Especialistas andaluces plantean un nuevo modelo de atención para las personas con VIH asentado en tres perfiles de paciente

La propuesta plantea espaciar las revisiones de los pacientes estables, reforzar la coordinación con atención primaria y agilizar la atención a personas vulnerables

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Redacción
Especialistas en VIH de diferentes hospitales del Servicio Andaluz de Salud (SAS) han propuesto un nuevo modelo asistencial que adapte las revisiones médicas a la situación clínica y social de cada persona. La iniciativa, presentada durante la cuarta edición de Think+, organizada por la Fundación Seimc-Gesida con el apoyo de Gilead Sciences, plantea tres circuitos de atención diferenciados: para pacientes con la infección controlada, personas con otras enfermedades crónicas y pacientes en situación de vulnerabilidad social.

El proyecto, coordinado por el Dr. Ignacio Pérez Valero, del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, busca actualizar el seguimiento de una infección que, con los tratamientos actuales se ha convertido en una enfermedad crónica con una esperanza de vida similar a la de la población general. Sin embargo, las consultas presenciales y las analíticas cada tres a seis meses siguen siendo habituales incluso en pacientes que llevan años con la infección controlada.

Tres modelos de atención para las personas con VIH

Para quienes tienen el VIH controlado y no presentan otras enfermedades, los especialistas proponen espaciar las revisiones y realizar una analítica anual, siempre que se mantengan las condiciones de seguridad. Estiman que entre el 30% y el 60% de los pacientes atendidos en las unidades de VIH podrían beneficiarse de este seguimiento. También plantean facilitar la dispensación de medicación cada seis meses o recogerla cerca del domicilio, por ejemplo, en una farmacia comunitaria o un centro de salud.

Este circuito incluiría alertas automáticas ante posibles señales de riesgo y un sistema de atención rápida. Enfermería valoraría las incidencias y se facilitaría una consulta en menos de 72 horas cuando fuera necesario. La selección de pacientes tendría en cuenta su estado de salud y su fragilidad, sin establecer un límite de edad como único criterio. Antes de implantar el modelo, los expertos consideran necesario evaluar su seguridad y definir cuándo debe retomarse el seguimiento presencial.

Estiman que entre el 30% y el 60% de los pacientes atendidos en las unidades de VIH podrían beneficiarse de este seguimiento

En el caso de las personas con VIH que también conviven con otras enfermedades crónicas, la propuesta busca mejorar la coordinación entre especialidades y evitar desplazamientos y consultas fragmentadas. Cada paciente tendría un profesional de referencia encargado de organizar sus cuidados. Además, se agruparían las citas y las extracciones de sangre en un mismo día, con una única analítica cuando fuera posible, y se repartirían las pruebas de detección entre atención primaria y las unidades de VIH, con responsables definidos.

La coordinación entre ambos niveles asistenciales se incorporaría de forma progresiva mediante consultas a distancia entre profesionales. El modelo también contempla el acceso a servicios de salud mental y neuropsicología, con el objetivo de atender de forma conjunta las distintas necesidades de cada persona.

Para los pacientes en situación de vulnerabilidad social, el plan prioriza facilitar el acceso al sistema sanitario y evitar que las dificultades administrativas o de desplazamiento interrumpan el tratamiento. Los especialistas proponen ofrecer una cita en menos de 48 horas cuando la derivación proceda de una ONG, un centro de atención a las adicciones o atención primaria, sin barreras burocráticas.

Dr. Ignacio Pérez: «No se trata de ver menos a los pacientes, sino de verlos mejor»

La atención se concentraría en una sola jornada e incluiría consulta médica, extracción de sangre, entrega inmediata de la medicación, vacunación y valoración de las necesidades sociales. Con la intención de mantener el seguimiento, se asignarían funciones y tiempos específicos a enfermería, trabajo social y los profesionales responsables de coordinar cada caso. También se plantearía facilitar la dispensación de medicamentos en centros de atención a las adicciones y ONG acreditadas. La aplicación de estas medidas requeriría financiación estable y normas del SAS que permitan incorporarlas a la práctica habitual.

El Dr. Ignacio Pérez ha resumido el proyecto señalando que «no se trata de ver menos a los pacientes, sino de verlos mejor: el tiempo que liberamos en los pacientes estables debe dedicarse a los más complejos, a las personas en situación de vulnerabilidad y a la prevención».

El proyecto cuenta con el aval científico del Grupo de Estudio de la Infección por el VIH y Enfermedades Asociadas (Gaevih), de la Sociedad Andaluza de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas (Samicei), del Plan Andaluz de ITS, VIH y SIDA (Paisida) y de la asociación Apoyo Positivo. Además, como parte de esta edición, los expertos han elaborado ocho guías de actuación para trasladar las propuestas a la práctica clínica.

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