La curva de aprendizaje del R1: nervios, ilusión y la importancia de un buen equipo para empezar con confianza

La llegada de los nuevos residentes está marcada por la emoción, pero también por la importancia de contar con equipos docentes que enseñen, acompañen y permitan equivocarse en un entorno hospitalario seguro y humano

aprendizaje-R1

Fátima del Reino Iniesta
El 2025 ha recibido a una nueva generación de residentes que ya ha comenzado a recorrer los pasillos de los hospitales de toda España. Los primeros días como residentes médicos suponen un punto de inflexión vital y profesional. Tras seis años de carrera y meses de preparación para el examen MIR, los nuevos médicos inician una etapa cargada de ilusión, nervios y responsabilidad. Desde medicina interna hasta pediatría, pasando por cirugía o psiquiatría, sus palabras reflejan una mezcla de entusiasmo, sorpresa y respeto por lo que supone el salto a la práctica clínica.

La Dra. Rocío Ferrándiz, residente de primer año (R1) de la especialidad de Medicina Nuclear en el Hospital Germans Trias i Pujol (Barcelona), relata que sus primeros días están siendo «intensos, con muchos cambios y bastante movimiento», pero también llenos de ilusión. «Es una etapa que estoy viviendo con muchas ganas. Son días que voy a recordar con mucho cariño, porque para mí tienen algo especial», asegura en una entrevista concedida a iSanidad.

«Están siendo días intensos, con muchos cambios y bastante movimiento, pero también llenos de ilusión», afirma la Dra. Rocío Ferrándiz

La adaptación, como es habitual, no ha estado exenta de dificultades logísticas. Al ser la primera promoción de medicina nuclear en su centro, ha tenido que gestionar trámites como activación de contraseñas o inclusión en grupos de guardia. La acogida en el hospital ha sido uno de los puntos fuertes de su experiencia inicial. «Desde el primer momento nos han hecho sentir parte del equipo, y el ambiente que se respira es muy cercano y humano», afirma. Además, destaca la avanzada tecnología y la colaboración interdisciplinar dentro del servicio. «Todos están siempre dispuestos a explicarte, orientarte y ayudarte en lo que necesites».

Sobre las tareas asignadas, Rocío ya ha comenzado con la interpretación de pruebas, el procesado de imágenes y la atención directa a pacientes, todo bajo supervisión. Las guardias, que realiza en urgencias médicas, han sido más duras. «Es fácil sentirse sobrepasado y nervioso, especialmente en estos primeros días que todo se vive más intensamente», confiesa. Aun así, cree que estas vivencias son comunes entre los R1. «Todos estamos igual de perdidos, y todos los compañeros lo estuvieron también al principio», manifiesta.

«La gente tiene muchas ganas de enseñar, incluso cuando llegamos muy verdes», destaca la Dra. Carmen Villalba

Entre la vocación y la sorpresa

La mayoría de las residentes coincide en que su elección está cumpliendo (o incluso superando) sus expectativas. La Dra. Gemma Arasco Sánchez ha comenzado su residencia en Psiquiatría en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). Reconoce haber iniciado esta etapa con nervios, pero muy contenta. «Cuando ya llevas unos días, te vas saturando menos de tanta información”, afirma la Dra. Arasco.

Desde que cursaba la carrera tenía claro que quería ser psiquiatra y, de momento, no se ha llevado grandes sorpresas. Aunque sí matiza que a veces se encuentran con problemas sociales más que clínicos. Actualmente, sus tareas son todavía limitadas, centradas en redacción de evolutivos y entrevistas clínicas. Aun así, siente que se está introduciendo de forma progresiva en la dinámica del servicio.

«Cada día tengo más claro que quiero dedicarme a esto el resto de mi vida», explica la Dra. Inés de Lázaro

Para la Dra. Inés de Lázaro, residente de primer año de Pediatría en el Hospital Clínico San Cecilio de Granada, este primer mes ha servido para confirmar que está donde quiere estar. «Cada día tengo más claro que quiero dedicarme a esto el resto de mi vida. Pediatría me parece una especialidad muy completa, y poder ayudar a niños cada día es maravilloso. También estoy encantada con mi elección de hospital, porque es muy familiar y donde sé que voy a conseguir muy buena formación», detalla a iSanidad.

