Juan León García
Un resultado “aparentemente tranquilizador” tras una mamografía no es suficiente. “Tenemos que saber cuándo la clínica nos obliga a seguir investigando”, apunta la Dra. Nayra Sánchez Hernández, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Arucas (Gran Canaria), e integrante del grupo de trabajo de Salud Integral de las Mujeres de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc).
Desarrollar la “mirada crítica” del especialista para identificar bien las limitaciones de las pruebas, señala la Dra. Sánchez, autora de un documento como parte del ciclo APDay 2026. Además, agrega, “mantener una buena correlación clínico-radiológica”, es otra de las claves para marcar una diferencia importante en el diagnóstico precoz.
Su formación del ciclo APDay 2026 cubre, precisamente, una de las pruebas diagnósticas más habituales que se realizan en los centros de salud. ¿Cómo valora el nivel de formación de los especialistas en medicina familiar y comunitaria a la hora de realizar mamografías?
Creo que todavía tenemos margen de mejora. Muchas veces nos conformamos con leer el informe del radiólogo y, si el resultado es tranquilizador, damos por cerrado el caso. Sin embargo, como médicos de familia, deberíamos tener unos conocimientos más amplios que nos permitan interpretar los hallazgos radiológicos en el contexto clínico de cada paciente.
A veces pensamos que la patología mamaria es competencia exclusiva de otros servicios, como Radiología, Ginecología o Cirugía, y eso puede hacer que no profundicemos lo suficiente en nuestra formación. Pero somos, en muchas ocasiones, el primer punto de contacto de la paciente con el sistema sanitario y quienes conocemos sus antecedentes y su evolución clínica.
“A veces pensamos que la patología mamaria es competencia exclusiva de otros servicios, como Radiología, Ginecología o Cirugía, y eso puede hacer que no profundicemos lo suficiente en nuestra formación”
No se trata de sustituir al radiólogo, sino de saber interpretar el resultado de una prueba, reconocer sus limitaciones y detectar cuándo no existe una correlación entre la imagen y la clínica. Esa capacidad es fundamental para no retrasar un diagnóstico.
Una paciente acude a su consulta advirtiendo un bulto en el pecho. Se realiza exploración clínica, con ausencia de este. ¿Por qué es importante que no acabe ahí la sospecha clínica en busca de malignidad?
Lo primero es escuchar y creer a la paciente. Que nosotros no consigamos palpar el nódulo en la exploración no significa que no exista. Puede ser pequeño, estar situado en una zona difícil de explorar o presentar características que hagan que no siempre sea evidente a la palpación.
Por eso, no debemos dar por cerrada la valoración simplemente porque nuestra exploración sea normal. Hay que tener en cuenta lo que refiere la paciente, sus antecedentes, el tiempo de evolución y si existen otros signos asociados.
Ante una sospecha persistente, debemos solicitar las pruebas de imagen adecuadas, habitualmente una ecografía y, según la edad y el contexto clínico, una mamografía u otras pruebas complementarias. También es importante reevaluar a la paciente y comprobar la evolución.
El mensaje fundamental es que una exploración física normal no descarta por sí sola una lesión maligna. Debemos mantener la sospecha clínica hasta haber estudiado adecuadamente el problema.
“Que nosotros no consigamos palpar el nódulo en la exploración no significa que no exista”
De igual manera, hace énfasis en que ningún nódulo mamario debe pasarse por alto. Aunque su apariencia sea la de otro benigno, ¿qué debe hacer el especialista para asegurar un correcto diagnóstico?
Lo fundamental es realizar una valoración clínico-radiológica conjunta. No podemos basarnos únicamente en la apariencia del nódulo ni en el resultado de una prueba de imagen: debemos integrar la exploración física, los antecedentes personales y familiares y los hallazgos radiológicos.
La mayoría de los nódulos mamarios son benignos, pero eso no significa que debamos dar por descartada una neoplasia sin una valoración adecuada. Tenemos que comprobar que los hallazgos de la imagen son coherentes con lo que hemos detectado clínicamente y con lo que nos refiere la paciente.
