José Manuel Martínez Sesmero: «Hay que dar más voz y, sobre todo, hay que dar más participación activa a los pacientes»

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40 Jóvenes Profesionales. 
José Manuel Martínez Sesmero es doctor en Farmacia y cuenta con formación en gestión sanitaria, economía farmacéutica, bioética y gestión de equipos. Es miembro de la Real Academia Nacional de Farmacia y director de Innovación de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH). Desde 2018 ocupa el puesto de jefe del Servicio de Farmacia del Hospital Universitario Clínico San Carlos, que compagina con la docencia en varias universidades y centros de formación especializada. Para él, la pandemia ha tenido también consecuencias positivas en nuestro sistema sanitario, por ejemplo, la rápida evolución de las tecnologías aplicadas a la sanidad, que suponen una herramienta muy útil para mejorar la asistencia sanitaria y la atención a los pacientes.

¿Cómo se vivieron en el servicio de farmacia hospitalaria las primeras semanas de pandemia?
Como para todos, fueron momentos de incertidumbre y de muchos nervios, porque estábamos viviendo en primera persona un problema sanitario global. Concretamente en nuestro servicio de farmacia hospitalaria dejamos de ver abruptamente a nuestros pacientes de consultas externas, porque no podían venir al hospital. El hospital entero se trasformó en un hospital de campaña monotemático, donde tuvimos que habilitar camas
y proveer de medicamentos a pacientes en situaciones muy complicadas. Fue una verdadera revolución.

José Manuel Martínez: «Con la pandemia hemos aprendido que tenemos que escuchar más a los pacientes»

Teníamos que atender a pacientes críticos que, además, necesitaban medicamentos en una situación de problemas de suministro. Mirando el lado positivo, nos sirvió para comprobar nuestra capacidad de trabajo en equipo, el esfuerzo, la vocación y la energía de todos los profesionales sanitarios, incluidos los de la farmacia del hospital. Creo que hubo una buena coordinación con la Aemps y el Servicio Madrileño de Salud, además de un trabajo coordinado de todos los farmacéuticos de hospital de la red madrileña, que con llamadas y comunicación constantes compartíamos información, protocolos y medicamentos.

Otros puntos a destacar de la farmacia hospitalaria en aquellos meses es la colaboración directa en la investigación de todos aquellos productos que creíamos que podían ser útiles para combatir el virus, la colaboración en el registro de datos, en la organización y seguimiento de los pacientes, etc. También vivimos la eclosión de la telefarmacia, del envío de medicamentos a domicilio, etc. La verdad es que fueron momentos complicados, intensos, tanto dentro como fuera del hospital (familiares y amigos afectados), que fue una situación convulsa, pero, visto en retrospectiva, yo creo que hemos aprendido mucho sobre qué tenemos que hacer y qué tenemos que dejar de hacer.

Dos años después de todo esto, ¿qué cambios ha traído la pandemia a la farmacia hospitalaria?
Con la pandemia yo creo que, sobre todo, hemos aprendido que tenemos que escuchar más a los pacientes. Antes lo teníamos en la cabeza, pero era un planteamiento un tanto teórico. Hemos aprendido a comprenderles mejor y a entender que viven otras realidades, y tienen otras necesidades y expectativas muy diferentes a los clichés preestablecidos. Eso es uno de los principales aprendizajes, que tenemos que integrar a los pacientes
en el equipo de salud.

El reto ahora es encontrar el equilibrio entre la hiperespecialización y un papel más transversal, muy necesario, que dé continuidad a la atención farmacéutica

También hemos comprobado que las nuevas tecnologías son un aliado perfecto para poder ejercer e implementar nuevos modelos de atención. También lo teníamos en la cabeza antes de la pandemia, pero no terminaba de llevarse a la práctica y la pandemia nos ha hecho movernos más rápido. Las tecnologías son herramientas para nuestro trabajo y mejorar y adaptar la comunicación con los pacientes, en definitiva, son un medio para mejorar la atención. Una vez pasada la etapa más crítica, tenemos que analizar todos los aprendizajes y desarrollar planas estratégicos para incorporar al paciente de una maneta real a los equipos de salud y construir nuevos modelos de atención centrados en el paciente, pero llevándonos de una vez por todas a la práctica.

¿Los farmacéuticos hospitalarios se van a convertir o se están convirtiendo ya en súper especialistas?
Esta tendencia la hemos visto en todas las profesiones de ciencias biomédicas y también ha llegado a los farmacéuticos desde hace años. En muchos equipos ya tenemos especialistas en áreas muy concretas y es claro y notorio aportan mucho. El reto ahora es encontrar el equilibrio entre la hiperespecialización y un papel más transversal, muy necesario, que dé continuidad a la atención farmacéutica. Por lo tanto, vamos a convivir en un modelo asistencial en el que coexistan farmacéuticos más hiperespecializados junto a farmacéuticos más transversales o generalistas.

