Redacción
Las terapias avanzadas, la inteligencia artificial (IA) y la participación de los pacientes en las decisiones sobre medicamentos plantean nuevos retos para la farmacología clínica. Determinar qué beneficios aportan estas innovaciones, evaluar las evidencias que respaldan su utilización y garantizar su eficacia, seguridad y sostenibilidad fueron algunas de las prioridades abordadas en el XXXIII Congreso de la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC), celebrado en Madrid del 21 al 23 de octubre.
El encuentro reunió a especialistas y residentes de farmacología clínica, profesionales de otras disciplinas sanitarias, investigadores, representantes de la industria farmacéutica y pacientes para analizar el papel de esta especialidad en el desarrollo, la evaluación y el seguimiento de los tratamientos. Entre los asuntos abordados destacaron la organización de unidades de terapias avanzadas, la monitorización de medicamentos biológicos, las aplicaciones de la IA y los nuevos procedimientos de evaluación de tecnologías sanitarias.
Emilio Vargas Castrillón, presidente del congreso, reivindicó la contribución histórica de la especialidad a la investigación clínica y la farmacovigilancia en España. «La farmacología cínica ha sido un puntal del desarrollo de la investigación clínica en nuestro país. Fuimos pioneros en el desarrollo e implementación de la farmacovigilancia en España, promovimos, facilitamos el desarrollo de estructuras de apoyo a la Investigación Clínica independiente y colaboramos en su coordinación como entes que trabajan juntos en el entorno del Sistema Nacional de Salud. En la actualidad nuestro rol en el desarrollo de terapias avanzadas es muy relevante», sostuvo.
Los especialistas subrayaron la necesidad de demostrar los beneficios reales de las terapias avanzadas y la inteligencia artificial para los pacientes
Asimismo, insistió en la necesidad de otorgar a los pacientes una mayor capacidad de decisión. «Igualmente determinante es la participación del paciente. No solo debemos decir que debe ser el centro del sistema, debemos darle poder para que sus opiniones sean consideradas y, en algunos casos ser prioritarias», apuntó.
El potencial de las terapias CAR-T más allá de la hematología
La aplicación de las terapias CAR-T en enfermedades inmunológicas fuera del ámbito de la hematología fue uno de los temas destacados del congreso. Estas estrategias, que pueden permitir un «reinicio» del sistema inmunitario, abren nuevas vías de investigación para abordar necesidades terapéuticas no cubiertas más allá de las enfermedades oncohematológicas. Los especialistas analizaron cómo trasladar estos avances a la práctica asistencial, con especial atención a la organización de las unidades de terapias avanzadas y al seguimiento de la seguridad de los tratamientos.
En este contexto, se compartieron experiencias para mejorar el funcionamiento de estas unidades y se revisaron los aspectos esenciales de la monitorización de medicamentos biológicos. Silvia Sánchez Ramón, jefa de Inmunología del Hospital Universitario La Paz, abordó los mecanismos de aparición de las reacciones adversas inmunomediadas y nuevas formas de clasificación que pueden orientar estrategias terapéuticas diferenciadas para su prevención y tratamiento.
La importancia de mantener una vigilancia continuada de los medicamentos también protagonizó la conferencia de clausura, impartida por Francisco José de Abajo Iglesias, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá y responsable de la Unidad de Farmacología Clínica del Hospital Príncipe de Asturias. «La vigilancia de la seguridad debe mantenerse durante toda la utilización de los medicamentos», recordó el especialista, quien explicó que determinadas reacciones adversas, algunas graves, solo se identifican cuando los tratamientos se administran a poblaciones amplias.
«Para detectarlas lo más precozmente posible, evaluar de forma continuada la relación beneficio-riesgo de los medicamentos y prevenir de forma efectiva los riesgos, se realiza la farmacovigilancia», señaló. Su intervención puso de relieve la contribución de los farmacólogos clínicos al desarrollo de la farmacovigilancia y la farmacoepidemiología en España, dos disciplinas fundamentales para generar evidencia sobre los efectos de los medicamentos y orientar su utilización.
Francisco José de Abajo Iglesias: «La vigilancia de la seguridad debe mantenerse durante toda la utilización de los medicamentos»
Inteligencia artificial: más productividad no siempre significa mejor atención
La incorporación de la inteligencia artificial a la investigación y la asistencia sanitaria debe traducirse en mejoras reales para los pacientes, más allá del aumento de la productividad. Esta fue una de las principales reflexiones del congreso sobre las nuevas tecnologías, cuyo potencial se extiende al análisis de grandes bases de datos sanitarias, la generación de evidencia de práctica clínica real, el desarrollo de medicamentos y la optimización de procesos organizativos y asistenciales.
