«Igual que recetamos quimio e inmunoterapia, hay que recetar ejercicio físico»: los hematólogos buscan incorporarlo al tratamiento del cáncer de la sangre

Una comisión de la SEHH trabaja para trasladar la evidencia científica a la práctica clínica, ya que solo uno de cada diez servicios de hematología tiene programas que integran la prescripción del ejercicio físico en el tratamiento

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Foto: Quironsalud. Archivo

Gema Maldonado Cantero
Recetar ejercicio físico de igual forma que se prescribe un régimen de inmunoterapia y quimioterapia. Ponerlo al nivel de un fármaco. En esto está trabajando ya un grupo de hematólogos que han formado una comisión para conectar la evidencia científica con la práctica clínica.

«Queremos conseguir ser pioneros. Igual que recetamos R-CHOP [régimen de quimioinmunoterapia], hay que recetar ejercicio físico», afirma, convencida, la Dra. Izaskun Zeberio Etxetxipia, hematóloga del Hospital Universitario de Donostia, coordinadora de este grupo de trabajo durante el reciente Congreso Nacional de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), celebrado en Bilbao.

Dra. Zeberio: «Hay datos impresionantes que muestran que quienes hacen ejercicio tienen menos recaídas; la hipótesis es que experimentan una mejor reconstrucción inmune»

La evidencia científica lleva años mostrando el valor de la intervención basada en el ejercicio en pacientes con neoplasias hematológicas. «Hay datos impresionantes que muestran que quienes hacen ejercicio tienen menos recaídas; la hipótesis es que experimentan una mejor reconstrucción inmune», explica la hematóloga.

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Izaskun Zeberio Etxetxipia, durante el Congreso Nacional de la SEHH

Además de los beneficios generalizados comunes a la población sana y con otras patologías, la literatura disponible indica que el ejercicio físico en cáncer reduce la fatiga relacionada con la enfermedad, regula la respuesta inflamatoria y el sistema inmune, aumenta la biogénesis mitocondrial, limita la toxicidad de la quimioterapia y mejora la tolerancia, y puede llegar a aumentar la supervivencia. «La evidencia va más allá de la calidad de vida y es hora de que empecemos a implementar estos programas», asevera Zeberio.

Pero la realidad de los hospitales no facilita su incorporación como una parte más del tratamiento. Solo el 13% de los servicios de hematología en España tienen un programa de ejercicio físico, según un reciente análisis de la SEHH que encuestó a hematólogos de centros hospitalarios. El 87,5% considera el ejercicio muy importante, pero admite que faltan formación, recursos y protocolos clínicos claros. Los encuestados señalan distintas barreras estructurales y de recursos para implementar estos programas.

Solo el 13% de los servicios de hematología en España tienen un programa de ejercicio físico, pese a que el 87,5% de los hematólogos lo consideran muy importante

Para darle la vuelta a estos datos, el equipo de Zeberio trabaja con graduados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (Cafyd) para que «conviertan la evidencia en programas de ejercicio físico seguro, eficaz e individualizados». El primer paso es identificar y evaluar a los pacientes y derivarlos a estos especialistas en ejercicio físico, coordinando con ellos el programa de ejercicio. Después, continúa el trabajo con la monitorización y reevaluación de cada paciente según su evolución clínica.

Ya han puesto en marcha un programa de investigación, una especie de piloto en el que están viendo resultados. «La adherencia es brutal; los pacientes se enganchan porque ven que se les adapta el ejercicio físico», cuenta Zeberio, junto a Mar Martínez e Imanol Morante, dos graduados en Cafyd que trabajan con pacientes de linfoma para los que se integra el ejercicio físico como tratamiento adyuvante.

Ya han puesto en marcha un programa de investigación, una especie de piloto con pacientes con cáncer hematológico, con buenos resultados: «La adherencia es brutal»

La evidencia específica sobre cánceres hematológicos y ejercicio físico ha demostrado su viabilidad y sus resultados. «En pacientes con quimioterapia se vio que mejoraba la función física, se aliviaban los síntomas de depresión y el ejercicio era seguro teniendo en cuenta las directrices sobre plaquetas», apunta Imanol Morante. Hay estudios que indican que quienes no hacen ejercicio físico presentan mayor toxicidad. «Hasta un 33% más de fatiga durante un año tras el tratamiento; un 30% sufren neuropatía periférica seis meses después y un 70% tiene más probabilidad de sufrir problemas cardiovasculares», apunta Mar Martínez.

La clave para empezar a integrar estos programas pasa por una primera valoración de los pacientes, para saber de dónde parte cada uno, diseñar el entrenamiento y plantear los objetivos de forma individualizada. Esta valoración implica medir la capacidad cardiorrespiratoria y realizar otras mediciones, como test de campo para evaluar la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad.

Imanol Morante: «Para prescribir el ejercicio físico de manera segura y eficaz hay que basarse en los principios FITT: frecuencia, intensidad, tipo de ejercicio y tiempo»

El siguiente paso es hacer la recomendación en función de las comorbilidades que tenga el paciente, las complicaciones o las cirugías graves por las que haya pasado o esté pasando. «Para prescribir el ejercicio físico de manera segura y eficaz hay que basarse en los principios FITT: frecuencia, intensidad, tipo de ejercicio y tiempo», explica el experto.

La recomendación pasa por hacer ejercicio los siete días de la semana, con un mínimo de tres días de entrenamiento aeróbico y dos de fuerza, aunque se debe adaptar a cada persona y tener en cuenta que «siempre es mejor hacer algo que nada». La intensidad debe superar determinados umbrales para obtener beneficios, lo que puede implicar esfuerzos superiores a los habituales en la vida cotidiana y cuya exigencia se puede medir mediante escalas estandarizadas.

En cuanto al tipo de ejercicio, lo ideal es combinar trabajo aeróbico, fuerza y equilibrio, preferiblemente mediante actividades lúdicas, en contacto con la naturaleza, en compañía y bajo la supervisión de profesionales. El tiempo recomendado mínimo es de 150 minutos a la semana o 75 de actividad más vigorosa.

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