“La logística asistencial que exigen los anticuerpos antiamiloide obligará a reformular los circuitos de atención y derivación del alzhéimer”

Dras. Araceli Garrido Barral y María Mariño Villar, integrantes del grupo de trabajo de Neurología de la Semfyc

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Juan León García
Los avances que se están dando en los tratamientos relativos a la enfermedad de Alzhéimer no deben desdibujar la “importancia vital de la prevención”, sostienen las Dras. Araceli Garrido Barral y María Mariño Villar, integrantes del grupo de trabajo de Neurología de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc).

Ambas recuerdan que la evidencia científica actual “es rotunda”: hasta un 40% de las demencias podrían prevenirse o retrasarse modificando factores de riesgo a lo largo de la vida. Y ahí la atención primaria cumple un papel clave, destacan las autoras de un documento como parte del ciclo formativo APDay 2026.

“Como médicos de atención primaria estamos en el lugar perfecto para actuar sobre la gran mayoría de dichos factores por lo que cualquier estrategia integral contra el deterioro cognitivo debe incluir un buen análisis y manejo de estos condicionantes”, apuntan la Dra. Garrido, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Barrio del Pilar (Madrid) y la Dra. Mariño, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Concepción Arenal, Santiago de Compostela (A Coruña).

Es sobre los que mayor evidencia científica existen, y donde hay que incidir: factores de riesgo vascular (hipertensión, diabetes, obesidad), pérdida auditiva, ejercicio físico regular, calidad del sueño, red social, estimulación cognitiva.

¿Qué posición ocupa, o debe de ocupar, el especialista en medicina familiar y comunitaria en el abordaje de la enfermedad de Alzheimer?
El médico de familia, junto con el resto del equipo asistencial, enfermera y trabajadora social, son la base del diagnóstico, seguimiento y tratamiento del deterioro cognitivo.

“Como médicos de familia necesitamos saber qué perfil de paciente se debe derivar para la confirmación del diagnóstico”

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad crónica que se manifiesta con síntomas que, en su comienzo, pueden ser muy sutiles. En estos primeros momentos, el conocimiento previo del paciente y su familia y la posibilidad de realizar varias entrevistas hace que la consulta del médico de familia sea el mejor lugar para la sospecha y confirmación del deterioro cognitivo.

Posteriormente, el seguimiento a lo largo de las diferentes fases de la enfermedad requiere un enfoque holístico, accesible, cercano y continuado contemplando un plan de cuidados que incluye tratamiento farmacológico y no farmacológico dirigidos al paciente, familia y entorno.

¿Cómo repercuten en el médico de familia los avances en el conocimiento de la biología de esta enfermedad y el desarrollo de nuevas terapias?
La actualización en el conocimiento de los avances en el diagnóstico y tratamiento del Alzheimer por parte del médico de familia es esencial, ya que una gran parte de los pacientes que consultan por síntomas de deterioro cognitivo, sobre todo quejas de memoria tendrán Alzheimer.

El diagnóstico definitivo en la actualidad requiere pruebas analíticas y de imagen que no están al alcance de la atención primaria, pero como médicos de familia necesitamos saber qué perfil de paciente se debe derivar para la confirmación del diagnóstico.

Así mismo, tenemos un importante papel a la hora de informar y solucionar dudas que nos planteen los pacientes y sus familias, sobre todo ante la aparición de nuevas terapias que tienen unas indicaciones concretas, así como de su eficacia y efectos adversos.

“Cabe destacar que unos biomarcadores positivos no indican que el desarrollo de la enfermedad clínica tenga que darse necesariamente”

Uno de los elementos que adquiere una nueva dimensión parece ser la parte no farmacológica, sobre todo en estados de leve a moderado. ¿Sobré que intervenciones se centraría en la consulta?
Por una parte, creemos que se debe informar de las posibilidades de terapias como estimulación cognitiva, musicoterapia, terapia ocupacional, u otras, que se aplican en centros de día y asociaciones, animando a acudir y participar en ellas.

Con respecto al domicilio, según la fase de la enfermedad, se mantendrán actividades cotidianas de la casa, relaciones con familiares y amigos, ejercicio físico y otras actividades de ocio como lectura o aficiones siempre haciendo equilibrio entre mantener la funcionalidad y no exigir por encima de la capacidad cognitiva y funcional del paciente.