Sin embargo, los especialistas advirtieron de que automatizar tareas o aumentar la capacidad de trabajo no garantiza una mejora de los resultados en salud. También existe el riesgo de generar nuevas dependencias tecnológicas y debilitar competencias profesionales como el razonamiento crítico, el juicio clínico y la deliberación. Así lo explicó durante su intervención Julio Mayol Martínez, catedrático de Cirugía de la Universidad Complutense de Madrid y director científico del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos (Idissc).
«¿Por qué asumimos que automatizar procesos y hacer más equivale necesariamente a hacerlo mejor? ¿Por qué damos por hecho que los beneficios de la IA para profesionales y organizaciones se traducirán automáticamente en mejores resultados para los pacientes? La incorporación de IA no garantiza por sí misma una asistencia sanitaria de mayor valor», aseguró. Ante este escenario, Mayol defendió reforzar la formación de los profesionales para preservar su autonomía intelectual, rediseñar los procesos asistenciales con una orientación al valor y aprovechar el tiempo liberado para mejorar la comunicación con los pacientes. «La inteligencia artificial puede ser el truco que nos haga trabajar más o el trato que nos permita cuidar mejor», resumió.
Julio Mayol: «La inteligencia artificial puede ser el truco que nos haga trabajar más o el trato que nos permita cuidar mejor»
Evaluación de medicamentos y nuevas exigencias regulatorias
La evaluación rigurosa de las innovaciones terapéuticas y la incorporación de las preferencias de los pacientes constituyeron otro de los ejes del congreso. Los participantes analizaron los aspectos no clínicos de la evaluación de tecnologías sanitarias, así como la situación actual y las perspectivas de desarrollo del marco normativo de las terapias avanzadas. En este ámbito, se puso foco en la necesidad de adaptar los procedimientos de evaluación a las nuevas exigencias regulatorias sin generar duplicidades.
Arantxa Sancho López, farmacóloga clínica del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda; Ana Rosignoli, de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps); y María José Calvo, subdirectora general de Medicamentos y Productos Sanitarios de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, abordaron los primeros meses de aplicación del Reglamento europeo de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS). Aunque la experiencia acumulada todavía es limitada, es necesario simplificar las evaluaciones conjuntas y concentrarlas en los aspectos de mayor relevancia.
Respecto al desarrollo del marco nacional, destacaron que su éxito dependerá de una implementación rigurosa, con garantías suficientes y mecanismos que eviten duplicidades dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS). «Es un modelo complejo y su implantación debe ser necesariamente dinámica y flexible, sujeta a un aprendizaje continuo», explicaron. También defendieron una gestión proporcionada de los posibles conflictos de intereses que facilite la participación de expertos con los conocimientos necesarios.
La SEFC defiende una mayor participación de los pacientes en la investigación, la evaluación de medicamentos y las decisiones terapéuticas
La incorporación de dimensiones económicas, legales, éticas, organizativas, sociales, ambientales y de género exigirá nuevas competencias y una mayor colaboración con profesionales de otras disciplinas. «Esto es una oportunidad para nuestra especialidad, pero exige una formación complementaria», señalaron. En este sentido, los especialistas indicaron que la farmacología clínica puede desempeñar un papel relevante en los nuevos procedimientos de evaluación, siempre que se refuercen las capacidades necesarias para responder a estas exigencias.
Una investigación compartida
La colaboración entre los especialistas en farmacología clínica, la industria farmacéutica y los pacientes resulta fundamental para generar evidencias relevantes y mejorar el acceso a los medicamentos. Asimismo, se destacó la importancia de promover el codiseño de la investigación clínica mediante la colaboración entre farmacólogos clínicos, profesionales de enfermería y médicos de la industria farmacéutica.
Los participantes también defendieron que las preferencias y experiencias de los pacientes deben tenerse en cuenta junto con los resultados clínicos al evaluar las distintas opciones terapéuticas. Su participación debe extenderse a la investigación, la asistencia sanitaria y las decisiones de las administraciones sobre medicamentos. De esta manera, otorgarles una capacidad efectiva para influir en las decisiones permitiría identificar mejor las necesidades no cubiertas y los resultados que realmente importan a quienes reciben los tratamientos.










