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Paloma Calleja: “No existen razones objetivas para no reconocer la capacidad de las enfermeras en la alta gestión”

..Cristina Cebrián.
El papel que desempeñan las enfermeras en la alta gestión todavía no cuenta con el reconocimiento que merece. Los resultados del trabajo desempeñado por enfermeras en la alta gestión es positivo. Sin embargo, todavía no se ha logrado un reconocimiento completo.

Paloma Calleja es enfermera en Admisión, Responsabilidad Social y Contabilidad Analítica en el Hospital de Guadarrama. Su experiencia en la gestión sanitaria le ha llevado a considerar que el valor añadido se consigue en base a la valoración de méritos. Así lo cuenta para iSanidad en esta entrevista realizada en el marco de la campaña Nursing Now y en colaboración con EnferConsultty.

¿Está suficientemente bien reconocido el trabajo enfermero en la dirección?
Desde hace años la formación pregrado de enfermería incluye una asignatura de gestión de los servicios sanitarios. Hoy por hoy es posible acceder en igualdad de condiciones que otras profesiones a los estudios de postgrado y de doctorado. Por tanto, no existen razones objetivas para no reconocer o reconocer “de menos” la capacidad de las enfermeras para desempeñar puestos dentro de la dirección.

Las experiencias de enfermeras en alta gestión han sido igual de positivas que la labor desempeñada por otros profesionales

En este sentido parece que el tiempo “viene dando la razón”. Ya hay datos suficientes como para afirmar que las experiencias de enfermeras desempeñando puestos en alta gestión dentro del SNS han sido, al menos, igual de positivas que la labor desempeñada por otros profesionales.

Además, el contexto social parece que también lo apoya. La población cada vez demanda mayor información sobre los procesos de toma de decisiones. Y se posiciona más en contra del reparto de responsabilidades en base a criterios poco claros. En este sentido, las leyes e iniciativas de buen gobierno, participación y transparencia de las organizaciones e instituciones suponen una oportunidad para mejorar los sistemas de selección de mandos intermedios y directivos. De manera que se gana en transparencia, objetividad y se brindan oportunidades hasta ahora “no disponibles” para las enfermeras.

enfermeras-en-la-alta-gestiónLa mayor objetividad en la valoración de méritos, junto con un mayor desarrollo de los sistemas de información; y la incorporación de sistemas de gestión que permiten una evaluación individualizada de los trabajadores (como los modelos de gestión de competencias); ofrecen la posibilidad de crear nuevos escenarios donde cuantificar el valor añadido por parte de cada enfermero al conjunto de la atención prestada a la población; donde adaptar a cada puesto el perfil de profesional más idóneo en base a sus competencias. Y donde explorar nuevas funciones y responsabilidades tradicionalmente no ligadas al área de la enfermería.

La OMS pretende incorporar a la toma de decisiones un colectivo que abarca la mitad de la carga de trabajo en sanidad 

El Consejo General de Enfermería solicitó al gobierno una enfermera jefe en el Ministerio de Sanidad, ¿es necesaria esta figura?
Se trata de una figura que, en realidad, está presente en otros ámbitos. Por ejemplo, a nivel autonómico, ya existen algunas direcciones generales o gerencias de cuidados. Incluso la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) nombró a la enfermera Elizabeth Iro en el año 2017 como Funcionaria Jefa de Enfermería; incluyéndola dentro de su equipo directivo.

Con su creación, la OMS pretende incorporar a la toma de decisiones estratégica la perspectiva de un colectivo profesional que, con todas sus diferencias territoriales, abarca prácticamente la mitad de la carga de trabajo en sanidad. Así lo explicó Tedros Adhanom, director general de la OMS. Además, ha sido reconocido por la propia organización como clave para el abordaje de los grandes retos sanitarios mundiales.

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Este movimiento de la OMS es muy importante. No sólo porque justificaría la necesidad de contar con una alta dirección enfermera dentro del equipo del ministro de sanidad. También porque implícitamente reconoce que las políticas y estrategias sanitarias dirigidas a la atención de la salud de la población. Así como a alcanzar la cobertura sanitaria universal y los objetivos de la agenda 2030. Estos necesariamente deben contar con la perspectiva de los Cuidados.

El gran reto que deben afrontar tanto el sistema sanitario como la sociedad es el de la sostenibilidad

Ante los retos a los que se enfrenta el sistema sanitario de sostenibilidad y cronicidad, ¿qué puede aportar la enfermería?
La cronicidad y el envejecimiento de la población han supuesto una gran oportunidad para el desarrollo de nuevos roles enfermeros. A raíz de la publicación en 2008 de la estrategia mundial de prevención y control de las enfermedades no trasmisibles, por parte de la OMS; y de las distintas estrategias que cada país fue elaborando, han aumentado exponencialmente los trabajos publicados en los que se analiza el impacto de nuevas prácticas enfermeras en el contexto de la continuidad asistencial.

Así como del entrenamiento en autocuidado; en manejo de régimen terapéutico y seguimiento; y gestión de pacientes con enfermedades crónicas, con resultados en salud y económicos favorables a nivel nacional e internacional.

Sin embargo, el gran reto prioritario al que debe hacer frente tanto el sistema sanitario como la sociedad en su conjunto, es el de la sostenibilidad. Es decir, garantizar que nuestro desarrollo actual no pone en peligro la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. En un contexto donde los recursos son finitos, las enfermedades crónicas son un grave obstáculo para conseguir los objetivos la agenda 2030. Pero no el único.