Le otorgan gran importancia a la detección del deterioro cognitivo. ¿Sobre qué indicadores apoyarse para confirmar o descartar el diagnóstico? ¿Qué hacer si continúa la sospecha de deterioro cognitivo a pesar de que haya biomarcadores positivos?
La detección y diagnóstico del deterioro cognitivo es un proceso complejo y multidisciplinar, en atención primaria debemos apoyarnos en varios pilares fundamentales: anamnesis, tanto al paciente como a cuidadores y familiares; test cognitivos de cribado; evaluación funcional para determinar qué impacto tiene en la vida diaria del paciente y realizar una exclusión de otras causas que pudieran estar causando esta clínica.

En los últimos años se han implementado los biomarcadores como técnica diagnóstica precoz y preclínica; actualmente existe la imposibilidad de solicitarlos desde atención primaria por lo que ante un test cognitivo alterado o una sospecha clínica persistente es aconsejable ampliar el estudio desde el Servicio de Neurología.

“Los nuevos anticuerpos monoclonales antiamiloide representan un hito científico indiscutible, pero debemos entenderlo como el primer paso hacia un verdadero cambio de paradigma terapéutico”

Si se confirma que los biomarcadores son positivos pero los síntomas del paciente aún son muy leves o inespecíficos, la respuesta no es el alta, sino el seguimiento conjunto entre neurología y atención primaria puesto que podemos realizar un seguimiento evolutivo continuo y cercano. Cabe destacar que unos biomarcadores positivos no indican que el desarrollo de la enfermedad clínica tenga que darse necesariamente, dado que hay personas con biomarcadores positivos que no van a desarrollar la enfermedad.

En base a la evidencia disponible sobre los nuevos anticuerpos antiamiloide, de los que recuerda que aún presentan efectos adversos relevantes y suponen un “reto logístico”, ¿cree que estamos en el camino de que se desarrollen a futuro terapias con beneficios clínicos relevantes? ¿Cómo se superarían esos retos a la hora de implementarlos?
Los nuevos anticuerpos monoclonales antiamiloide representan un hito científico indiscutible, pero debemos entenderlo como el primer paso hacia un verdadero cambio de paradigma terapéutico. En la actualidad, su beneficio clínico es modesto y va unido a efectos adversos relevantes, a esto se suma una complejidad logística derivada de su forma de administración y pruebas necesarias para el seguimiento.

Pese a esto, la evidencia subraya que estamos en el camino para desarrollar futuras terapias pero para ello será imprescindible trasladar estas intervenciones a fases preclínicas más tempranas. Por lo que, el diagnóstico precoz adquiere un valor fundamental, exigiendo el diseño y la implementación de protocolos rigurosos de detección, derivación y seguimiento entre todos los equipos implicados.

“La actualización en el conocimiento de los avances en el diagnóstico y tratamiento del alzhéimer por parte del médico de familia es esencial. Una gran parte de los pacientes que consultan por quejas de memoria tendrán alzhéimer”

Superar las barreras de su implementación en la práctica clínica real constituye un desafío mayúsculo. Por un lado, los biomarcadores en sangre nos permitirán agilizar la detección de pacientes candidatos y reducir la dependencia de pruebas más invasivas; no obstante, seguimos careciendo de protocolos estandarizados que definan cómo, a quién y de qué manera se aplicarán sistemáticamente, dejando aún en el aire el papel exacto que desempeñará la Atención Primaria en este proceso.

Por otro lado, la logística asistencial que exigen estos anticuerpos obligará a reformular los circuitos de atención y derivación, ya que esta necesidad de una vigilancia tan estrecha choca con la actual sobrecarga del sistema sanitario, listas de espera, retraso en pruebas de imagen… por lo que se plantean serias dudas sobre cómo se gestionará esta demanda adicional por parte de los profesionales.

En definitiva, nos encontramos en una situación que debe ser valorada con cautela, primero por los beneficios/riesgos de estas terapias, que deben ser analizadas con una mirada crítica y objetiva y por otro lado, entendiendo la complejidad de la implementación de todos estos avances pero lo que es indiscutible es que atención primaria puede y debe estar preparada para todos estos cambios.


Conforme a la política de transparencia de la semFYC, APDay cuenta con el patrocinio no condicionado de: Astellas, Eucerin, Ferrer, Italfarmaco, Lilly, MSD, Nutricia, Organon, Pfizer, Salvat y Zambon.

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