Juan León García
La epilepsia no termina cuando acaba la crisis y la atención primaria cumple un rol fundamental en todo el proceso. Sobre estos dos mensajes clave se asienta una de las formaciones del ciclo APDay 2026 de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc). “En la fase aguda debemos recordar que el tiempo es cerebro: actuar rápido, proteger al paciente y tratar precozmente una crisis prolongada”, recuerdan los autores que imparten la actividad y firman el documento formativo.
De tal forma que, como apuntan el Dr. Jesús Pujol Salud, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Equipo de Atención Primaria (EAP) Balaguer, Unidad Docente Multiprofesional de Atención Familiar y Comunitaria de Lleida del Institut Català de la Salut (ICS), y las especialistas en medicina familiar y comunitaria y médica en urgencias y emergencias del Summa 112, las Dras. Yamina Romero Barzola y Ana Tentor Viñas (que además es coordinadora de este grupo de trabajo), el objetivo final “es que el paciente y su entorno sepan qué hacer ante una nueva crisis y puedan mantener una vida lo más segura y normalizada posible”.
Los tres profesionales, integrantes del grupo de trabajo de Neurología de la Semfyc, destacan que así se evitan retrasos “peligrosos en el tratamiento”, la medicalización o las derivaciones “innecesarias”. Y todo se puede prevenir bajo el paraguas de “una de las fortalezas de la medicina de familia”: la continuidad asistencial.
Aconsejan la priorización de las vías no intravenosas “en entornos comunitarios” por ser más eficaces. ¿Qué ventajas presentan respecto a las intravenosas?
No se trata de que las vías no intravenosas sean más “eficaces” de forma categórica, sino que ofrecen ventajas en la rapidez de la administración del tratamiento.
“Cambiar midazolam por vía intranasal, bucal o intramuscular, es especialmente relevante en la atención extrahospitalaria, tanto en atención primaria, como en el propio domicilio”
Es fundamental en una crisis epiléptica entender que el tiempo importa, y que debe evitarse el retraso de una benzodiacepina mientras se intenta canalizar una vía venosa. El midazolam por vía intranasal o bucal, y también la vía intramuscular, permiten iniciar el tratamiento de forma rápida y sencilla.
Este cambio es especialmente relevante en la atención extrahospitalaria, tanto en atención primaria, como en el propio domicilio. El mensaje que pretendemos trasladar para el médico de familia es sencillo: cronometra la crisis, trata precozmente y utiliza la vía eficaz que tengas disponible antes; no esperes una vía intravenosa para empezar a tratar.
Una manera de optimizar el manejo de las crisis epilépticas pasa por individualizar los planes de acción con medicación de rescate. ¿Cómo se elaboran y hasta qué punto es posible hacerlo en la práctica clínica diaria de un especialista en medicina familiar y comunitaria?
Los planes de acción son protocolos que permiten a los pacientes, y a sus familias conocer la enfermedad y saber cómo actuar en el momento de crisis. La educación para la salud es una de las labores fundamentales del médico de familia, por lo que es precisamente el ámbito de atención primaria uno de los lugares más adecuados donde impulsarlos. Tan importante como prescribir el medicamento es comprobar que el paciente y su entorno saben utilizarlo.
El objetivo del plan de acción individualizado es saber cómo reconocer la crisis habitual del paciente; cuándo empezar a cronometrar; cuándo administrar la medicación de rescate; qué fármaco utilizar y cómo administrarlo, si puede repetirse una dosis y en qué situaciones hay que solicitar asistencia urgente.
“Tan importante como prescribir el medicamento es comprobar que el paciente y su entorno saben utilizarlo”
La idea es optimizar la respuesta donde realmente comienza la crisis. Familiares y cuidadores, no son únicamente observadores, sino que pueden actuar de forma precoz siguiendo las instrucciones previamente acordadas. Estos planes reducen retrasos, mejoran la seguridad y pueden disminuir tanto la progresión a estatus como algunos traslados innecesarios.
En el documento observan cómo se va desplazando el uso del valproato respecto a otras opciones terapéuticas. ¿En qué casos es la mejor opción y en cuáles es mejor usar otros tratamientos?
Más que hablar de un fármaco como “la mejor opción”, hoy hablamos de individualizar el tratamiento. El valproato sigue siendo muy eficaz y mantiene un papel importante en determinadas epilepsias generalizadas, especialmente cuando hay crisis mioclónicas o varios tipos de crisis. Sin embargo, actualmente disponemos de alternativas como lamotrigina o levetiracetam, que también son opciones de primera línea en distintos escenarios.