¿Qué retos supone tener que atender pacientes tanto dentro como fuera del hospital?
El hospital se tiene que adaptar más a la realidad y el día a día de cada paciente y su entorno. Hay que prevenir que venga al hospital y reinterpretar la funcionalidad presente y futura del hospital. Tenemos que trabajar desde el hospital puertas afuera del hospital. Esto requiere, de nuevo, coordinación con otros profesionales junto con el desarrollo de nuevas profesiones sanitarias y biosanitarias.

El hospital se tiene que adaptar más a la realidad de cada paciente

Nos tenemos que implicar más en un proceso de continuidad, del viaje del paciente a lo largo de su sistema de salud. Y digo sistema de salud de manera consciente, porque la salud no solo depende de tener contacto con un centro sanitario. Hay que redefinir el modelo y evitar las fronteras, enfocarnos realmente en el circuito o flujo de paciente. Por lo tanto, aunque el hospital seguirá estando presente, hay que readaptarlo a una necesidad social que cada vez es más cambiante.

¿Qué cuestiones debería mejorar la farmacia hospitalaria de cara a un futuro próximo?
En el sentido de urgencia, yo destacaría que lo más urgente para la farmacia es consolidarse como un referente y aliado en salud para los pacientes. Que exista un farmacéutico responsable de la atención de un paciente, al que poder acudir cuando existe algún problema con la medicación y que esté coordinado con el resto del equipo, independientemente del problema de salud. Y me da igual que sea en el hospital, en un centro de salud o en el ámbito de la comunitaria, pero que haya siempre un farmacéutico de referencia perfectamente conectado al resto del equipo de salud.

Según José Manuel Martínez, las farmacias y sus profesionales pueden sumar mucho en actividades que hasta ahora no se consideran tradicionales

Y si me voy a lo importante, al medio y largo plazo, todos los sanitarios vamos a tener que reposicionar y reinterpretar nuestros roles porque la inteligencia artificial, el análisis de datos masivos y la tecnología van a sustituir o modificar muchas técnicas y/o competencias que, ahora mismo, son imprescindibles, pero dependen de personas. Debemos mejorar y redefinir una medicina y una farmacia más humanista, más social, más colectiva, más preventiva y más participativa, a entender la salud como
un bien social. Este ha sido otro de los aprendizajes de la época pandémica.

Sobre las oficinas de farmacia, ¿hay más espacio para ellas del que ocupan actualmente en el sistema? ¿Cómo pueden ayudar a la atención primaria y a la farmacia hospitalaria?
Mi opinión sincera es que es un recurso sanitario infrautilizado. Son lugares donde un profesional sanitario formado puede tener una actividad de salud pública muy importante: educación para la salud, control nutricional, control de adherencia y coordinación de la farmacoterapia, etc. Hay que darles herramientas y acceso a la información sanitaria básica que, hasta ahora, por alguna extraña razón, tienen vetadas.

Las farmacias y sus profesionales pueden sumar mucho y en actividades que hasta ahora no se consideran tradicionales. Hemos visto cómo en muchos países han participado en programas de vacunación o en programas de screening y/o diagnóstico. Creo que en este siglo XXI donde todo va tan rápido, donde hay problemas pandémicos y una guerra terrible en Europa tenemos que aprovechar todos los recursos que están a disposición de la sociedad.

Las nuevas tecnologías son un aliado perfecto para poder ejercer e implementar nuevos modelos de atención

¿Quién debe participar en el rediseño de nuestro sistema sanitario?
En este punto me gustaría destacar a los pacientes y a los colectivos que los representan. Pero que participen de una manera real. La ley de autonomía del paciente existe desde hace más de veinte años, pero no ha ofrecido soluciones prácticas. Hay que dar más voz y, sobre todo, hay que dar más participación activa a los pacientes. Seguimos viviendo en un sistema con genética paternalista, que debemos ir cambiando poco a poco. Algo hemos avanzado, pero queda todavía mucho camino por recorrer.

¿Cómo se imagina su situación profesional dentro de 10 años?
Dentro de 10 años, a mí, que soy jefe de servicio de un gran hospital, me gustaría poder decir que disponemos de más farmacéuticos especialistas para poder trabajar con diferentes equipos médicos y de enfermería en mi hospital y que hemos sido capaces de incorporar la tecnología de manera adecuada para comunicarnos mejor con nuestros pacientes y adaptarnos a sus necesidades en cada momento.

Me gustaría también sentirme valorado fuera del hospital, que todas las personas supieran que cuando estás en el hospital y tomas un medicamento, te administran una medicación parenteral o te tratan en un hospital de día oncohematológico, etc., detrás de esos preparados hay un control de calidad por parte de un farmacéutico que garantiza la seguridad y la trazabilidad y que puede darte consejo y hacer seguimiento del tratamiento. Y, sobre todo, me gustaría poder ver cómo hemos crecido, cómo seguimos avanzando y cómo somos capaces también de incorporarnos y adaptarnos a la innovación tecnológica, medicamentosa y no medicamentosa, que viene a esta sociedad que avanza rápido y donde yo creo que la opinión farmacéutica colegiada siempre tiene que ser importante, por el valor que aportamos los farmacéuticos para mejorar la vida de las personas.

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