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El ruido político nos ha hecho olvidar lo esencial: los pacientes, los profesionales y el SNS

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..Juan Pablo Ramírez. Director de iSanidad.
Manifestaciones, caceroladas, banderas de España y republicanas, agresiones, la reforma laboral, el pacto con Bildu, la nueva ley educativa, las colas del hambre, la playa de la Barceloneta a rebosar durante días, sin que la Policía se decida a actuar, los responsables de las altas tasas de mortalidad en las residencias, el hotel de Ayuso, los contratos del Ministerio de Sanidad con empresas sin domicilio para la adquisición de material sanitario, las discrepancias cada vez más agrias entre PSOE y PP… Demasiado ruido político que nos ha hecho olvidar lo fundamental y más urgente en la peor crisis sanitaria que recuerda este país: los pacientes, los profesionales y la reforma del Sistema Nacional de Salud.

Todos los estamentos profesionales vienen reclamando desde la última crisis económica una reforma del sistema sanitario. Se lo hemos oído a las sociedades científicas, a los colegios y a los sindicatos en innumerables ocasiones. La pandemia nos ha vuelto a lanzar a la cara una serie de evidencias que veníamos obviando. La primera es la reforma de la atención primaria. El plan de desescalada ha obligado a las comunidades autónomas a reforzar el primer nivel asistencial. Pero lo que no se ha hecho en años no se puede acometer en unas semanas. Los contratos temporales de los profesionales contratados para hacer frente al periodo de transición nos advierten que de momento este refuerzo tiene fecha de caducidad.

Demasiado ruido político que nos ha hecho olvidar lo fundamental en la peor crisis sanitaria que recuerda este país: los pacientes, los profesionales y la reforma del Sistema Nacional de Salud

Otra es la importancia de potenciar la prevención y la salud pública. En España las cifras hablan por sí solas. Un informe de Deloitte de 2017 advertía que el presupuesto para esta partida en nuestro país suponía solo el 1% de los más de 60.000 millones de euros de gasto sanitario. De este porcentaje, las vacunas solo representaban un 0,3%. Nuestra capacidad para hacer PCR a la población ha quedado en entredicho en los primeros compases de la pandemia.

Cuestiones como las implantación de las nuevas tecnologías y la telemedicina son claves. La situación de las residencias en esta crisis ha puesto de manifiesto que la integración del espacio sociosanitario está muy lejos de ser una realidad y que la comunicación entre niveles asistenciales sigue sufriendo interferencias.

Los contratos temporales de los profesionales contratados en primaria para hacer frente al periodo de transición nos advierten que de momento este refuerzo tiene fecha de caducidad

A esto se añade un problema de transparencia. A día de hoy seguimos sin conocer los miembros del Comité de Desescalada y los criterios que permiten el cambio de fase. El último en denunciarlo ha sido el presidente de la Organización Médica Colegial, el Dr. Serafín Romero. Precisamente esta opacidad que se suma a un Portal de transparencia cerrado es lo que más ruido ha generado. Nada que ver con la necesidad de que las comunidades comuniquen sus resultados en salud para que podamos mejorar nuestros servicios en beneficio de los pacientes.

No oímos estos días a nuestros políticos hablar de estas carencias en nuestro sistema sanitario. No es que algunas de las cuestiones arriba enumeradas no sean importantes. Solo que nos hemos olvidado de nuestros pacientes y nuestros profesionales.

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