Por tanto, la elección no depende solo de la eficacia, sino también de las características de cada paciente: edad, comorbilidades, otros tratamientos, tolerabilidad y situación reproductiva. En personas en edad reproductiva, tanto mujeres como varones, debemos valorar los riesgos reproductivos y, cuando existe una alternativa eficaz y adecuada, priorizarla.
En las mujeres y niñas con potencial reproductivo, el documento establece además que el valproato debe reservarse para situaciones en las que otras opciones no sean adecuadas y dentro de las medidas de prevención del embarazo; en los varones se recomienda informar sobre el posible impacto reproductivo y adoptar medidas anticonceptivas durante el tratamiento y hasta tres meses después de suspenderlo.
“El valproato sigue siendo muy eficaz y mantiene un papel importante en determinadas epilepsias generalizadas, especialmente cuando hay crisis mioclónicas o varios tipos de crisis”
Y aquí atención primaria tiene un papel fundamental, porque conocemos al paciente de forma integral y podemos valorar sus comorbilidades, otros medicamentos, adherencia, efectos adversos, situación reproductiva y el impacto de la epilepsia en su vida cotidiana. En coordinación con Neurología, podemos contribuir a que el tratamiento siga siendo eficaz, seguro y adecuado para cada persona.
Hablan de una “adherencia estricta” al tratamiento. ¿Cómo es la situación en nuestro país respecto al cumplimiento terapéutico de los pacientes con epilepsia? ¿Qué fármaco se ha mostrado como el mejor a la hora de que los pacientes sean adherentes?
En España, la falta de adherencia al tratamiento también constituye un problema clínico relevante en las personas con epilepsia. El documento subraya la importancia de una adherencia estricta, ya que incluso cuando el paciente lleva tiempo sin presentar crisis, no debe asumir por su cuenta que puede suspender o modificar el tratamiento. Por ello, es fundamental preguntar de forma activa por olvidos, dificultades para seguir la pauta o efectos adversos, sin culpabilizar al paciente.
Respecto a qué fármaco consigue mayor adherencia, no hay base en el documento para señalar un único tratamiento como el mejor para todos los pacientes. La elección debe individualizarse según el tipo de epilepsia, la eficacia, la tolerabilidad y las características del paciente, intentando además que la pauta sea lo más sencilla posible. La educación sanitaria, establecer rutinas, utilizar recordatorios o pastilleros y garantizar la continuidad del tratamiento son medidas que pueden facilitar el cumplimiento.
Por tanto, más que buscar un fármaco que por sí mismo garantice una mayor adherencia, desde atención primaria debemos favorecer que el tratamiento elegido sea adecuado para ese paciente y acompañarlo con educación, seguimiento y detección precoz de las dificultades de adherencia.
“En España, la falta de adherencia al tratamiento también constituye un problema clínico relevante en las personas con epilepsia”
¿Es habitual que cuando un paciente sufre una crisis epiléptica acuda directamente a Urgencias? ¿Por qué es importante la educación sanitaria en este sentido, y cuáles son las líneas rojas que determinen acudir a Urgencias?
Una crisis epiléptica genera mucha alarma y es comprensible que pacientes y familiares recurran a Urgencias. Pero no todas las crisis de un paciente con epilepsia conocida requieren necesariamente el mismo nivel de respuesta. La educación sanitaria y los planes individualizados son fundamentales: permiten que el entorno sepa qué hacer, cuándo administrar el tratamiento de rescate y cuándo solicitar ayuda.
Las líneas rojas deben quedar muy claras: una crisis que supera los 5 minutos, crisis repetidas sin recuperación completa entre ellas, dificultad respiratoria o inestabilidad, traumatismo importante, recuperación postictal anormalmente prolongada, déficit neurológico persistente, embarazo o sospecha de una causa aguda grave —por ejemplo, infección del sistema nervioso, intoxicación o alteración metabólica— requieren valoración urgente. La educación no pretende evitar la visita a Urgencias, sino conseguir que el paciente acuda cuando realmente lo necesita y, sobre todo, que no se retrase la asistencia cuando existe una situación de riesgo.
Conforme a la política de transparencia de la semFYC, APDay cuenta con el patrocinio no condicionado de: Astellas, Eucerin, Ferrer, Italfarmaco, Lilly, MSD, Nutricia, Organon, Pfizer, Salvat y Zambon.











