede revertir. “La mujer no sólo recupera el bienestar y los ciclos menstruales, sino también la densidad ósea”. Pero para ello es importante tratar de diagnosticar este síndrome cuanto antes, dado que si el proceso ocurre antes de los 30-35 años que es cuando se consolida la densidad ósea, puede tener consecuencias como un mayor riesgo de fracturas y lesiones.
Estas consecuencias pueden extenderse a otros niveles. A nivel hormonal, tenemos hipoplasia de las mamas, problemas de fertilidad, falta de energía y síntomas asociados a la menopausia, como sofocos, hirsutismo o intolerancia al frío; también, a nivel cognitivo hay alteraciones con dificultad para la concentración, baja líbido y síntomas de irritabilidad”.
La Dra. De Luna lanza un mensaje tranquilizador explicando que, mediante una intervención adecuada, se pueden revertir los síntomas y consecuencias derivados del síndrome de la atleta femenina
Por todo lo anterior, la Dra. De Luna pone de relieve que una vez se cuenta con un diagnóstico y se plantea una intervención, el seguimiento es crucial para corroborar que los cambios en el estilo de vida propuestos se han entendido y aplicado correctamente y que, con ello, la mujer va restaurando unos niveles hormonales adecuados.








