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Enfermedad cardiovascular en la mujer. Dra. Milagros Pedreira

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..Dra. Milagros Pedreira, coordinadora del Grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la Sociedad Española de Cardiología (SEC)
La enfermedad cardiovascular continúa siendo la principal causa de muerte en las mujeres en el mundo occidental. A pesar del descenso progresivo en las últimas décadas, aún representa una amenaza para la salud de las mujeres. Además, este descenso se ha logrado fundamentalmente en mujeres de más de 65 años, sin embargo, ha habido “un estancamiento” en esta mejoría e incluso se ha observado un grupo de edad más joven, menores de 55 años con infarto de miocardio, en las que la mortalidad es superior a los hombres de una edad similar.

A pesar de la reciente y devastadora pandemia por Covid-19, en el análisis del Instituto Nacional de Estadística (INE), la enfermedad cardiovascular continúa siendo una de las principales causas de muerte en mujeres. Por lo tanto, resulta crucial conocer qué mecanismos dan lugar a esta situación, los factores de riesgo cardiovascular que inciden en ello, algunos exclusivos del género femenino, además de que las mujeres son más vulnerables frente a determinados factores de riesgo clásicos, y naturalmente, poner énfasis en el control óptimo de esos factores por parte de los profesionales implicados y por parte de las propias mujeres.

Los factores de riesgo clásicos como el tabaquismo, la hipertensión, la hiperlipidemia, la diabetes, el sedentarismo, la obesidad y los factores psicosociales (estrés, depresión…) son responsables del 90% de los infartos en mujeres

Por todo lo anterior, es clave la prevención tanto desde el punto de vista global, poblacional, como la prevención de forma individual basada en el perfil de riesgo. En este sentido, hay que destacar que los factores de riesgo clásicos como el tabaquismo, la hipertensión, la hiperlipidemia, la diabetes, el sedentarismo, la obesidad y los factores psicosociales (estrés, depresión…) son responsables del 90% de los infartos en mujeres.

Las mujeres jóvenes mantienen un mayor consumo de tabaco, pero también, a mayor edad se ha demostrado una progresiva y superior prevalencia de diabetes, hipertensión, sedentarismo y obesidad que los hombres. Situaciones que llevan a una mayor incidencia de ictus sobre todo en nuestro medio y de otras patologías cardiovasculares comparado con los hombres.

Un hecho muy relevante son otros factores de riesgo exclusivos del género femenino y mucho menos conocidos por las propias mujeres. Así, se ha demostrado cómo el parto prematuro  (antes de las 37 semanas de gestación)  está relacionado con mayor riesgo cardiovascular futuro (factor de riesgo independiente), relacionado con estado inflamatorio. Otras situaciones como la enfermedad hipertensiva gestacional (la que aparece tras 20 semanas de gestación), la preclampsia y la enfermedad hipertensiva crónica se relacionan con un aumento de  riesgo tardío y que persiste a lo largo de la vida (3,7 veces más que mujeres normotensas).

La diabetes gestacional se relaciona con un aumento muy significativo del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 futura, con el consiguiente aumento de riesgo cardiovascular general

La diabetes gestacional, aquella que aparece más allá del tercer trimestre, se relaciona con un aumento muy significativo del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 futura, con el consiguiente aumento de riesgo cardiovascular general. El síndrome de ovario poliquístico también se asocia a mayor resistencia a la insulina y a un aumento de riesgo de diabetes y, finalmente, mayor riesgo cardiovascular. Asimismo, la menopausia precoz antes de los 45 años también se ha asociado a un aumento de 1.5 veces de riesgo de enfermedad coronaria.

Otras patologías como las enfermedades inflamatorias y autoinmunes se asocian a mayor riesgo en mujeres y hombres, pero su prevalencia es mayor en mujeres con un aumento significativo como ocurre con la artritis reumatoide y el LES (lupus eritematoso sistémico).Factores psicosociales como la depresión, el aislamiento o el estrés inciden con mayor dureza en las mujeres y también se han relacionado con mayor  aparición de enfermedad coronaria.

Por todo ello es fundamental conocer estos factores de riesgo especiales, además de los clásicos como la diabetes mellitus (triplica el riesgo), la hipertensión, el colesterol elevado, la obesidad y el sedentarismo, con un impacto mayor entre las mujeres.

Es clave realizar campañas de difusión, de información sobre el autocuidado y la autorresponsabilidad de nuestro estado de salud

El conocer nuestro estado de riesgo, con la consideración de todos los factores señalados, nos permite prever y predecir este riesgo y, por lo tanto, nos brinda una gran oportunidad: la de modificar nuestras pautas de conducta, nuestro estilo de vida y, en algunos casos, la oportunidad de aplicar tratamientos farmacológicos que nos permitan evitar la aparición y la progresión de la enfermedad cardiovascular.

Hay aspectos fundamentales que pueden cambiar nuestro pronóstico y mejorar nuestro futuro. En primer lugar, conocer nuestro perfil de riesgo; en segundo lugar, modificarlo con medidas generales y farmacológicos si se necesitan; y por último, realizar una reevaluación de forma periódica: no se trata de una foto fija sino dinámica, tendremos que valorar si alcanzamos los objetivos de salud  y modificar nuestro estilo de vida para que así sea. Para lograrlo es clave realizar campañas de difusión, de información sobre el autocuidado y la autorresponsabilidad de nuestro estado de salud.

En las mujeres, en muchas ocasiones y por múltiples condicionantes, entre otros la asunción de un rol social y familiar de cuidadora y la baja percepción de la enfermedad cardiovascular como una amenaza real, el autocuidado y  el conocimiento de los factores de riesgo, no son una prioridad en la atención a su propia salud.

Es responsabilidad de todos: desde las propias mujeres, profesionales sanitarios, medios de comunicación, administración sanitaria y de toda la sociedad,  contribuir al cambio de esta actitud para optimizar el control del riesgo cardiovascular y finalmente disminuir la mortalidad por esta causa.

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