Si existe discordancia, persisten las dudas o la evolución no es la esperada, debemos ampliar el estudio o derivar a la paciente para una valoración especializada. Desde atención primaria no siempre tenemos acceso directo a todas las pruebas diagnósticas, pero sí tenemos la responsabilidad de identificar cuándo son necesarias y garantizar que la paciente continúa el proceso diagnóstico.
En definitiva, una imagen aparentemente benigna es tranquilizadora cuando concuerda con el resto de la valoración, pero no debe cerrar el caso si la sospecha clínica persiste.
¿Cuáles son las indicaciones en el caso de las mamas densas? ¿Por qué las pruebas diagnósticas como mamografías en este caso pueden ser no concluyentes y debe procederse a hacer otras?
Aquí es importante distinguir entre una mamografía de cribado y una paciente que presenta síntomas.
“La mayoría de los nódulos mamarios son benignos, pero eso no significa que debamos dar por descartada una neoplasia sin una valoración adecuada”
Las mamas densas contienen una mayor proporción de tejido fibroglandular, que aparece blanco en la mamografía, al igual que muchas lesiones. Esto puede dificultar la detección de determinadas alteraciones porque quedan ocultas por la superposición de los tejidos. Por tanto, la densidad mamaria reduce la sensibilidad de la mamografía, aunque no significa que esta no sea útil ni que necesariamente exista una lesión.
Si estamos ante una mamografía de cribado, realizada a una mujer asintomática, la presencia de mamas densas no implica automáticamente que debamos solicitar más pruebas. La conducta dependerá de los hallazgos radiológicos, del riesgo individual y de los protocolos establecidos.
La situación cambia cuando la paciente presenta un nódulo, una retracción del pezón, alteraciones de la piel u otros signos clínicos y la mamografía no identifica una causa que los explique. En ese caso, no podemos conformarnos con un informe que únicamente señala mamas densas. Debemos ampliar el estudio, habitualmente con una ecografía dirigida y, si persiste la discordancia, valorar otras pruebas o la derivación especializada.
Cuando existe clínica, ya no estamos hablando simplemente de un cribado: estamos realizando un estudio diagnóstico. Por eso, la correlación clínico-radiológica es esencial. No debemos pedir más pruebas a todas las mujeres con mamas densas de forma indiscriminada, pero tampoco debemos permitir que la densidad mamaria nos lleve a dar por resuelta una sospecha que sigue sin explicación.
Hay un aumento exponencial entre la probabilidad preprueba y posprueba de neoplasia mamaria. ¿Qué lectura hace de estos datos?
Creo que estos datos ponen de manifiesto la importancia de no infravalorar la sospecha clínica inicial. La probabilidad preprueba es la estimación que hacemos de que una paciente tenga una neoplasia antes de realizar una prueba diagnóstica, teniendo en cuenta su edad, sus antecedentes, los síntomas y los hallazgos de la exploración.
“Cuando existe clínica, ya no estamos hablando simplemente de un cribado: estamos realizando un estudio diagnóstico. Por eso, la correlación clínico-radiológica es esencial”
Después, el resultado de las pruebas modifica esa probabilidad y nos permite estimar la probabilidad posprueba. Pero debemos interpretar ese resultado en su contexto: una prueba negativa no siempre descarta una neoplasia, especialmente cuando existe una sospecha clínica importante o cuando hay factores que limitan la sensibilidad de la técnica, como puede ocurrir con las mamas densas.
Si los datos muestran un incremento muy marcado de la probabilidad de malignidad, la lectura es que determinados hallazgos clínicos o la combinación de varios factores pueden cambiar sustancialmente nuestra valoración del riesgo. Por eso es tan importante integrar la clínica con la imagen y no interpretar los resultados de manera aislada.
Para mí, la principal enseñanza es que no debemos permitir que una prueba aparentemente tranquilizadora pese más que una sospecha clínica que continúa sin explicación. Como médicos de familia, tenemos que saber cuándo un resultado es suficiente para cerrar el caso y cuándo debemos insistir, ampliar el estudio o derivar a la paciente. Esa es una de las claves para evitar retrasos diagnósticos.
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