Gema Maldonado Cantero (Bilbao)
El cierre este sábado del LXVIII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) en Bilbao ha supuesto un nuevo comienzo para el Dr. Armando López-Guillermo, hematólogo del Hospital Clínic de Barcelona. Acaba de asumir la presidencia de la sociedad científica tras cuatro años de mandato de la Dra. María Victoria Mateos, a quien ha acompañado este tiempo como vicepresidente.
Este investigador y clínico, que cuenta con cientos de publicaciones científicas sobre linfomas, su campo de especialización, reconoce que llega a la presidencia en un momento de «explosión» de la especialidad en forma de conocimiento e innovación en diagnóstico y tratamientos. Entre ponencias y encuentros en el Congreso, y a pocas horas de tomar el relevo en la SEHH, López-Guillermo comparte con iSanidad su visión sobre el presente y el futuro de la especialidad, del acceso a los medicamentos, de las guardias de 24 horas y de sus prioridades para esta nueva etapa.
La hematología es una especialidad puntera en innovación y en la adopción de nuevos tratamientos, como las terapias celulares y génicas. ¿Es un buen momento para la especialidad y para tomar las riendas de la SEHH?
Sin duda, es un momento en el que la especialidad está explotando, con lo cual estoy encantado de que me haya tocado en este momento. Afortunadamente, la hematología siempre ha sido bastante puntera, básicamente porque la sangre es accesible. Muchos estudios biológicos iniciales empezaron a hacerse con células de la sangre o de la médula ósea. Por eso, siempre hemos tenido la oportunidad de ir por delante de otras especialidades, como la oncología. Con las células de la sangre se empezó a hacer citometría de flujo y estudios de genética, entre otras cosas, por su accesibilidad.
«La hematología siempre ha sido bastante puntera, básicamente porque la sangre es accesible. Por eso hemos tenido la oportunidad de ir por delante de otras especialidades»
Además de los tratamientos, todo lo relacionado con el diagnóstico también está avanzando mucho. El reto es ver si todos estas innovaciones en biología molecular (genética, epigenética, etc.) se van a aplicar realmente en la vida real.
¿Qué puede hacer la SEHH por esa aplicación a la práctica clínica?
Sobre todo en la parte diagnóstica es donde quizá puede ayudar más la SEHH. En la parte terapéutica tenemos que ir detrás de las aprobaciones y de la financiación del Ministerio. Podemos ayudar, pero en el diagnóstico se ve más claro y, además, como no hay una farmacéutica por medio, todo es mucho más diáfano.
Se puede hacer el genoma completo de un linfoma, pero ¿eso sirve de algo hoy en día? Da mucha información diagnóstica y pronóstica, pero si no sirve para tomar decisiones clínicas, el avance se queda en un simple adelanto. Lo importante es que esos avances se puedan aplicar realmente para decidir tratamientos: si un paciente tiene la mutación X, que pueda utilizar un determinado fármaco. Esa es la situación a la que queremos llegar, en la que se está trabajando y logrando muchas cosas.
«Lo importante es que los avances diagnósticos se puedan aplicar realmente para decidir tratamientos: si un paciente tiene la mutación X, que pueda utilizar un determinado fármaco.»
Con la enfermedad residual cada vez hay más evidencia de que, mediante técnicas muy sensibles, se puede detectar a los pacientes con linfoma de célula grande que van a recaer. Pero todo eso, de momento, está publicado y todavía estamos viendo cómo aplicarlo a la clínica, porque no es fácil. No basta con que lo hagan en Stanford y obtengan resultados fiables. Para aplicar la enfermedad residual en España o en Europa, todos tenemos que contar con un sistema que la determine mediante una técnica factible y estandarizada. Ese es el punto al que tenemos que llegar. En general, lo que falta en muchos de estos avances es consenso científico y se consigue con datos.
Toda esta revolución de conocimientos y de técnicas que han cambiado tanto la especialidad, ¿cómo se encaja en la formación de un residente de hematología?
Ahora mismo, la formación de cuatro años del hematólogo es claramente insuficiente. Llevamos tiempo insistiendo en este problema, desde juntas anteriores. Necesitamos, sin duda, que la formación del hematólogo tenga un quinto año. Es una de las necesidades más básicas, y no se trata de una cuestión corporativista de los hematólogos; la formación se ha quedado absolutamente atrasada porque, con todos los avances diagnósticos y terapéuticos, las nuevas toxicidades y todo lo que esto supone, no da tiempo a que un residente domine mínimamente todo en cuatro años.
«La formación se ha quedado absolutamente atrasada. Con los avances diagnósticos y terapéuticos, las nuevas toxicidades y lo que esto supone, no da tiempo a que un residente domine mínimamente todo en cuatro años»
¿Qué pasa con la renovación del plan de formación de la especialidad, que data de 2006, y no termina de llegar?
El proceso se puso en marcha, pero llegó un momento en que se paró por un defecto de forma que no tenía que ver solo con nosotros, sino que estaba relacionado con la troncalidad. El proceso entonces empezó desde cero. Hemos vuelto a presentar el nuevo programa de la especialidad y, aparentemente, iniciado el proceso. El problema fundamental es toda la burocracia que supone y la diferencia económica que implica un año más de residencia. Si solo fuera una renovación del programa creo que ya lo tendríamos resulto.
