Una nueva terapia génica muestra resultados prometedores en pacientes con una enfermedad rara que combina sordera congénita y degeneración visual

Una estrategia con doble vector mejora la visión sin efectos adversos graves en los primeros pacientes tratados con síndrome de Usher tipo 1B

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Paula Baena
Una terapia génica experimental desarrollada por el Instituto Telethon de Genética y Medicina (Tigem), en colaboración con la biotecnológica AAVantgarde Bio, ha mostrado resultados clínicos prometedores en pacientes con síndrome de Usher tipo 1B.  Esta enfermedad genética rara provoca sordera congénita y pérdida progresiva de la visión. Un año después del inicio del ensayo clínico, los primeros datos disponibles indican una mejora significativa de la capacidad visual sin que se hayan registrado eventos adversos graves.

La innovación clave de esta estrategia terapéutica reside en el uso de un sistema de doble vector adenoasociado (AAV), diseñado para superar una de las principales limitaciones de la terapia génica tradicional: el tamaño de los genes diana. En el caso del síndrome de Usher tipo 1B, el gen al que afecta, MYO7A, es demasiado grande para ser transportado por un único vector viral convencional. El enfoque desarrollado por el Tigem utiliza dos vectores modificados, cada uno con la mitad del gen. Estos se recombinan en el interior de la célula para generar una copia funcional de la proteína.

El enfoque utiliza dos vectores modificados que se recombinan en el interior de la célula para generar una copia funcional de la proteína

El tratamiento se administra mediante una inyección subretiniana bajo anestesia general, y se aplicó por primera vez en la Clínica Oftalmológica de la Universidad de Estudios de la Campania Luigi Vanvitelli, centro líder del ensayo. El primer paciente tratado, un hombre de 38 años, mostró una recuperación sustancial de la visión tanto de cerca como de lejos, incluso en condiciones de baja luminosidad. “Ahora puedo reconocer rostros, leer subtítulos en la televisión y moverme con seguridad. No es solo ver mejor, es volver a vivir”, relató el paciente.

La profesora Francesca Simonelli, responsable del Centro de Terapias Avanzadas Oculares del Ateneo Vanvitelli, destacó que «el efecto clínico se evidenció a las dos semanas y ha ido mejorando con el tiempo. La intervención no es especialmente invasiva y puede ofrecer resultados en plazos relativamente cortos».

Hasta ahora, la innovadora terapia génica ha mostrado un perfil de seguridad favorable: pocos casos de inflamación ocular detectados, leves y controlables

En el marco del ensayo clínico internacional de fase I/II LUCE-1, entre octubre de 2024 y abril de 2025 se han tratado siete pacientes adicionales, a los que se han administrado dos niveles de dosis (baja e intermedia). En los próximos meses, se incluirán otros siete pacientes con una dosis más elevada. La terapia ha mostrado hasta ahora un perfil de seguridad favorable: los profesionales han detectado pocos casos de inflamación ocular, todos ellos leves y fácilmente controlables con tratamiento corticosteroideo.

El Dr. Alberto Auricchio, director del Tigem y responsable científico del estudio, subraya que esta plataforma puede abrir nuevas posibilidades terapéuticas para enfermedades causadas por genes de gran tamaño, que hasta ahora quedaban fuera del alcance de la terapia génica convencional. La compañía AAVantgarde Bio, impulsada por el fondo Sofinnova-Telethon, lidera el desarrollo clínico de esta innovación.

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