Guardias: nervios, adrenalina y aprendizaje

Las primeras guardias son, para muchos, una experiencia límite. La Dra. Ferrándiz cuenta que, aunque están supervisadas, «la presión es intensa, y no es raro terminar llorando durante una guardia». Añade que lo importante es aprender a poner límites, preguntar sin miedo y recordar que todos pasaron por lo mismo.

La Dra. Carmen Villalba, R1 de Medicina Interna en el Hospital Puerta de Hierro Majadahonda (Madrid), coincide en que «el vértigo inicial se compensa con la implicación del equipo». Reconoce que el entusiasmo del entorno ha marcado la diferencia. «Tenían muchas ganas de que llegáramos. Incluso antes de incorporarme ya sabían quién era y se habían preocupado por mí. Te explican todo con muchísimo cariño. Aunque sea la octava vez que te olvides de preguntar el tratamiento habitual», detalla.

«Sabía que quería ser cirujana, y aunque es duro, no me he arrepentido ni un segundo», destaca la Dra. Lole Enríquez

Las guardias, reconoce, han sido intensas, pero también formativas. La evolución sentida entre la primera y la cuarta guardia es abismal. «La curva de aprendizaje es brutal. Comienzas sin saber encender el ordenador y acabas hablando con el adjunto y proponiendo tratamientos», explica. En cuanto a las tareas clínicas, la Dra. Carmen valora la autonomía progresiva con la que se trabaja, siempre acompañada por residentes mayores o adjuntos. «Aunque estés sola, sabes que en la puerta de al lado está el mayor».

En cirugía general, la curva de aprendizaje es especialmente dura. Así lo explica la Dra. Lola Enríquez, residente en el Hospital Puerta de Hierro, destacando que «sabía que iba a ser exigente, pero también sabía que quería ser cirujana». Lo que más le ha sorprendido es la capacidad de sus mayores para gestionar el estrés y la presión. Añade que la carga física, los horarios impredecibles y la intensidad del quirófano son parte del reto. «De momento estoy en urgencias, respondiendo llamadas, aprendiendo a suturar y empezando a subir al quirófano. Pero estoy feliz con mi elección», detalla.

«La implicación docente en mi centro es enorme, y eso marca la diferencia», resalta la Dra. Ainara Cea

La Dra. Ainara Cea, residente de Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital Royo Villanova de Zaragoza, reivindica el valor de su especialidad. «Somos la puerta de entrada al sistema sanitario. Nuestro enfoque inicial es clave». Uno de los retos que destaca es la gran diversidad de patologías que deben manejar cada día en atención primaria. Además, remarca la satisfacción que siente por su elección. «Han sido muchos años esperando llegar a esta meta y ha sido muy gratificante».

Asimismo, destaca la implicación docente de su centro, donde discute los casos con su tutora y recibe orientación personalizada. «Siento que en mi centro están muy implicados con la enseñanza a resientes. Cualquier caso que creen puede ser útil para nuestro aprendizaje, lo comentamos después de la consulta», explica la Dra. Cea.

Las seis residentes comparten algo más que el destino hospitalario o los nervios con los que empezaron sus primeros días de residencia. Todas coinciden en la ilusión por aprender, el agradecimiento por sentirse acompañadas y la certeza de que esto no ha hecho más que empezar y que estarán rodeadas de personas que enseñan con paciencia, que las arropan y que entienden que equivocarse también forma parte del proceso. «No te arrepientas de preguntar, pon límites, no te compares con nadie. Y sobre todo, recuerda que no estás solo», concluye Rocío, con un consejo que podría suscribir cualquier R1 en sus primeras semanas de residencia.

Podcast

Podcast

Economía

Accede a iSanidad

Buscar
Síguenos en