Juan León García
Más formación de los médicos de familia para la atención de las urgencias pediátricas. Hay que aprovechar, explica la Dra. Jaione González Aguilera, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Albelda de Iregua (La Rioja) e integrante del grupo de trabajo de Urgencias y Atención Continuada de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), el “abanico de competencias muy amplio” que tienen los especialistas de atención primaria.
Dentro de estas labores, “la atención a la población pediátrica ocupa un lugar destacado”, visibiliza la autora de una formación concreta dentro del ciclo APDay 2026. Por este motivo, esta competencia debe mantenerse “tan actualizada como en otras áreas”, entre las que menciona las enfermedades crónicas, las urgencias, y la esfera emocional, social y familiar del paciente.
Destaca el triángulo de evaluación pediátrica (TEP) como elemento fundamental para evaluar a los niños cuando ingresan en urgencias pediátricas. ¿Por qué?
El triángulo de evaluación pediátrica es un método de valoración clínica rápido y sencillo que permite estimar la gravedad del paciente pediátrico en menos de un minuto, sin necesidad de instrumental alguno. Su utilidad radica en que permite identificar de forma inmediata si el niño se encuentra inestable, lo que obliga a iniciar actuaciones urgentes ante una posible situación de riesgo vital, o si, por el contrario, se encuentra estable, en cuyo caso puede plantearse un manejo ambulatorio.
“Dada la escasez de especialistas, numerosas consultas de pediatría de atención primaria están siendo cubiertas por médicos de familia”
En cuanto a quién compete atender a los pacientes pediátricos, es tajante: corresponde al médico de familia. Pero, ¿es siempre así?
No es lo que yo planteo. En realidad, la atención al paciente pediátrico debería corresponder al médico especialista en Pediatría; sin embargo, dada la escasez de especialistas, numerosas consultas de pediatría de atención primaria están siendo cubiertas por médicos de familia. Asimismo, en los puntos de urgencias de atención primaria y en los puntos de atención continuada, la asistencia recae con frecuencia en médicos de familia. Por ello, considero fundamental que estemos correctamente formados en pediatría, ya que constituye una de nuestras competencias esenciales, especialmente en este tipo de consultas.
¿Cuáles son los cuadros clínicos que motivan una visita a Urgencias pediátricas? ¿Cuál preocupa más a los especialistas?
El motivo de consulta más frecuente es la fiebre, habitualmente asociada a síntomas respiratorios en el contexto de procesos mayoritariamente de etiología vírica. Los cuadros que generan mayor preocupación son aquellos que comprometen o inestabilizan el triángulo de evaluación pediátrico en cualquiera de sus tres componentes.
“El tratamiento antibiótico debe reservarse para aquellas indicaciones claramente establecidas, basadas en criterios diagnósticos precisos y con una indicación bien definida”
Advierte sobre el uso prudente y adecuado de los antibióticos en determinadas situaciones. ¿Cuándo está recomendado administrar terapia antibiótica y cuándo no?
El tratamiento antibiótico debe reservarse para aquellas indicaciones claramente establecidas, basadas en criterios diagnósticos precisos y con una indicación bien definida. Existen diversas publicaciones, como las difundidas por la revista Pediatría Integral, de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap), que abordan el uso racional de los antibióticos y las posibles consecuencias derivadas de su empleo inadecuado.
¿Qué diferencia se da entre la atención en las Urgencias pediátricas de una zona urbana y áreas más alejadas de la ciudad? ¿Diría que hay una formación desigual en este sentido entre los especialistas de medicina familiar y comunitaria?
En mi experiencia, los médicos de familia que ejercen en zonas rurales están, en general, más habituados al manejo de la patología pediátrica, dado que en numerosas localidades no se dispone de pediatra y la población confía el cuidado de los niños al médico de familia. Considero que, en términos generales, todos los médicos —y los de familia en particular— se forman a lo largo de todo el abanico de sus competencias, si bien es cierto que las características propias de determinados entornos condicionan una menor exposición a este perfil de pacientes.
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