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Los médicos: los brazos tranquilizadores de la Navidad

..María Vargas. Directora de Relaciones Institucionales
Si nos remontamos a nuestra infancia, recordaremos cómo los más grandes de la casa guardaban nuestro sueño en tan repetidas noches y cómo velaban por nuestro merecido descanso tras vertiginosos días de actividades y emociones infantiles. También cómo recurríamos a ellos cuando el sueño nocturno resultaba complicado y sus brazos (en ese momento todavía grandes) nos acogían y tranquilizaban.

Venimos de dos días muy señalados en el calendario navideño, en donde el ámbito laboral ha quedado arrinconado para dar lugar a los encuentros más personales, con esa familia tanto avenida como elegida. La organización y gestión de la comida de Nochebuena y la cena de Navidad han sido las principales ligeras preocupaciones de unos cuantos de nosotros.

Profesionales que no han alzado sus copas al son de una feliz Navidad sino que han estado centrados en tratar enfermedades

Sin embargo, otras tantas han estado en primera línea, ejerciendo de brazos grandes y tranquilizadores, viviendo la Navidad en su pura esencia. Profesionales que no han alzado sus copas al son de una feliz Navidad sino que han estado centrados en tratar enfermedades. Los que sus ojos no se han posado en contemplar una mesa rebosante, sino que han estado escudriñando la esfera biopsicosocial que podía englobar a la persona que tenían delante. Los que sus preocupaciones han estado orientadas en crear soluciones terapéuticas que permitan aliviar síntomas y dolores. En definitiva, los que solo han tenido ojos para ver lo que sucedía en urgencias.

Por todos ellos, por lo que nos cuidáis y nos protegéis ante las pesadillas inesperadas que nos pueden surgir en medio de la noche o del día; por los que mejor situados estáis para disfrutar de la Navidad pero que aceptáis con decisión celebrarla con personas desconocidas; por los que ofrecéis esa sonrisa a pesar de estar en el lugar que no siempre os tendría que corresponder. Gracias por ayudarnos y por convertiros los brazos que, de mayores, nos acogéis y tranquilizáis.

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