“Conocer el contexto en el que vive una persona también forma parte de hacer una buena historia clínica”

Dras. Laura Illamola Martín, Luz Iranzo Pérez y Carmen Gómez Claros, especialistas en programas de actividades comunitarias en Cataluña, Comunidad Valenciana y Extremadura

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Juan León García
La parte comunitaria de la especialidad de medicina familiar se aprecia fundamentalmente en la incorporación en la historia clínica de un paciente de los elementos sociales, económicos y culturales que pueden determinar su riesgo a padecer la enfermedad. “La Atención Primaria no puede transformar por sí sola todas las condiciones de vida, pero sí puede hacerlas visibles, incorporarlas a sus decisiones y contribuir, junto con la ciudadanía y otros sectores, a cambiarlas”, reflexionan las Dras. Laura Illamola Martín, Luz Iranzo Pérez y Carmen Gómez Claros, especialistas en programas de actividades comunitarias de Cataluña, Comunidad Valenciana y Extremadura, respectivamente.

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Las tres firman un documento del ciclo APDay 2026 que organiza la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) centrado en los factores que determinan el desarrollo de patologías en función del lugar en el que se viva. Como apuntan, “la salud se construye también en nuestras casas, nuestros barrios, nuestros pueblos, nuestros trabajos y nuestras relaciones”.

Como integrantes de los grupos de trabajo, en el caso de la Dra. Illamola, de Atención Primaria Orientada a la Comunidad de la CAMFiC; la Dra. Iranzo, el de Actividades Comunitarias en Atención Primaria del SoVaMFiC y la Dra. Gómez, coordinando el grupo de trabajo del Programa de Actividades Comunitarias de Extremadura, inciden en que atención primaria debe acompañar, detectar desigualdades y trabajar junto a la comunidad.

“No culpabilizar, aumentando el estigma; no aumentar desigualdades y no trabajar al margen de la comunidad”, precisan. Por último, hacen hincapié en una idea: “no todo lo que nos pasa necesita una receta y no todo lo que afecta a nuestra salud se puede solucionar en una consulta médica”.

“El contexto no determina de manera absoluta quién enfermará, pero sí modifica profundamente las probabilidades de enfermar y también las posibilidades de prevenir, recibir atención y recuperarse”

Cogiendo el testigo de la pregunta que encabeza el documento que firman, ¿hasta qué punto influye el lugar donde vivimos para el desarrollo de determinadas patologías?
Influye mucho más de lo que pensamos. Nuestra salud no depende solo de nuestros genes o de nuestras decisiones personales: también depende de dónde vivimos, de nuestros ingresos, del trabajo que tenemos, de la calidad de nuestra vivienda, del aire que respiramos, de si tenemos espacios verdes o de si podemos acceder fácilmente a servicios y alimentos saludables.

De hecho, se han encontrado diferencias de varios años en la esperanza de vida incluso entre barrios de una misma ciudad. Estas desigualdades responden, en gran medida, a cómo se distribuyen los recursos, las oportunidades y las condiciones de vida de las personas, y es precisamente sobre estos factores donde podemos y debemos actuar para mejorar la salud colectiva.

En línea con este enfoque de determinantes sociales de la salud, ¿dirían que se puede afirmar que hay enfermedades inevitables en función del contexto en el que ha nacido y crecido una persona?
No hablaríamos de enfermedades inevitables. Sí podemos decir que las oportunidades de tener y mantener una buena salud no están repartidas de forma equitativa. Crecer en un entorno de pobreza, precariedad, contaminación, aislamiento o con poco acceso a recursos aumenta determinados riesgos. Pero los determinantes sociales no son una sentencia: precisamente trabajar sobre ellos permite prevenir enfermedades y reducir desigualdades.

El contexto no determina de manera absoluta quién enfermará, pero sí modifica profundamente las probabilidades de enfermar y también las posibilidades de prevenir, recibir atención y recuperarse.

Muchas de estas desigualdades son evitables y, por tanto, requieren respuestas colectivas y políticas públicas, no únicamente recomendaciones individuales.

“No podemos explicar la salud de una persona mirando únicamente sus hábitos o sus características individuales”

¿Cuál, o cuáles, de todos los factores que señalan en el documento del ciclo APDay 2026 creen que es más determinante para la salud de las personas?
Es difícil señalar uno solo, porque los determinantes se relacionan entre sí. Si hubiera que destacar uno, probablemente señalaríamos la posición socioeconómica, porque condiciona en gran medida el acceso a una vivienda adecuada, una alimentación saludable, un empleo seguro, educación, espacios saludables y recursos sanitarios y comunitarios.

Pero también la educación, el empleo, la vivienda, el entorno ambiental y el lugar de residencia forman una red que condiciona nuestras posibilidades de cuidar la salud. Quizá lo más importante sea entender precisamente eso: que no podemos explicar la salud de una persona mirando únicamente sus hábitos o sus características individuales.

¿Cómo pueden los especialistas en medicina familiar y comunitaria reducir o paliar la aparición de patologías vinculadas al lugar donde se vive?
Primero, preguntando y escuchando: conocer el contexto en el que vive una persona también forma parte de hacer una buena historia clínica. Esto implica registrar los determinantes sociales relevantes, detectar situaciones de vulnerabilidad, realizar orientación o prescripción social cuando proceda y participar en procesos comunitarios junto con salud pública, servicios sociales, ayuntamientos, asociaciones y ciudadanía.

Podemos identificar riesgos ambientales y sociales, potenciar los recursos y activos de salud existentes y coordinar respuestas comunitarias. Y algo fundamental: no culpabilizar a las personas por decisiones que muchas veces están condicionadas por las circunstancias en las que viven.

“Aunque existe una sensibilización creciente, el conocimiento del exposoma todavía es limitado y desigual entre los profesionales de atención primaria”

Enfatizan la importancia del exposoma. ¿Cuál es la relevancia de tenerlo en cuenta para un mejor abordaje de los determinantes sociales? ¿Qué nivel de formación tienen actualmente los especialistas de atención primaria respecto a este concepto y por qué deberían interiorizarlo y reconocerlo?
El exposoma nos ayuda a ampliar la mirada. Es la suma de las exposiciones ambientales que acumulamos a lo largo de la vida: desde el contexto social y climático hasta la alimentación, los contaminantes o determinados hábitos, junto con la respuesta de nuestro propio organismo. Nos recuerda que la salud es el resultado de muchas exposiciones que se van acumulando y relacionando entre sí.

El exposoma comprende el conjunto de exposiciones no genéticas que recibimos desde antes del nacimiento y a lo largo de toda la vida, así como la respuesta biológica que generan. Incluye factores sociales, laborales, ambientales, climáticos, alimentarios y relacionados con los estilos y condiciones de vida.

Por eso deberíamos incorporarlo progresivamente a nuestra práctica. No hace falta convertir cada consulta en una investigación ambiental: a veces basta con preguntar por la vivienda, el trabajo, las aficiones, las exposiciones o determinados síntomas relacionados con el entorno. Herramientas sencillas como la «hoja verde» pueden ayudarnos a hacerlo en pocos minutos.

Aunque existe una sensibilización creciente, el conocimiento del exposoma todavía es limitado y desigual entre los profesionales de Atención Primaria, y no se ha incorporado de forma sistemática a la formación ni a la práctica clínica.


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