Es fundamental avanzar hacia un sistema sanitario cimentado sobre la promoción de la salud en cualquier ámbito

Estrategia-mundial-de-OMS-Plan-de-AcciónEl exceso de contaminación y el cambio climático; la escasez de recursos naturales; las desigualdades por género; la inequidad en el acceso a los servicios básicos como la educación y la sanidad, suponen grandes retos a los que el sistema sanitario también debe hacer frente. Todo ello con una perspectiva tanto local como mundial. Y para ello, es fundamental avanzar hacia un sistema sanitario cimentado sobre la promoción de la salud en cualquier ámbito; tal y como establece el modelo de determinantes sociales de salud publicado por la OMS en 2008.

Los factores recogidos en el modelo de los determinantes sociales de la salud y sus interrelaciones no distan demasiado de los elementos identificados por algunos modelos teóricos del Cuidado. Sin ir más lejos, una de las enfermeras con mayor desarrollo científico, Dorothea Orem, ya enumeró diez factores básicos condicionantes del autocuidado. Y de la capacidad de las personas para llevarlo a cabo. Entre ellos, se encuentran el ambiente, los factores sociales y culturales, los recursos financieros o el propio sistema sanitario.

Así, en este punto se abre un importante abanico de oportunidades para las enfermeras. Estas han sido identificadas por Tedros Adhanom como elementos clave para alcanzar la cobertura sanitaria universal y los objetivos de desarrollo sostenible.

Estos son: el impulso de la promoción de la salud en centros sanitarios, de trabajo y educativos; colaborar con otros sectores de la comunidad para conseguir entornos con mejores calidades de aire; actividades de alfabetización en salud y empoderamiento de los ciudadanos; potenciación de cambios en los patrones de consumo; incluso la reivindicación de medidas para disminuir las desigualdades de acceso a los servicios básicos; o la mejora de las condiciones de los puestos de trabajo o vivienda son ejemplos donde las enfermeras pueden empezar a asumir nuevas responsabilidades.

A mayor número de pacientes atendidos por una misma enfermera, menor calidad en la atención prestada a sus pacientes

¿Hacen falta más enfermeras en España?
Según nuestros representantes, actualmente existe un déficit de enfermeras en España, situándonos en uno de los mayores ratios de Europa. Por tanto, a partir de cierta cifra, a mayor número de pacientes atendidos por una misma enfermera, menor calidad en la atención prestada a sus pacientes. Esta relación ya ha sido cuantificada. De hecho, existen estudios que relacionan un aumento en el ratio de pacientes atendidos con un aumento de la mortalidad, de los incidentes de seguridad y de los eventos adversos.

enfermerasDe mantenerse esta situación, el sistema actual no podría hacer frente a las demandas sanitarias que el propio envejecimiento de la población y el aumento de las patologías crónicas y de la discapacidad conllevaría. A ello habría que sumar la necesidad de inversión en recursos humanos que requiere la transición del modelo sanitario hacia un sistema más proactivo en el abordaje de los determinantes sociales de la salud.

Sin embargo, es igualmente importante que se lleve a cabo una reflexión sobre el diseño de las plantillas asistenciales. El indicador “ratio enfermera/paciente” utilizado como único indicador a la hora de dimensionar los equipos asistenciales no parece ser la fórmula más adecuada. Ya que no maneja las particularidades que pueden existir entre unos individuos y otros.

Una de las actuaciones prioritarias para el cálculo real de enfermeras necesarias sería implementar modelos de estratificación

Por ello, una de las actuaciones prioritarias para el cálculo real del número de enfermeras necesarias en nuestro país sería desarrollar, validar e implementar modelos de estratificación. Así, se podría clasificar a los pacientes atendidos en función de sus necesidades de cuidados; y de manera indirecta, estimar el número de profesionales necesarias para atenderlas.

Por otro lado, es necesario que se incorporen a los procesos de evaluación de candidatos criterios de valoración de competencias que complementen a la clásica experiencia acumulada. Y que sean de consulta pública, transparentes y objetivables.

Esta situación es especialmente urgente en el caso de las enfermeras especialistas formadas vía EIR. La sociedad no puede permitirse seguir formando profesionales de alta cualificación dentro de su sistema sanitario y después no recibir el beneficio de su alta competencia porque no existan puestos de trabajo acordes a su nivel de especialización. Se trata de una de las medidas socialmente responsables que más urge afrontar.

Con mucha probabilidad, esta enfermera del siglo XXI habrá ido adquiriendo competencias añadidas a su formación pregrado

¿Cómo describiría a una enfermera del siglo XXI?
Es una profesional con competencias necesarias para ser la responsable última de los cuidados que requiere la población atendida. Con la capacidad de fundamentar con evidencia y pensamiento crítico sus acciones. Así como de conciliarlas con la perspectiva y experiencias previas del paciente y de ponerlas en valor dentro de un equipo asistencial compuesto por compañeros que provienen de diferentes profesiones.

Con mucha probabilidad, esta enfermera del siglo XXI habrá ido adquiriendo competencias añadidas a su formación pregrado. Estas le permiten especializarse en un campo concreto de la práctica asistencial o en otras áreas de conocimiento. Algunas  poco exploradas por ahora, pero que abren la posibilidad de desarrollar nuevos roles y figuras dentro de nuestro SNS. Ejemplo de estas áreas son la investigación; las competencias en RRSS; análisis de la información, de costes y de datos; la sostenibilidad, la gestión de la calidad o la responsabilidad social.

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