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Médicos que curamos hospitales. Dr. Iñaki Alegría

Si curamos a una persona salvamos a una. Si curamos un hospital estamos creando la estructura para salvar la vida cada día de miles de personas

Dr. Iñaki Alegría
Fotos: cedidas por el Dr. Iñaki Alegría

..Iñaki Alegria, pediatra y coordinador de proyectos de salud materno-infantil en la región de Gambo, Oromia, Etiopía.
Viales de medicinas rotos agonizan inmóviles, confundiéndose entre la ruina. Piedras y capa de polvo que inunda un suelo hospitalario en el que hace unos días se reflejaba tu rostro a modo de espejo y hoy es ya irreconocible.

Los cadáveres de medicinas desangradas se cuentan por miles. Las pesadas balas que descansan en el suelo, son testimonio directo de la masacre. Vidas perdidas y vidas que no podrán ser salvadas de la enfermedad. Sangre derramada y sangre que faltará para atender las hemorragias de las jóvenes mujeres embarazadas que una vez más se convierten en víctimas silenciadas, ignoradas e invisibles del conflicto.

Familias enteras buscan refugio en el pabellón que sigue en pie entre los escombros del hospital

Un rayo de sol ilumina violentamente la intimidad perdida de lo que hace apenas unos días era un hospital bullicioso lleno de gente, el Hospital General de Dupti. Familias enteras buscan refugio en el pabellón que sigue en pie entre los escombros del hospital que se convierte de este modo en centro de salud y acogida, donde buscan no solo cura sino también consuelo o escucha. El estruendo de los bombardeos y saqueos han dejado paso a un estremecedor silencio que desaparece entre los llantos de dolor.

Una cama de partos se muestra tímida al sentirse desnuda ante el cielo al ser despojada del techo que la protegía. Otra camilla amputada, se esfuerza por mantenerse en pie ante el silencio. Son las estampas que ha inmortalizado mi amiga Tigist con la cámara de su teléfono, que, entre lágrimas, me muestra. Su ciudad natal es ahora un lugar irreconocible. Las imágenes me hielan la voz sin poder contener mis lágrimas.

Podría seguir llorando. Podría buscar culpables. Pero más allá de posicionarme en una guerra en la que los dos bandos han cometido crímenes, y siendo fiel a mi vocación médica, decido sanar sin juzgar a una Etiopía herida. En esta ocasión, de nuevo, quien más está sufriendo es la población civil, en especial la más vulnerable, la que dispone de menos sustento económico y la más marginada, mujeres e infancia.

Quien más está sufriendo es la población civil, en especial la más vulnerable, la que dispone de menos sustento económico y la más marginada, mujeres e infancia

pacientes-hospital-etiopiaMi pensamiento no es el único. Conmovido, pienso en la manera de apoyar la reconstrucción de Etiopía. A través de una página de apoyo a Etiopía, me encuentro con Miseker, una joven doctora etíope afincada en Nueva York, quien me conecta con otros jóvenes doctores etíopes que emigraron. Concertamos una reunión por internet en la que nos damos cita cardiólogos, cirujanos, ingenieros, informáticos todos ellos etíopes viviendo ahora en distintas ciudades de Estados Unidos, Reino Unido. Soy el único español, el único blanco. Pero mi corazón es etíope.

Acaba de nacer el movimiento Doctors4Ethiopia bajo el lema #HealAndRestore #SanaryRestaurar. Nuestro objetivo es dar a conocer la situación de los hospitales y otros centros sanitarios, así como ser punto de encuentro para las instituciones, organizaciones que puedan ofrecer apoyo a las necesidades sanitarias y técnica para la reconstrucción del más de centenar de hospitales y centros de salud de Tigray, Amara, Afar y Oromia destruidos por el conflicto bélico.

Uno de los hospitales prioritarios es el Hospital de Dupti en la región de Afar, una de las más empobrecidas y afectadas. El centro atiende a una población de más de 350.000 personas, con más de 130 partos al mes. Llegan sin cesar personas enfermas, con quemaduras y heridas de arma por el conflicto y el hospital se encuentra ante grandes dificultades para poder atender en condiciones.

