Los límites éticos de la medicina: del autocuidado a las decisiones al final de la vida

El XIX Seminario de Biomedicina, Ética y Derechos Humanos, abordó cuestiones como la presión social para mantener hábitos saludables, los criterios que distinguen el tratamiento médico del dopaje y el respeto a la voluntad del paciente en la atención al final de la vida

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Foto: Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés

Redacción
Bajo el lema ‘Cuerpo, identidad y relato’, las jornadas del XIX Seminario de Biomedicina, Ética y Derechos Humanos, impulsadas por el Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés y celebradas los días 22 y 23 de octubre en la Universidad Europea de Madrid (Villaviciosa de Odón), abordaron los límites éticos de la medicina, la salud y el deporte. El programa de este año incorporó novedades, como los problemas éticos relacionados con la práctica deportiva, una actividad situada entre la salud y el ocio que también plantea importantes dilemas morales. Estos están relacionados con “nuestro cuerpo, que son problemas que afectan a nuestra totalidad como seres humanos, a nuestra identidad”, señaló Benjamín Herreros Ruiz-Valdepeñas, corresponsable de la dirección científica de las jornadas.

Una de las cuestiones centrales de la jornada fue la necesidad de evitar que la responsabilidad sobre la salud recaiga exclusivamente en cada individuo. La abundancia de recomendaciones sobre alimentación, ejercicio físico y hábitos saludables puede terminar convirtiéndose en una exigencia social que culpabiliza a quienes no consiguen seguirlas. Así lo advirtió María Cabello Salmerón, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), que puso el foco en el riesgo de transformar el cuidado de la salud en una obligación moral.

Los consejos de salud pueden convertirse en una fuente de presión cuando establecen patrones de vida sin tener en cuenta las circunstancias personales

“Cuando la salud se convierte en un absoluto, en un imperativo moral, aparece la culpa y, en ocasiones, el estigma y la discriminación”, señala Cabello. A su juicio, este enfoque simplifica una realidad mucho más compleja, al atribuir a las decisiones individuales situaciones que también están condicionadas por factores biológicos, psicológicos, económicos, culturales y sociales. El problema no es recomendar hábitos saludables, sino olvidar que la salud no depende exclusivamente de la voluntad individual. En este sentido, explicó que un consejo de salud empieza a convertirse en presión cuando deja de ofrecer información para ayudar a las personas a tomar decisiones y comienza a establecer cómo deberían vivir, siguiendo patrones rígidos, como si todos tuvieran las mismas circunstancias, posibilidades y oportunidades.

Las jornadas laborales prolongadas, las responsabilidades de cuidados, las dificultades económicas o los problemas de salud pueden limitar las posibilidades de seguir estas recomendaciones, ya que no todas las personas disponen de las mismas oportunidades para mantener determinados hábitos. Por ello, Cabello considera que la información sanitaria debe ayudar a tomar decisiones informadas, sin convertirse en una fuente adicional de presión.

La responsabilidad sobre la salud no debe recaer exclusivamente en cada individuo, ya que intervienen factores sociales, económicos y biológicos

Esta reflexión también alcanza a las administraciones, las empresas, las plataformas digitales y los medios de comunicación, que desempeñan un papel relevante en la difusión de mensajes sobre salud. Cabello defiende que las recomendaciones deben apoyarse en evidencia científica y tener en cuenta las circunstancias de cada persona. En cuanto a los poderes públicos, considera que “proteger la salud no implica necesariamente prohibir”. Mejorar el acceso a alimentos saludables, facilitar espacios para la actividad física y combatir la publicidad engañosa son algunas de las medidas que pueden favorecer decisiones más saludables.

Diferenciar medicación de dopaje

Otro de los temas abordados en el seminario fue la lucha contra el dopaje, que plantea el dilema de cómo garantizar la igualdad en la competición y proteger la salud sin imponer restricciones que carezcan de una justificación suficiente. En palabras de Carmen Pérez González, catedrática de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid y titular de la Cátedra Unesco Education Linkage through International Sports, “la frontera entre el dopaje y otras mejoras es una frontera trazada por nosotros, y conviene revisarla de vez en cuando con honestidad”. Como ejemplo, recuerda que la cafeína estuvo prohibida y que actualmente se encuentra sometida a vigilancia, lo que ilustra cómo las listas antidopaje evolucionan con el conocimiento científico y con la forma de entender el deporte.

Las listas antidopaje evolucionan con el conocimiento científico y los cambios en la forma de entender el deporte

Uno de los aspectos que resulta cada vez más controvertido es la distinción entre tratamiento, mejora y dopaje. La medicina avanza hacia tratamientos cada vez más personalizados, mientras que la genética, la recuperación y la gestión del sueño han abierto nuevas posibilidades. “Muchas de esas técnicas nacen para curar y acaban sirviendo para rendir más”, reconoce Pérez. El sistema ya dispone de herramientas, como las autorizaciones de uso terapéutico, que permiten a un deportista enfermo recibir tratamiento sin quedar fuera de la competición. Sin embargo, en opinión de Pérez, “el gran reto de los próximos años será precisamente distinguir con criterios claros entre lo que devuelve a alguien a su estado normal y lo que lo lleva más allá, sin olvidar que detrás hay personas con derecho a la salud”.

Alimentación al final de la vida

Las jornadas concluyeron con el análisis de las decisiones sobre nutrición e hidratación al final de la vida, uno de los dilemas más sensibles de la atención sanitaria. Helena Requejo Salinas, del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, recuerda que “la hidratación artificial y el tratamiento nutricional son intervenciones médicas que, como cualquier otra, pueden tener efectos adversos y riesgos”.

La especialista subraya la necesidad de distinguir entre el tratamiento nutricional y los cuidados orientados al confort, adaptar las decisiones a la evolución clínica y reevaluar continuamente si las intervenciones siguen aportando beneficios. “Todo ello debe hacerse respetando la voluntad de la persona”, aclaró. En la fase de agonía, la pérdida de apetito y de sed forma parte del proceso fisiológico natural. En estas circunstancias, “la nutrición y la hidratación artificiales pueden resultar desproporcionadas, no aportar beneficios y aumentar las complicaciones”.

Por ello, Requejo considera necesario explicar adecuadamente las decisiones y priorizar el bienestar del paciente. “Cuando no existen instrucciones previas, la voluntad de la persona debe reconstruirse, en la medida de lo posible, con ayuda de su entorno. Si surgen discrepancias, pueden consultarse los comités de ética asistencial o solicitarse una segunda opinión”, afirma.

El objetivo es “evitar intervenciones ineficaces o desproporcionadas sin dejar de atender a la persona”. En palabras de la experta del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, “no iniciar un tratamiento nutricional cuando ya no resulta beneficioso no significa renunciar a sus cuidados, sino orientar la atención hacia el confort y la dignidad en la última etapa de la vida”.

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