Hemos presentado una propuesta en la que planteamos una transición durante cuatro o cinco años en los que habría menos plazas de hematología y disminuiría el numero de residentes que terminan para que la formación pase a durar cinco años. No es la situación ideal, pero pensamos que el impacto económico sería pequeño. Tenemos esperanzas.
«Durante cuatro o cinco años disminuiría el numero de residentes que terminan para que la formación pase a durar cinco años»
Llegan muchas alternativas para las enfermedades linfoides y también cada vez más para las mieloides, entre otras patologías. ¿Cuesta conseguir que lleguen a los pacientes? ¿Cómo está el acceso y qué puede hacer la sociedad?
En general, el gran problema es el tiempo que pasa desde que la EMA aprueba un fármaco hasta que se toma una decisión sobre el precio y el reembolso en España. La mediana está en unos 600 días. Y eso no es de recibo. Habría que acortar ese plazo porque mientras no hay decisión sobre la financiación de un fármaco puede ocurrir de todo; en la mayoría de hospitales, como el mío, si no hay financiación el medicamento no se administra. Hay otros hospitales que sí lo ofrecen. De igual forma, hay comunidades que sí lo financian y otras que no. Si queremos igualdad entre los ciudadanos españoles, esta no es la forma.
A los hematólogos nos gustaría que se financiara todo, pero hay que ser realistas y seleccionar. Globalmente, esa labor de selección que se ha hecho no es mala. Ha habido fármacos que no se han financiado porque la eficacia terapéutica o el impacto real sobre los pacientes no es mayor. En general, los grandes tratamientos que han salido, al menos en los ámbitos que conozco, han tenido una evolución razonable. Con las CAR-T el problema fue el retraso en la decisión. En una indicación (linfoma del manto) hubo incluso una opinión negativa que después se revirtió. Pero creo que ahora las indicaciones aprobadas son razonables.
«Estamos hablando de medicamentos que, seamos de izquierdas o de derechas, solo alguien muy rico podría permitirse pagar por su cuenta»
Hay que presionar para que se acelere el proceso. El Ministerio actual era receptivo a estas cuestiones, igual que a la ampliación de la formación de hematología a cinco años. Ahora no sabemos qué pasará, pero estamos hablando de sanidad pública y de medicamentos que, seamos ricos o pobres, de derechas o de izquierdas, solo alguien muy rico podría permitirse pagar por su cuenta. Con lo cual, no depende de que el gobierno sea de uno u otro partido, esto tiene que arreglarse de una manera razonable y objetiva.
Las guardias de 24 horas están en el centro del debate laboral de los médicos. Hay especialidades que las sufren mucho, ¿cómo se viven en hematología? ¿Deberían eliminarse?
Yo he hecho guardias de 24 horas y al día siguiente trabajábamos. Era lo que había y lo vivías con resignación cristiana. Cuando se empezó a librar al día siguiente, lo vi como una ventaja indiscutible y creo que es razonable. Que no se hagan guardias de 24 horas también me parece razonable, es una mejora. El problema es que resulta muy complicado.
«Que no se hagan guardias de 24 horas también me parece razonable, es una mejora. El problema es que resulta muy complicado»
Es fácil decir que tenemos derecho a algo, pero a ver cómo se organiza. Me consta que los jefes de servicio ya van muy apurados solo con las libranzas del día después de la guardia porque les falta personal y no hay más médicos. No es un problema fácil de resolver. Pero es importante hacer mejoras porque una guardia de 24 horas puede ser horrorosa, dependiendo de cómo estén los pacientes y de lo que llegue a urgencias.
En los próximos años al frente de la SEHH, ¿qué retos tiene por delante y qué objetivos se plantea alcanzar?
Mii mandato es muy continuista. Llevo dos años como presidente electo y cuatro años antes como vicepresidente de la sociedad. Creo que razonablemente se están haciendo las cosas bien. La sociedad es potente e intenta ayudar a todos los profesionales de la hematología y tenemos que seguir en esa línea. Además, la junta y el equipo profesional que tenemos en la sociedad es muy bueno y eso facilita todo.
«Nuestro papel como sociedad de hematología es ayudar a los hematólogos a incorporar la inteligencia artificial»
Mi primer objetivo es el quinto año de formación, un objetivo en el que llevamos muchos años insistiendo. Otra cosa cuestión que hay que abordar es la transformación digital y la inteligencia artificial; hay que aplicarlas primero al funcionamiento de la propia sociedad y después a la asistencia y a la investigación. Nuestro papel como sociedad de hematología es ayudar a los hematólogos a incorporar estas herramientas, desde el punto de vista docente, con cursos, y también de forma práctica, valorando las posibilidades.
El listado de objetivos es largo y tenemos muchas iniciativas nuevas que se están poniendo en marcha, como la acreditación de unidades especializadas, que hemos empezado este año. Contar con unidades cuya calidad se ha evaluado y cumplen con unos mínimos es muy interesante y pueden ayudar al propio hematólogo a conseguir recursos necesarios e impulsar mejoras.