Acaba de nacer el movimiento Doctors4Ethiopia bajo el lema #HealAndRestore #SanaryRestaurar

Hablo por teléfono con el Dr. Muhammed, el director del centro que con voz entrecortada y profundamente afectado me comenta la dureza de la situación que están viviendo estos días: «Tengo ante mí a un niño de 10 años a quien le han disparado en el pecho. Tiene una hemorragia masiva que sangra sin parar. No dispongo de medios y todo cuanto tengo es una botella de agua que introduzco en su pecho como tubo torácico. A pesar de todos los esfuerzos, la muerte se lo lleva. Acabo de ser testigo de una situación injusta».

Tras un descanso, desde el otro lado del teléfono puedo escuchar como respira profundamente mientras aspira la mucosidad generada por las lágrimas: «Hace escasos días una mujer en trabajo de parto llega al hospital después de estar once días de camino con las aguas rotas. Debido a la falta de transporte no puede llegar antes y acude a pie. Busco entre mesa llena de runas y finalmente encuentro un fonendoscopio roto. Tras repararlo con un poco de cinta adhesiva, lo coloco en su vientre buscando el latido fetal. No hay latido. Ha muerto. Es una víctima silenciada del conflicto, no va a contar ni en las estadísticas de muertes, pero te lo cuento a ti para que seas su voz. El mundo tiene que conocer lo que está pasando».

hospital Etiopía

Se concentra la actividad en el único pabellón que se sostiene en pie. Al entrar por la puerta, en una habitación sin más luz que la que entra por una pequeña ventana con el vidrio roto, se confunden los cuerpos al solaparse sus siluetas al trasluz del ventanal. No soy capaz de contar el número de persona. Puedo intuir que donde caben cinco colchones en el suelo, exactamente son los que hay. Las camas ya no sirven para contar a las personas ingresadas, comparten cama dos personas y en los más pequeños incluso tres o cuatros.

«Es una víctima silenciada del conflicto, no va a contar ni en las estadísticas de muertes, pero te lo cuento a ti para que seas su voz. El mundo tiene que conocer lo que está pasando»

No paran de llegar niños con quemaduras. Un niño de unos seis años que pide no ser identificado descansa en la cama. Ha llegado gravemente quemado en brazos de su padre. El padre nos dice que sus dos hijos de 9 y 11 años habían resultado heridos. El característico color de piel etíope, es ahora completamente irreconocible, al ser substituido por  un color rosado cubierto de pus tras llevarse el fuego las capas superiores de la piel. Se cuentas por metros las gasas que cubren por completo sus dos piernas, dejando solo unos pequeños poros por el que se cuela la sangre que tiñe de rojo a gasa blanca mezclándose con el contenido verdoso del pus que también elimina la herida infectada.

Se estima que más de 300.000 personas inocentes se han desplazado huyendo desesperadamente del conflicto. La situación es dramática, pero quiero recordar que hay más gente en el bando de la reconstrucción que en la destrucción, no todo es guerra o hambre. Trabajamos para la reconstrucción, no solo no estamos solos, estamos con la mayoría.

Lo que unos pocos han destruido, pueblos enteros se unen para la reconstrucción. Son más los que aman que los que matan. A pesar de todo, en la oscuridad hay luz

A pesar de que las noticias nos quieren mostrar lo contrario, en Etiopía la mayor parte de personas no hacen la guerra sino trabajan por la reconstrucción, curan, atienden, ponen amor en medio de la guerra. Lo que unos pocos han destruido, pueblos enteros se unen para la reconstrucción. Son más los que aman que los que matan. A pesar de todo, en la oscuridad hay luz. Si curamos a una persona salvamos a una. Si curamos un hospital estamos creando la estructura para salvar la vida cada día de miles de personas.

La guerra en Etiopía ha asolado casi tres mil centros de salud. Desolado y conmovido al ver hospitales destruidos incapaces de atender a los heridos de guerra, junto a la diáspora etíope nos volcamos en la reconstrucción del sistema de salud y creamos el movimiento Doctors4Ethiopia bajo el lema #HealAndRestore #SanaryRestaurar

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